Exitoso estreno de Rodrigo Paz en política exterior


Walter Guevara Anaya

 



El presidente Rodrigo Paz ha dado amplias pruebas de capacidad y tino en el manejo de la política exterior. Lo acompaña su canciller Fernando Aramayo, con quien da muestras de sentirse bien asistido. Un rápido repaso permite comprobarlo.

Rodrigo se desenvolvió con soltura ante situaciones difíciles como las decisiones unilaterales del presidente José Antonio Kast respecto a la frontera con Bolivia, así como con las imposiciones del presidente Donald Trump.

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Extendió una mano abierta a Chile. Declaró que había que mirar al futuro sin ignorar el pasado. Lo dijo en un par de reuniones anteriores a la posesión del presidente Kast. Ofreció gestionar contactos para que el comercio chileno acceda a puertos del Atlántico.

Sin pensar que el presidente de Bolivia asistía a su posesión, el presidente Kast firmó una serie de decretos fortaleciendo y militarizando la frontera de Chile con Bolivia. Cumplió una promesa repetida a lo largo de su campaña electoral. No hizo nada que fuera ilegal o inesperado.

En Santiago los periodistas acosaron a Rodrigo sobre la fecha del restablecimiento de embajadores. Su pregunta fue punzante debido a los decretos fronterizos de Kast. La prensa local quería motivar una reacción airada del presidente de Bolivia contra esos decretos.

Rodrigo respondió imperturbable que las relaciones entre países son como lo que sucede con el amor. Se debe proceder paso a paso, sin forzar las cosas. Pueden haber malentendidos y peleas, sin que por eso se rompa una relación.

Esta declaración merece el apoyo de muchos bolivianos que tenemos parientes en ese país, como yo, que tengo media docena de primos hermanos chilenos. No por eso vamos a exigir la reposición inmediata de embajadores, sin obtener nada a cambio.

Esta metáfora de un entendimiento mutuo dejó callados a los periodistas locales. Desconcertó a los adeptos de la línea dura chilena. Paz evitó caer en la hostilidad habitual de los bolivianos que piensan que podemos forzar a Chile a tomar las decisiones que nos convienen.

 

Prefirió abrir las puertas para mejorar nuestras relaciones en temas prácticos, sin excluir por esa razón la discusión de temas delicados como nuestro acceso a un puerto útil, con o sin soberanía.

 

Un primer paso en esta dirección fue la reunión gestionada por el canciller Fernando Aramayo con el canciller de Chile Francisco Pérez Mackenna el 23 de abril en el paso fronterizo Chungará-Tambo Quemado, que continuó en La Paz y Santa Cruz, donde se trataron temas de interés mutuo.

 

Al unísono el presidente Kast anunció su intención de visitar Bolivia. Dado que nuestras economías son complementarias, es urgente y necesario establecer un marco de cooperación, que debe incluir mejoras sustanciales en nuestro acceso a puertos del Pacífico.

 

La visita del Sub Secretario de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos Christopher Landau a la posesión del presidente Rodrigo Paz fue una excelente señal que permitió encaminar un pronto intercambio de embajadores con ese país.

Sin mostrarse sumiso, Paz asistió a la reunión convocada por el presidente Trump para fundar el “Escudo de las Américas,” una organización compuesta de una membresía escogida por Trump.

Su objetivo explícito es combatir el crimen organizado en las Américas. Su objetivo implícito es establecer un dominio monopólico de los Estados Unidos sobre los gobiernos de América Latina.

Sin barullo ni obsecuencia, el presidente Paz aceptó el apoyo de Trump para combatir el crimen organizado. Se dio cuenta del peligro que representan las mafias que trafican drogas ilegales. Como buen tarijeño aprovechó la oportunidad para invitar inversiones norteamericanas.

Con motivo de esa visita, la esposa de Rodrigo Paz hizo declaraciones muy acertadas en un excelente inglés. El atuendo de María Elena Urquidi estuvo tan elegante como siempre. Departió de igual a igual con otras primeras damas, incluida Melania Trump.

En su reunión con el presidente del Brasil nuestro presidente dejó de lado la defensa de su posición de demócrata moderado ante un izquierdista militante como es Lula. Paz dijo que “la política de ideología no da de comer. Lo que da alimentos es producir y crecer.”

Dio a entender que las diferencias ideológicas y políticas de Trump con Lula no le dan de comer a Bolivia. Se centró en lograr una apertura comercial y estatal con el Brasil. Nada más importante en este contexto que revivir la exploración, explotación y comercialización del gas.

 

No solo intentó revivir el negocio del gas, que fue liquidado por el populismo irresponsable de Evo Morales y el MAS. Intentó revivir el proyecto del ferrocarril transoceánico, que hasta el momento evitó pasar por Bolivia debido a la inestabilidad política y los acostumbrados bloqueos de caminos.

 

Departió con importantes empresarios brasileños en busca de inversiones que puedan elevar la producción de granos y la ganadería en el oriente boliviano. Exploró la complementación de la agroindustria boliviana con la brasileña.

A los bolivianos nos conviene intensificar nuestras relaciones no solamente con el Brasil, sino también con la Unión Europea y el Asia, que son dos inmensos mercados que esperan nuestros productos de exportación.

Si la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán no se resuelve pronto tendremos que prepararnos para un alza cada vez mayor en el precio de la gasolina y el diesel, sin que tengamos los fondos para volver a la subvención.

Para mitigar ese posible desastre, China ofrece acceso barato a paneles solares, generadores de viento y vehículos eléctricos. Además puede ayudarnos a reponer a Bolivia en el proyecto del ferrocarril transoceánico, porque lo financia. No por ser obsecuentes con Trump vamos a evitar las ventajas de esta relación.

Los éxitos de Rodrigo y su canciller quedaron ligeramente atemperados por un par de acciones de menor peso respecto a lo que nos concierne.

La asistencia de un representante de la cancillería a un evento organizado por la embajada argentina en La Paz en homenaje a los caídos en la guerra de las islas que la Argentina considera suyas y que llama Malvinas fue una cortesía diplomática perfectamente normal.

Las declaraciones de este funcionario expresaron un apoyo total al reclamo argentino, tomando partido en una disputa que no nos concierne directamente. Excedieron su presencia en dicho acto.

De inmediato el embajador de Inglaterra publicó un video en el que expresó su indignación por lo que interpretó como una intromisión en un asunto interno del Reino Unido. Nuestra cancillería le respondió con un comunicado que ratificaba el apoyo de Bolivia al reclamo argentino.

El embajador dejó de lado los acostumbrados eufemismos británicos que reclaman con cara de palo, sin perturbarse en lo más mínimo. Dijo que defendería con su vida la posesión británica sobre el grupo de islas que Inglaterra llama Falkland. La cancillería le retrucó con una dura refutación.

Mi relación de parentesco con la Argentina no me impide lamentar que hayamos comprometido sin motivo nuestras buenas relaciones con el Reino Unido. El almirante Jorge Isaac Anaya, comandante de la marina argentina en la guerra de las Malvinas, era primo hermano de mi madre.

Esto muestra que, más allá de nuestras preferencias personales y de nuestras relaciones familiares, lo conveniente es mantener relaciones equilibradas con potencias que sostienen disputas unas con otras, sin tomar partido oficiosamente en sus ajetreos.

En un escenario de mucho mayor calado, al inicio de su mandato el canciller Aramayo repuso relaciones diplomáticas con Israel. No es una medida que de por sí sea criticable en absoluto.

En el delicado contexto actual se la podría interpretar como un rechazo a la solución de los dos estados, que es apoyada incluso por los Estados Unidos. Para equilibrar las cosas habría que apoyar la creación de un estado palestino. Tampoco nos toca tomar partido en la guerra de Irán.

La tarea de nuestra diplomacia consiste en maximizar nuestras ventajas y oportunidades sin generar animadversiones por parte de las potencias que hoy se disputan la hegemonía regional y mundial.