Las filas interminables en los surtidores que dan la vuelta al manzano y las facturas carísimas que tenemos que pagar en los talleres mecánicos por inyectores y bombas arruinadas son la realidad que vivimos todos los días. Esta es la herencia de casi veinte años de los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce, donde nuestra empresa más grande, YPFB, dejó de ser de los bolivianos para convertirse en el botín de unos cuantos políticos. Hoy, el pueblo es el que paga los platos rotos con una gasolina de pésima calidad que vuela en el tanque y un diésel que no aparece, castigando sobre todo a Santa Cruz, que es el motor que alimenta a Bolivia.
El desastre que vemos hoy en la empresa estatal no pasó por casualidad ni por mala suerte. Pasó porque usaron a YPFB como si fuera una agencia de empleos para sus seguidores y un negocio familiar. Ahí están las denuncias que todo el país conoce sobre el entorno más cercano de la anterior gestión, específicamente sobre el hijo de Luis Arce, Marcelo Arce, a quien se señala por estar metido en grandes negociados y moviendo influencias en el sector energético mientras el país se quedaba sin dólares. Mientras ellos negociaban, las oficinas de YPFB en Santa Cruz, Tarija, Cochabamba y La Paz se llenaban de gente que no sabe nada de petróleo pero que sabe mucho de política, personas que siguen ahí sentadas, cuidando sus puestos en lugar de cuidar que no falte combustible.
Pero lo más indignante es lo que se ve en las calles de nuestras ciudades. Hay una sospecha muy fuerte y una bronca ciudadana que crece cada día más, especialmente en regiones como Cochabamba, Tarija, Santa Cruz y La Paz, sobre el nacimiento de los «nuevos ricos» de la gestión pública. Se comenta en todos lados que estos exejecutivos y funcionarios jóvenes que entraron sin nada hoy son dueños de fortunas inexplicables. Se dice que han usado «palos blancos» o terceras personas para esconder su nombre y comprar de todo; desde cooperativas de crédito para mover su plata sin que nadie pregunte mucho, hasta periódicos de prensa escrita y estaciones de radio para que nadie hable mal de ellos y para controlar lo que la gente piensa. Estos señores quebraron YPFB, pero sus bolsillos están llenos.
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Por eso, la solución no puede ser más de lo mismo. Ya quedó demostrado que el Estado es un pésimo administrador. No podemos seguir confiando lo más importante que tenemos a burócratas que solo piensan en su partido. La única salida real es que YPFB deje de ser un monopolio y que se permita que empresas privadas que de verdad saben del negocio vengan a trabajar. Necesitamos que empresas privadas, con tecnología y transparencia, se encarguen de la administración, de traer el combustible y de asegurar que sea de buena calidad. Cuando hay competencia, el servicio mejora y los precios bajan. Si el Estado no puede garantizarnos gasolina de verdad, tiene que dar un paso al costado y dejar que los que saben lo hagan.
Señor Presidente Rodrigo Paz, usted tiene hoy una oportunidad histórica y el país le exige valentía. El modelo que inventaron en 2006 ya se murió, está quebrado y solo sirve para alimentar la corrupción. Las ruinas de ese modelo las pagamos nosotros cada vez que vamos al mecánico o cuando vemos que el agro cruceño se detiene porque no hay diésel para las máquinas. No se puede gobernar con miedo ni protegiendo a las roscas que siguen metidas en YPFB. Hay que abrir el mercado, dejar que los privados importen y vendan, y, sobre todo, hay que investigar a esos «nuevos ricos» con auditorías serias y con la UIF para recuperar lo que le robaron al pueblo. Bolivia ya no tiene tiempo ni plata para seguir aguantando a administradores incapaces. Es hora de limpiar la casa.
𝐏𝐨𝐫: 𝐀𝐥𝐞𝐣𝐚𝐧𝐝𝐫𝐨 𝐁𝐫𝐨𝐰𝐧 𝐈. (𝙰𝚋𝚘𝚐𝚊𝚍𝚘 𝚢 𝚎𝚡 𝚎𝚡𝚒𝚕𝚒𝚊𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚕𝐢𝚝𝚒𝚌𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝟷𝟸 𝚊𝐧𝚘𝚜)
