Singapur es el segundo país del mundo en cuanto a uso de agentes de inteligencia artificial (IA), según un informe de la empresa Salesforce. La ciudad-Estado cuenta con una estrategia nacional para desarrollar la IA y prevé invertir 1.000 millones de dólares en investigación durante los próximos cinco años. El presupuesto de 2026 prevé acceso premium gratuito a IA generativa para los ciudadanos que asistan a talleres de capacitación. Esto incluye a los más pequeños: entre el deseo de no quedarse atrás y la necesidad de regular su uso, las escuelas de preescolar y primaria llevan varios años utilizando la IA.

Por Juliette Chaignon, corresponsal de RFI en Singapur
Singapur, con 6,11 millones de habitantes, es conocido por su primer puesto en la prueba PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) y por su atractivo para los profesionales de la IA. No es de extrañar, por tanto, que la ciudad-Estado introduzca la inteligencia artificial en su sistema educativo.
En el ámbito universitario, por ejemplo, la NTU, la Universidad Nacional de Nanyang, impondrá cursos de iniciación a la IA a todos sus estudiantes a partir del próximo inicio de clases en agosto de 2026. Esta tecnología también se está abriendo camino en las aulas para los más pequeños. Las aplicaciones educativas basadas en inteligencia artificial están viendo aumentar sus ventas, entre un 30 % y un 75 %, según las empresas.
“¿Cómo se ha obtenido esta ilustración?”, pregunta una maestra frente a su clase. “¡Gemini!”, responde un niño de 5 años, que ya conoce una herramienta de inteligencia artificial generativa. Junto con sus compañeros, la utilizan una vez a la semana para escribir e ilustrar un cuento.
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“El robot los expone a más información, vocabulario y estructuras sintácticas”
Entre los programas utilizados: un robot conversacional derivado de ChatGPT. La guardería lo ha configurado para adaptarse a la edad de los niños. La maestra, Jasmine, lo utiliza desde hace tres años: “El robot les propone nuevas palabras poco comunes. Así que, en comparación con los libros infantiles, el robot les expone a más información, vocabulario y formas sintácticas”.
En el salón de al lado, alumnos de 6 años tienen clase de chino. En su tableta, un juego les ayuda a repasar la lectura y la escritura durante 20 minutos. “Identifico los caracteres chinos. ¡Es divertido!”, comenta un alumno.
Aquí, la inteligencia artificial personaliza los ejercicios. Se enfoca en los puntos débiles de cada niño. La matrícula cuesta cerca de 1.400 euros al mes en esta guardería privada. Fue fundada por una empresa de software educativo cuyo director es Richard Yen: “Los maestros siguen siendo las personas más importantes para enseñar a los niños. Pero la IA puede ser un muy buen asistente para repasar. Esta generación ha nacido con la IA, realmente no se les puede impedir el acceso a las pantallas. Singapur es un país pequeño. No contamos con recursos naturales, por lo que la tecnología y la IA serán muy importantes para nuestro futuro”.
Uso regulado de la IA en las escuelas públicas
El Ministerio de Educación desarrolla sus propias herramientas educativas basadas en la IA. Pero, por el momento, su uso sigue siendo variable. Víctor, de 10 años, que asiste a una escuela pública, lo confirma: “En la escuela, nosotros no usamos la IA, pero mi maestra sí, para calificar nuestros exámenes”.
No es de extrañar: en Singapur, casi tres de cada cuatro profesores afirman utilizar la IA para preparar sus clases o realizar tareas administrativas. Para los alumnos, el Ministerio de Educación recomienda un uso supervisado a partir de los 9-10 años. Para Jessica, madre de dos escolares, es una buena medida: “Creo que la IA está llegando a nuestras vidas, así que más vale preparar a los niños para que la usen bien. Mi único temor sería que los niños ya no supieran hacer cosas sencillas, confiando en que la IA responderá por ellos. Los niños necesitan resolver problemas”.
Al respecto, el ministro de Educación, Desmond Lee, es muy claro: “Según él, los alumnos de Singapur también deben comprender cómo funciona la IA, sus riesgos, y mantenerse al mando de la herramienta, cultivando, en particular, su espíritu crítico”.