Sería el colmo que con el gobierno de Rodrigo Paz sucediera lo mismo que lo acaecido con el mandato de Jeanine Añez. Con mayor razón todavía, porque esta vez, el MAS, como partido, quedó borrado del mapa político boliviano. Salvo, claro, que nos hayamos equivocado y que, efectivamente, los votos de Paz vía “capitán” Lara, fueran masistas camuflados y que los seguidores de Evo Morales continúen mimetizados en la administración pública y en los sindicatos, como da toda la impresión.
Después del desbarajuste y del latrocinio que dejó el MAS, la defensa del gobierno de Rodrigo Paz, está fuera de toda discusión. Echar una ojeada hacia atrás, a las épocas de la dupla de Evo Morales y Arce, es suficiente para afirmar la convicción de que no podríamos regresar a los tiempos de la chabacanería y la inutilidad. Simplemente, como dicen los cruceños, no hay que mirar hacia atrás y, más bien, echar tierra a esos 20 años de abuso, robo y desencanto.
Una vez que ha concluido el largo período de elecciones, que durante casi un año ha tenido al país en vilo, inquieto, trabajando a medias, ha llegado la hora de ponerle el pecho a la situación y tratar de empujar el pesado carro entre todos. A los que quieren permanecer provocando caos, hay que tomarlos de las patas y bajarlos al suelo para que se sumen al esfuerzo popular. Un carro pesado empujado por todos podrá hacer trizas cualquier bloqueo de quienes siempre quieren imponer su capricho. El bloqueo de carreteras y caminos es la forma más cobarde de hacer oposición, porque paraliza el comercio, provoca alza en los precios, incrementa el hambre, perjudica a gente inocente, y no hay sanciones ejemplares para los responsables porque, generalmente, no existe una cabeza visible.
Es inaceptable y hasta grotesco, que, a cinco meses de administración, los masistas camuflados estén exigiendo la renuncia del presidente, realizando marchas y cerrando rutas. Son los mismos sujetos, malencarados y sucios, aquellos que se chantan un casco minero como credencial, quienes creen seguir con el poder. Bloquean, difaman, amenazan, acusan, y alientan a la revuelta, cuando saben perfectamente que sus exigencias son imposibles de cumplir. ¿Qué es lo que pretenden? ¿Debilitar a Paz Pereira para después hacerlo renunciar y jugar con la atroz posibilidad de que se produzca una sucesión constitucional y que se encumbre en el mando a un orate que sirva para sus fines?
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Es muy complicado saber qué sucederá en Bolivia luego de las elecciones para las gobernaciones y municipios, pero existe una inusitada actividad de tinte anarquista que tiene a gran parte de la nación paralizada. Se trata de ácratas porque están permanentemente enfrentados al Estado, rechazan a cualquier gobierno, no muestran jefes visibles (suponemos que evo Morales es uno), piden cambios inmediatos en el país, exigen desmesurados incrementos de salarios, todo lo quieren sin respetar las leyes vigentes y para ellos la propiedad privada es producto del robo; no conciben la riqueza como recompensa del trabajo.
Santa Cruz, con sus flamantes autoridades, si obtiene el respaldo firme del gobierno, estará en condiciones de retomar la ruta del progreso. Si no se sabotea la producción cruceña, ya sea desde los ministerios o desde los caminos y los avasallamientos, si se prescinde de los funcionarios masistas y se pone en su lugar a los bloqueadores, la nación volverá a recuperarse porque tendrá garantizada la alimentación y su libre comercio.
