Tantalizar se define como la acción de provocar o atormentar a alguien mostrándole algo muy deseable, pero manteniéndolo fuera de su alcance, lo cual naturalmente genera frustración sobre quién sufre dicha provocación. Este término deriva del rey Tántalo de la mitología griega, quién es castigado en el Hades a permanecer sumergido en agua bajo un árbol frutal, sin poder beber ni comer nada, ya que el agua y la fruta se alejaban cada vez que intentaba alcanzarlos.
Año tras año, este castigo pareciera recaer sobre las espaldas de las y los bolivianos, toda vez que la demanda por incremento salarial es una petición ya acostumbrada por distintos sectores sociales, argumentando que es más una suerte de “nivelación” o “ajuste” para mantener el poder adquisitivo de los bolsillos castigados de la población en su conjunto por la inflación.
Es así que para este año el pliego petitorio de la Central Obrera Boliviana demanda un incremento salarial del 20% tanto al haber básico, como al salario mínimo nacional; arguyendo básicamente que la canasta familiar sufrió alzas, pudiendo corroborarse este argumento con el dato de inflación correspondiente a 2025, que se situó en torno al 20,4%. Pero al margen de la institucionalización o costumbre de aprobar incrementos salariales mediante decreto supremo cada Primero de Mayo, cabe preguntarse ¿si es correcto incrementar los salarios en función de la inflación?
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Al respecto, es importante separar dos fenómenos económicos que no deben mezclarse o confundirse. Primero, por un lado, el alza de precios o inflación, es un fenómeno monetario, por lo cual su generación y responsabilidad es de quiénes se encargan de realizar política monetaria, que en el caso boliviano se debe incluir también a los hacedores de política fiscal, ya que la falta de autonomía de la autoridad monetaria nacional, se encuentra aún supeditada al órgano ejecutivo y sus decisiones, identificándose, por un lado, una crisis institucional.
Por ejemplo, la tasa de inflación interanual observada entre marzo de 2025 y marzo de 2026 del 15,05% se debe a decisiones de política monetaria asumidas por lo menos desde 2024, ya que los efectos de la política monetaria no son inmediatos, y lo que se observe en mayo de 2027 con relación a los precios, será el resultado de lo que se haga o se deje de hacer hoy; por lo cual es conveniente dejar de discutir ideas relacionadas a la inflación por costos, argumentando que un incremento salarial generará mayor inflación per se, siendo que únicamente generará un shock temporal.
Ahora bien, con lo anteriormente mencionado, no se busca dar lugar rienda suelta a la imaginación y demandar incrementos salariales surrealistas, sino que es importante que la remuneración al trabajo se base en factores como: 1) capital humano, relacionado a la educación, capacitación, habilidades, experiencia y actitudes, 2) productividad marginal, es decir lo que un trabajador pueda producir en valor igual o mayor a lo que él cuesta, 3) salarios de eficiencia ofrecidos por las empresas para atraer y retener talento, incentivar el esfuerzo y mejorar la lealtad y 4) factores institucionales y de mercado, relacionados a la normativa laboral, en nuestro caso contraproducente y obsoleto, oferta y demanda de mano de obra dentro de un determinado sector, así como región.
No obstante, a lo largo de los años se institucionalizó una suerte de círculo vicioso, moralmente cuestionable, toda vez que no se incentiva a las personas que adquieran nuevas competencias y actualicen sus conocimientos, o incrementen su productividad y puedan tener un mayor poder de negociación ante sus empleadores para mejorar sus salarios, sino que se promovió que, al margen del desempeño laboral, el trabajador obtenga una mejora salarial por el alza de precios, lo cual desobedece leyes económicas fundamentales.
Es así que bajo el enfoque económico nacional predominante, el incremento salarial y el salario mínimo nacional, se encuentran indexados a la inflación, señalando una reposición del poder adquisitivo; sin embargo, la remuneración por el trabajo no es explicada por el alza de precios, lo que genera distorsiones grotescas en el mercado laboral, al no considerar las expectativas de los inversionistas, el riesgo de los distintos sectores, así como el desempeño de las diferentes industrias.
En este sentido, es necesario que las demandas de los diferentes sectores sean replanteadas y no se enfoquen en incrementar nominalmente los salarios, sino en la exigencia por la implementación de políticas fiscales y monetarias responsables, que impidan el crecimiento de la oferta monetaria sin respaldo, lo cual origina la inflación; sin embargo, las exigencias actuales hacen precisamente lo contrario, toda vez que aumentar las remuneraciones incrementan el gasto público, debiendo añadirse además factores agravantes como el déficit fiscal persistente, ajustes marginales del gasto público, gradualismo en la asunción de políticas determinantes, por lo cual como bolivianos tantalizamos nuestro anhelo por hallar un salario justo que al menos nos permita vivir con dignidad.
