La actual dirección de la AISEM revela que el hospital carece de normas técnicas básicas, presenta errores de diseño que obligan a demoler muros para meter equipos y denuncia la inexistencia de un plan nacional que respalde legalmente las millonarias inversiones.
Fuente: Red Uno/Que no me pierda
Milen Saavedra
La Directora General Ejecutiva de la Agencia de Infraestructura en Salud y Equipamiento Médico (AISEM), Daniela Quiroga, junto al Director de Gestión Hospitalaria, Marcelo Ríos, revelaron en Que No Me Pierda una alarmante situación de presunta corrupción, negligencia técnica y falta de planificación que mantiene paralizada la construcción del Hospital de Tercer Nivel de Trinidad, un proyecto que debió entregarse hace un lustro.
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Un «Plan Fantasma» y 400 millones de Bolivianos en juego
Según la denuncia de Quiroga, el ambicioso «Plan de Hospitales para Bolivia», lanzado en 2015 con 47 proyectos (luego ampliados a 57), no cuenta con un documento de respaldo legal o técnico en los archivos de la AISEM ni en otras instancias estatales.
«Al hacer una revisión documental, vemos que este plan no existe… no está redactado. Se hicieron inversiones millonarias en poblaciones pequeñas sin un diagnóstico de necesidad», afirmó Quiroga.
El Hospital de Trinidad, cuyo contrato se firmó en 2016 con un presupuesto superior a los 400 millones de bolivianos, es el caso más crítico. Tras una rescisión de contrato en 2019 cuando apenas tenía un 16% de avance, y una nueva licitación en 2022, la obra volvió a paralizarse en enero de 2024 debido a irregularidades insostenibles. Actualmente, el Estado enfrenta una intención de rescisión por parte de la constructora y posibles procesos contenciosos.
Errores de diseño: Paredes que bloquean la salud
La inspección técnica reveló fallas estructurales que rayan en el absurdo y que imposibilitan el funcionamiento del nosocomio. Entre los hallazgos más graves destacan:
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El «Búnker» sellado: Se construyó la cápsula para el acelerador lineal (equipo de radioterapia) sin dejar el acceso para el equipo. Para instalarlo, ahora se deben demoler paredes y techos recién construidos.
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Pasillos y puertas restrictivas: Las dimensiones son tan angostas que impiden el flujo normal de camillas.
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Alturas insuficientes: Los techos no cumplen con las normas internacionales (como las de Perú o Chile), que exigen al menos 3 metros para hospitales de tercer nivel, debido a que Bolivia no contaba con una normativa nacional propia al momento del diseño.
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Faltas de seguridad básica: Otros proyectos dentro del mismo plan nacional incluso omitieron el diseño de muros perimetrales.
Crisis de especialistas: Equipos de millones «juntando polvo»
Marcelo Ríos enfatizó que el problema no es solo la infraestructura («inaugurar paredes»), sino la sostenibilidad. De los más de 50 proyectos del plan original, solo uno (Villa Tunari) funciona plenamente.
En otros centros como Montero o Chuquisaca, se han entregado equipos de 1.3 millones de dólares que no se utilizan porque el Estado no garantizó la formación de los especialistas. Por ejemplo, en Chuquisaca, de los 18 becarios internacionales necesarios para operar el hospital, solo se envió a uno. En Montero, la unidad de radioterapia está inactiva desde 2023 por la misma razón.
Acciones legales y futuro de las obras
La actual gestión de AISEM confirmó que se han iniciado procesos ante la Contraloría, el sistema judicial y la Procuraduría, especialmente ante el riesgo de arbitrajes internacionales que podrían generar deudas millonarias al país.
Además del daño contractual y las multas, el costo de funcionamiento de estos hospitales es «monstruoso», alcanzando en algunos casos los 3 millones de dólares mensuales en gastos corrientes y salarios. Pese al diagnóstico desolador, Quiroga aseguró que la prioridad es rescatar los proyectos y presentar una nueva propuesta al Ministerio de Salud para garantizar que las inversiones del Tesoro General de la Nación finalmente beneficien a los pacientes.
