Zvonko Matkovic: El socio más antiguo que vibró con las glorias de Blooming


Fue dirigente por una década en la Academia celeste y acompañó a Tito Paz en el subcampeonato de 1983 y 1985, además que dio la vuelta olímpica el año 1984.



Fuente: diez.bo

Por Roy Alex Muguertegui T.

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Cómo se hizo hincha de Blooming?

En primer lugar, quiero agradecer a EL DEBER, un medio al que siempre consideré muy querido en Santa Cruz. Aunque estuve vinculado durante años a otro periódico, reconozco su importancia. En cuanto a su pregunta, me hice hincha de Blooming por las amistades, especialmente con Tito Paz. En mi entorno social, como la fraternidad Haraganes, la mayoría era bluminista, y ese círculo influye mucho. Con el tiempo, ese sentimiento se trasladó a mi familia, que hoy en su gran mayoría también es hincha del club. En aquella época, Blooming estaba muy ligado al empresariado cruceño, mientras que otros equipos tenían otro tipo de base social.

 ¿Le tocó vivir los clásicos de antaño entre Blooming y Destroyers?

Sí, por supuesto. Asistía al estadio con frecuencia, incluso acompañado de mi esposa, que es hincha de Destroyers. En ese tiempo, ese era el clásico más importante. Había una rivalidad muy marcada entre ambos clubes, con dirigentes y grupos sociales claramente identificados con uno u otro equipo. Con el paso del tiempo, el protagonismo del clásico fue cambiando, especialmente con el crecimiento de Oriente Petrolero.

 ¿Qué recuerda de aquella época dorada de Blooming en los años 80?

Fue una etapa inolvidable. Vivimos momentos muy importantes, tanto a nivel nacional como internacional. Recuerdo viajes a Buenos Aires, Río de Janeiro, donde enfrentamos a Flamengo en el Maracaná, y otros destinos. Éramos un grupo reducido de dirigentes que acompañábamos siempre al equipo. Fue una época de gloria, con títulos y grandes actuaciones.

 ¿Cómo llegó a ser                     dirigente del club?

En esa época no existían los procesos formales de hoy. El presidente tenía un rol central y armaba su directorio. Tito Paz me invitó a formar parte. Era un modelo distinto: el presidente asumía la mayor carga económica, y el resto del directorio colaboraba según sus posibilidades. No había elecciones competitivas como ahora.

 ¿Cómo se manejaba el club en términos económicos y de contrataciones?

Era muy diferente al fútbol actual. No había grandes ingresos por torneos internacionales. La gestión de refuerzos recaía principalmente en los dirigentes, quienes se apoyaban en contactos en el exterior, especialmente en Argentina. Muchos jugadores que no eran titulares allá venían y destacaban aquí. Así llegaron figuras como Juan Carlos Sánchez o Raúl Horacio Baldessari, que marcaron una época en Blooming.

 ¿Cómo surgió la idea de adquirir la sede del club?

La idea nace a partir de la venta de un jugador a un equipo de Primera División de México, cuyo pase rondaba los 100 mil dólares, una suma considerable para la época. Con ese ingreso, Tito Paz planteó una visión distinta: en lugar de destinar el dinero únicamente a refuerzos, que podían perderse en el corto plazo, propuso invertir en el fortalecimiento institucional. Bajo ese criterio, se decidió adquirir una sede propia, con el objetivo de darle al club una base sólida y patrimonio. La compra se concretó por un monto cercano a los 100 mil dólares, quedando incluso un remanente de dinero. Con ese excedente, se apostó por generar valor para los socios: se inició la construcción de una piscina, se acondicionaron áreas verdes y parrillas, creando un espacio recreativo y atractivo para la gente. Esta estrategia permitió no solo consolidar la infraestructura, sino también impulsar la captación de socios mediante la venta de acciones, fortaleciendo así el crecimiento institucional a largo plazo.

Me llama la atención, usted fue el socio número 3, ¿cómo se dio eso?

El número 1, cuando todo esto comenzó, era Tito Paz, quien además era presidente, junto al doctor José Ernesto Zambrana. Hablamos del padre de quien hoy integra la dirigencia cívica. Todavía conservo el carnet de socio y el recibo de aquella época. Son recuerdos muy valiosos. Incluso, al revisarlos, encontré también mi primera licencia de conducir, esos libritos que se usaban antes. Siempre fui de guardar esas cosas, porque representan una etapa importante. Con la captación de socios comenzamos a vender acciones con el objetivo de sostener la sede, porque implicaba mantener la piscina, comprar cloro, pagar al personal de limpieza, cortar el pasto, construir y mantener las canchas. Fue un trabajo constante. Con el tiempo, mucha gente se fue sumando. La masa societaria creció considerablemente y el club también. Hoy, Blooming es una institución mucho más grande, con una base sólida de socios que reciben distintos servicios, lo que demuestra el crecimiento que se ha logrado con los años.

¿Qué opina del fútbol actual en comparación con su época?

Hoy el fútbol está completamente industrializado. Los ingresos han crecido significativamente, especialmente por participación internacional. Sin embargo, eso también ha generado desigualdades. Equipos con mayores recursos económicos tienen ventaja y pueden captar a los mejores jugadores. Antes era más equilibrado, aunque con menos dinero.

¿Cómo ve los clásicos de esta época?

Ojalá se pueda consolidar, porque es fundamental que tengamos equipos fuertes. Yo, por ejemplo, soy enemigo de que Oriente descienda. Oriente no puede descender nunca. Si baja, ¿con quién va a jugar Blooming? se perjudican todos. El clásico es el que realmente genera ingresos, es el que mueve la economía de los clubes. Los otros partidos apenas alcanzan para cubrir gastos como el arbitraje o la logística, pero la verdadera recaudación está en el clásico.

 En su época, ¿cómo influía el poder económico de los dirigentes en el nivel de los equipos y cómo ve esa realidad en la actualidad?

Antes había dirigentes muy fuertes, como ‘Choco’ Antelo, Mario Mercado en Bolívar y Rafael Mendoza en The Strongest, que armaban verdaderos equipazos. Eran grandes clásicos nacionales, con gente de mucho dinero que invertía en serio. Hoy también hay inversión, incluso mayor en algunos casos, especialmente en Bolívar, donde ha llegado gente con mucho respaldo económico. Sin embargo, el problema pasa por la dirección técnica: nuestro equipo está perdiendo cuando debería ser protagonista constante. Con el potencial que tienen, tendrían que estar llevándose cada año premios importantes, como los tres millones de dólares que genera la competencia internacional. Esos ingresos se los están repartiendo entre The Strongest, Always Ready y el Club Bolívar. Mientras tanto, nosotros este año apenas hemos logrado arañar una pequeña parte. Ojalá eso pueda cambiar.

 Además de su vínculo con el fútbol, usted también tuvo afinidad con el automovilismo. ¿Cómo nace esa relación y qué papel jugó desde su gestión en Cordecruz?

Santa Cruz es un territorio amplio y en pleno crecimiento, lo que muchos llaman el “milagro cruceño”, construido con el esfuerzo de su gente. En ese contexto, surge la idea de integrar mejor a las provincias. Conversando con Nando Robles, entonces presidente del Automóvil Club y además familiar mío, hablamos de esa necesidad de conexión, especialmente hacia el oriente del departamento.

¿Es ahí donde surge la idea de organizar una carrera hacia zonas alejadas como San Matías o Puerto Suárez?

Exactamente. Yo le planteo a Nando organizar una carrera hasta San Matías y Puerto Suárez. Él me responde que no había caminos, pero le dije que eso no era impedimento, que desde Cordecruz podíamos asumir el desafío. Quedamos en que si lograba habilitar las rutas en el plazo de un año, él organizaba la competencia.

¿Las empresas aceptaron esa propuesta?

Sí, porque tenían la capacidad para hacerlo. Contaban con maquinaria pesada, motoniveladoras, orugas y camiones, ya que estaban acostumbradas a abrir rutas para sus propias operaciones. Así comenzamos a trazar caminos donde antes no existían, como el tramo entre San Ignacio, Las Petas y San Matías; o más allá de Santa Rosa, rumbo a Puerto Suárez.

¿Existe relación entre la política y el fútbol?

No necesariamente. Son ámbitos distintos. El fútbol y la religión son espacios donde es muy difícil influir políticamente, porque la identidad del hincha es muy fuerte. Uno puede participar en ambos ámbitos, pero no están directamente ligados en términos de influencia electoral.

¿Qué significa hoy Blooming para usted?

Hoy lo vivo de otra manera. Ya no asisto al estadio como antes, pero me emociona ver a mis hijos y nietos vivir esa pasión. Ver a la hinchada, el ambiente, la identidad del club, es algo que sigue generando orgullo. Blooming tiene una de las hinchadas más fieles y organizadas.

Si pudiera volver en el tiempo, ¿qué haría por Blooming?

Apostaría aún más por la formación de jóvenes. Hoy el club ya lo está haciendo, con divisiones inferiores bien estructuradas. Ese es el camino: formar jugadores, proyectarlos y consolidar el futuro institucional.