Concejos Municipales: La fragmentación y dispersión marcan la nueva etapa


La conformación dispersa de los concejos municipales abre un desafío a la gobernabilidad en las alcaldías.

Por Mauricio Diaz Saravia

Concejales de Innovación Humana ausentes en la sesión. FOTO: Concejo Municipal de La Paz

Concejales de Innovación Humana ausentes en la sesión. FOTO: Concejo Municipal de La Paz



Fuente: La Razón

La nueva configuración de los concejos municipales en las ciudades capitales del país dejó una señal política clara: las antiguas estructuras partidarias perdieron capacidad de ordenar el voto urbano y dieron paso a un escenario fragmentado y disperso.

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Analistas coinciden en que el resultado de las elecciones subnacionales expresa un momento de transición política marcado por el debilitamiento de las viejas hegemonías y la emergencia de liderazgos locales sin estructuras partidarias sólidas.

Para la analista política Susana Bejarano, la fragmentación observada en las capitales del país revela “el agotamiento de las viejas hegemonías políticas urbanas”.

Concejos municipales

“Tanto el MAS (Movimiento Al Socialismo) como las oposiciones tradicionales han perdido capacidad de ordenar el voto de manera estable en las ciudades capital”, afirmó en entrevista con La Razón.

En esa misma línea, el analista Carlos Saavedra sostuvo que el fenómeno responde al cierre de un ciclo político nacional que antes lograba estructurar el escenario electoral tanto en lo nacional como en lo local.

“Es un derrumbe de una hegemonía nacional. La hegemonía lo que hacía era ordenar de alguna manera el escenario político”, explicó.

Ambos especialistas consideran que el nuevo mapa político urbano muestra una ciudadanía cada vez menos identificada con partidos tradicionales y más inclinada hacia candidaturas locales o figuras individuales.

Fragmentación

“Lo que emerge ahora es un mapa mucho más disperso, donde pesan más los liderazgos locales, las agrupaciones ciudadanas y las candidaturas construidas alrededor de figuras antes que de proyectos ideológicos sólidos”, señaló Bejarano.

A eso, Saavedra agregó que el país atraviesa además una etapa de “sistema sin partidos”, donde las agrupaciones ciudadanas terminan “desordenando mucho el escenario”.

La transformación del comportamiento electoral urbano es otro de los factores que explican la nueva correlación política. Según Bejarano, el electorado de las ciudades ya no responde a fidelidades partidarias rígidas y actúa con mayor pragmatismo.

“El voto es cada vez más pragmático, menos partidario y mucho más castigador”, afirmó.

Negociación

La consecuencia inmediata de este nuevo escenario es la conformación de concejos municipales sin mayorías consolidadas, donde los alcaldes deberán negociar permanentemente para garantizar gobernabilidad.

“La gobernabilidad será compleja y en algunos municipios extremadamente frágil”, advirtió Bejarano.

La analista explicó que, sin una mayoría propia, las autoridades municipales dependerán de pactos constantes para aprobar presupuestos, créditos, contratos y proyectos urbanos.

“Muchos alcaldes podrían verse obligados a negociar cuotas de poder, cargos o espacios administrativos para garantizar gobernabilidad”, sostuvo.

Saavedra coincidió en que la fragmentación representa un desafío político adicional para los ejecutivos municipales.

Relación

En su criterio, esas condiciones dependen de la relación que logre construirse entre el alcalde y el concejo municipal.

“Esas condiciones políticas pasan fundamentalmente por tener un ente legislativo y fiscalizador que pueda trabajar de la mano contigo y no en contraposición”, señaló.

Sin embargo, ambos analistas advirtieron sobre el riesgo de que los concejos municipales se conviertan en escenarios permanentes de confrontación política antes que en espacios deliberativos.

“A veces también se confunde la fiscalización con intentar trabajar desde el primer día para destruir al oponente político”, sostuvo Saavedra.

Bejarano alertó que la lógica de fiscalización puede degenerar en “chantaje político o parálisis deliberada” cuando no existen acuerdos programáticos sólidos entre las fuerzas representadas.

Democracia

“La fragmentación no garantiza más democracia”, afirmó.

Aunque reconoció que la ausencia de mayorías automáticas podría fortalecer el control institucional, considera que el riesgo inmediato apunta más hacia bloqueos y crisis políticas.

La situación adquiere mayor relevancia en un contexto económico complejo para las alcaldías y gobernaciones del país.

De hecho, el 4 de mayo, los alcaldes y gobernadores electos en las elecciones subnacionales fueron posesionados en sus cargos advirtieron que asumen sus funciones con instituciones “quebradas”.

Al respecto, Saavedra recordó que prácticamente todas las nuevas autoridades subnacionales reconocieron problemas financieros, reducción de ingresos y altos niveles de endeudamiento.

Fiscalización

“No ha habido uno solo que haya dicho que las finanzas del gobierno departamental o municipal están bien”, señaló.

En ese marco, un concejo municipal altamente confrontacional podría ralentizar la gestión pública y dificultar la ejecución de políticas urbanas.

Por su parte, Bejarano agregó que los proyectos estratégicos podrían quedar atrapados en negociaciones políticas coyunturales.

“Muchos proyectos urbanos estratégicos podrían quedar condicionados por acuerdos políticos inmediatos”, advirtió.

Según explicó, la consecuencia podría ser una gestión municipal “más inestable, más lenta y menos estratégica” justo en un momento donde las ciudades enfrentan crisis urbanas crecientes relacionadas con transporte, agua, vivienda, residuos y seguridad.

Debilitamiento

Ambos especialistas también coincidieron en que las agrupaciones ciudadanas y fuerzas locales reflejan el debilitamiento profundo de los partidos tradicionales, especialmente en las ciudades capital.

“Los partidos tradicionales han perdido capacidad de representación territorial”, afirmó Bejarano.

Sin embargo, la analista consideró que las nuevas fuerzas aún no logran consolidarse institucionalmente debido a su dependencia de liderazgos individuales y estructuras débiles.

“Muchas de estas fuerzas dependen de una sola figura (liderazgo), carecen de estructura orgánica y tienen poca cohesión ideológica”, sostuvo.

Saavedra fue más allá y planteó que probablemente Bolivia no volverá al modelo partidario tradicional que predominó durante varias décadas.

Organización

“La forma de organización política del pasado, donde había cuadros, disciplina partidaria y horizontalidad democrática interna, no veo fácil que se vaya a replicar”, afirmó.

A su juicio, la transformación social, tecnológica y generacional modificó profundamente las formas de participación política.

“Estamos en una era donde se ha transformado mucho la participación política”, señaló.

Para ambos analistas, Bolivia atraviesa una etapa de transición política aún abierta, donde las viejas estructuras partidarias perdieron la fuerza que alcanzaron antes, pero las nuevas todavía no logran consolidar un modelo estable de representación.

Fuente: La Razón