“Mi Bolivia lechera”: la apuesta estatal para salvar un alimento básico en medio de tensiones del mercado


El programa estatal será financiado con aportes a bebidas alcohólicas importadas y pretende subir el consumo per cápita de 69 a 100 litros por habitante.

El nuevo programa estatal busca incentivar el consumo de leche y llegar, en una década, a los 100 litros per cápita.

Fuente: El Deber

Bolivia quiere que sus habitantes tomen más leche, pero hoy producirla cuesta cada vez más y comprarla tampoco resulta tan sencillo como antes.



En ese escenario, marcado por reclamos de los lecheros, reajustes en el precio del litro crudo y aumentos graduales en varios derivados, el Gobierno decidió poner en marcha un nuevo salvavidas para el sector: el Fondo “Mi Bolivia Lechera”, una iniciativa con la que pretende sostener durante diez años a toda la cadena productiva y, al mismo tiempo, elevar el consumo nacional de uno de los alimentos básicos de la canasta familiar.

La apuesta oficial llega cuando el sector no atraviesa precisamente su mejor momento. Los productores aseguran que los costos de alimentación del ganado, medicamentos, combustible y transporte se dispararon en los últimos meses, mientras que las industrias advierten una mayor presión para procesar y distribuir con márgenes cada vez más estrechos. El resultado ha sido una cadena tensionada, donde cada actor busca trasladar el peso del encarecimiento sin perder rentabilidad.

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En medio de esa pulseada, Pro-Bolivia presentó el proyecto de ley “Mi Bolivia Lechera”, que busca intervenir en todos los niveles del negocio: mejorar la nutrición bovina, introducir seguros para pequeños y medianos productores, invertir en centros de acopio, reforzar la cadena de frío y brindar asistencia técnica para elevar el rendimiento del ganado.

Un consumo bajo que revela más que un hábito alimenticio

La urgencia no es menor. Pues según Jorge Mauricio Hurtado, director Ejecutivo de Pro-Bolivia, la leche es el alimento base de la nutrición humana y «Bolivia enfrenta el desafío de revertir su bajo consumo per cápita».

El país registra actualmente un consumo per cápita de apenas 69,27 litros de leche al año, el más bajo de Sudamérica, lejos de los niveles sugeridos por organismos internacionales de salud y nutrición. La meta oficial es llegar al menos a 100 litros por habitante en la próxima década.

Detrás de ese dato hay una señal clara: la leche todavía no logra consolidarse como un alimento de consumo diario en todos los hogares. Y no se trata únicamente de cultura nutricional. También pesa el factor económico. Cuando el bolsillo se ajusta, muchos hogares reducen la compra de productos considerados relativamente sustituibles, y la leche suele ser uno de ellos, especialmente en familias con varios integrantes.

Por eso, elevar el consumo pasa necesariamente por una condición previa: que el producto siga siendo accesible.

El problema empieza en las cabañas

Ahí es donde el nuevo fondo intenta atacar. Los lecheros vienen advirtiendo desde hace meses que el costo de producir cada litro subió por el encarecimiento del maíz, la torta de soya, suplementos minerales y forraje, además de los problemas logísticos vinculados al combustible.

Según dirigentes del sector, muchas pequeñas unidades productivas comenzaron a operar con rentabilidad mínima y algunas optaron por reducir su hato o dejar temporalmente la actividad.

La tensión se hizo visible cuando el Gobierno dejó sin efecto la norma que regulaba el precio de la leche cruda, abriendo paso a una negociación directa entre productores e industrias.

Ese movimiento terminó empujando el valor del litro en origen de niveles cercanos a Bs 4,50 hasta aproximadamente Bs 5,50 en varias cuencas productivas, aunque los productores sostienen que todavía no cubre totalmente sus costos.

La consecuencia era previsible: si el litro en las cabañas sube, tarde o temprano la presión llega a quesos, yogurt, mantequilla y leche procesada.

El consumidor, el eslabón más sensible

Aunque el Gobierno insiste en que el Fondo “Mi Bolivia Lechera” permitirá contener el precio y mejorar el acceso, la cadena sabe que el consumidor es hoy el punto más delicado del sistema.

Las familias bolivianas ya vienen absorbiendo aumentos en otros alimentos y servicios, por lo que cualquier reajuste sostenido en lácteos puede modificar hábitos de compra.

Es un círculo riesgoso: el productor necesita que le paguen más para sobrevivir, la industria necesita cubrir sus mayores costos,, pero el consumidor necesita seguir encontrando una leche barata. Si uno de esos tres elementos se rompe, la cadena pierde equilibrio. Y eso ya ocurrió antes.

La experiencia de Proleche y por qué no alcanzó

El Estado ya había intentado fortalecer el rubro mediante el Fondo Proleche, creado en 2011. Ese programa permitió mejorar infraestructura, apoyar a productores y elevar gradualmente el consumo desde poco más de 42 litros por persona hasta casi 70 litros actuales.

Sin embargo, el avance fue insuficiente para blindar al sector frente a shocks externos. Cada vez que suben los granos, el combustible o el transporte, la producción vuelve a resentirse. Y cada vez que eso ocurre, el precio final vuelve a quedar en discusión.

Por eso “Mi Bolivia Lechera” aparece como una segunda gran intervención estatal, pero con una tarea más difícil: no solo promover consumo, sino impedir que el negocio se vuelva inviable para quien produce y demasiado caro para quien compra.

Un fondo que nace con una misión de equilibrio

El financiamiento provendrá principalmente del Aporte por importación de bebidas alcohólicas, un mecanismo con el que el Ejecutivo busca captar recursos sin cargar directamente el costo sobre la leche.

La pregunta de fondo, sin embargo, no está en cómo se recauda, sino en si ese dinero será suficiente para corregir los problemas estructurales de competitividad.

Porque el desafío no pasa solo por repartir apoyo. Pasa por lograr que el litro salga más barato del establo, recorra mejor la logística y llegue al anaquel sin convertirse en un producto cada vez más pesado para el presupuesto familiar.

Ese será el verdadero examen de “Mi Bolivia Lechera”. El Gobierno quiere que Bolivia tome más leche. El mercado le recuerda que primero debe conseguir que producirla y pagarla no siga siendo una carga.