Entre el desgaste y la esperanza, Santa Cruz abre un nuevo ciclo en el Día de la Autonomía


Por: Teresa Gutiérrez Vargas

Hoy, 4 de mayo, Santa Cruz conmemora el Día de la Autonomía Cruceña, recordando aquel histórico referéndum de 2008 en el que el pueblo cruceño votó mayoritariamente a favor de su Estatuto Autonómico. En este día tan simbólico asumen Juan Pablo Velasco como gobernador del departamento y Carlos Manuel “Mamen” Saavedra como alcalde de Santa Cruz de la Sierra.



Tras la gestión de Jhonny Fernández —marcada por desorden urbano, retrasos, problemas crónicos en la atención de servicios básicos y fuertes cuestionamientos por falta de transparencia— y la desazón de una gestión departamental del gobernador saliente, quien empezó la gestión en plena pandemia del COVID 19 con ilusión, pero terminó desgastado por egos, divisiones internas, y resultados insuficientes que han frenado el avance que los cruceños merecemos. Este es un día en el que Santa Cruz despertó con nuevas añoranzas a la espera que su realidad cambie

Mamen Saavedra llega con un respaldo electoral contundente (más del 71%), con experiencia legislativa y fiscalizadora como concejal en una gestión de Percy Fernández y saliente la de Jhony Fernandez. Juan Pablo Velasco, un joven empresario del sector tecnológico, excandidato a la vicepresidencia nacional, quien proyecta una visión innovadora y promete integración provincial y modernidad con el ambiciosos proyecto del tren metropolitano. Ambos representan, en el papel, la renovación y la población los acompaña en su posesión como autoridades electas, con esperanza. Pero la pregunta que persiste es si podrán recuperar el espíritu autonómico que, para muchos, se ha diluido en más de dos décadas

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Los cruceños hemos sido testigos de que esta gestión que termina deja una crisis interna y económica en la gestión institucional tanto municipal como departamental: una ciudad y un departamento que crecen sin suficiente planificación, confrontaciones internas que debilitaron la institucionalidad cruceña y una relación con el Gobierno central que ha oscilado entre la confrontación estéril y la sumisión disfrazada. Nos hemos cansado de ver cómo el peor enemigo de un cruceño sigue siendo, demasiadas veces, otro cruceño.

En este último tiempo vemos que el ciudadano (especialmente el joven) no solo vota, también evalúa, compara y exige. Ya no alcanza con prometer cambio; hay que demostrarlo en decisiones concretas, muchas veces incómodas. Gobernar bien no siempre es popular, pero es indispensable

Ahora surge con fuerza el desafío del 50/50: una distribución más justa de los recursos, en contraposición a las primeras propuestas de Pacto Fiscal que terminó solo en promesa y discurso y no en transferencia real competencias con recursos económico. Este será uno de los primeros y más duros tests para las nuevas autoridades. ¿Tendrán la firmeza y la capacidad de negociación para avanzar en una verdadera descentralización, o se conformarán con acuerdos tibios que sigan dejando a Santa Cruz postergada recibiendo migajas en plena crisis?

La esperanza está presente, pero es vigilante y exigente. No basta con cambiar nombres. Santa Cruz necesita romper con las prácticas que desgastaron a sus predecesores: la improvisación, la falta de rendición de cuentas y la tendencia a priorizar lo mediático sobre lo estructural.

Santa Cruz no necesita discursos renovados, sino prácticas distintas. No necesita más protagonismo político, sino mejores resultados públicos. Y, sobre todo, necesita autoridades que entiendan que el poder no se legitima solo en las urnas, sino en cada decisión que impacta la vida cotidiana de su gente.

En este le decimos con respeto, pero con claridad a Mamén y a JP: el pueblo cruceño les da una nueva oportunidad, pero el ojo al charque. No solo administren la autonomía, ejérzanla de verdad. Santa Cruz no necesita más líderes inflados y temporales; necesita decisiones valientes que pongan los intereses de esta tierra por encima de todo.

Que esta nueva etapa sea de avance real hacia la recuperación y proyección del progreso merecido y no solo de cambio de caras.