Actualmente, el consumo de leche en Bolivia se sitúa en 69 litros por persona al año, uno de los niveles más bajos de la región y lejos de los 130 litros recomendados por organismos internacionales.
El objetivo oficial es elevar ese indicador a 100 litros en el mediano plazo, mediante una intervención que abarca toda la cadena productiva, desde la producción primaria hasta la comercialización.
El plan contempla apoyo a la alimentación del ganado, mejoras en productividad, fortalecimiento de la cadena de frío y la creación de un seguro para productores frente a eventos climáticos adversos. También prevé incentivos para garantizar la colocación de la producción en el mercado interno.
Sin embargo, el lanzamiento se produce en un momento particularmente sensible. La eliminación de mecanismos de regulación de precios generó un incremento en el valor del producto final, con el litro de leche bordeando los Bs 9 en algunos mercados, según reportes recientes.
Este ajuste reactivó tensiones entre productores, industria y consumidores, en un sector que arrastra problemas estructurales desde hace años.
Datos del propio sector muestran una caída sostenida en la producción. La oferta interna se habría reducido cerca de un 28%, mientras decenas de unidades productivas dejaron de operar en los últimos años.
A esto se suma el incremento de costos de insumos clave como alimento para el ganado, transporte y logística, lo que ha erosionado la rentabilidad de los productores y limitado la capacidad de inversión en el sector.
En ese contexto, el programa estatal intenta equilibrar dos objetivos que históricamente han estado en tensión: mantener precios accesibles para el consumidor y garantizar la sostenibilidad de la producción.
El financiamiento del plan incluirá la creación de un fondo alimentado con aportes vinculados a la importación de bebidas alcohólicas, recursos que serán redistribuidos hacia el sector productivo para reducir costos y mejorar condiciones de producción.
El enfoque oficial plantea que el problema no es solo de precios, sino de estructura productiva. La baja productividad por animal, los déficits en infraestructura y la limitada escala de producción configuran un escenario en el que la oferta no logra responder de forma eficiente a la demanda.
Desde el sector productivo, sin embargo, persisten cuestionamientos sobre el alcance real de estas medidas. Los productores advierten que sin un ajuste estructural en la formación de precios y sin condiciones claras de mercado, los incentivos podrían resultar insuficientes para revertir la caída de la actividad.
El riesgo, según advierten analistas del sector, es que la menor producción termine incrementando la dependencia de importaciones.

