Santa Cruz: La laguna Guapilo sucumbe ante el abandono y la inseguridad


El parque que era punto de encuentro familiar ahora está lleno de basura y matorrales. Los miradores tienen marcas del deterioro y el lugar ha sido tomado por malvivientes. Los vecinos piden un plan de recuperación de este espacio que tiene 50 hectáreas y está ubicado en la zona este de la ciudad

La laguna Guapilo sucumbe ante el abandono y la inseguridad

La laguna Guapilo. Foto: Ricardo Montero

Fuente: El Deber



Por Deisy Ortiz Duran

Sobre los taropes, entre la basura y el agua teñida de verde,  tres garzas intentan alzar vuelo. La escena, que debería ser postal de un refugio natural, muestra el deterioro de uno de los espacios más emblemáticos de la zona este de la ciudad.

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Los miradores, antes concurridos, se encuentran sucios, con las tablas desprendidas y las estructuras dañadas. Los senderos han sido devorados por los matorrales que dan hasta el pecho y son ocupados por personas en situación de calle.  Ya no se ven familias disfrutando de los paseos en lancha ni a pescadores lanzando sus redes para llevar algo de comida a sus familias.

La laguna Guapilo es parte del  parque urbano más grande de la ciudad. Cuenta con 50  hectáreas y ahora se encuentra abandonado, incluso tomado por malvivientes, denuncian los vecinos. Está ubicado en la zona este, entre  el noveno y décimo anillo.

En el centro de la laguna la isla espera por visitantes, pero  hacia los bordes los taropes se mezclan con los plásticos y otros desechos que fueron arrastrados o arrojados al agua.  Esta es una laguna de regulación, donde desembocan las aguas de lluvia que drenan desde los barrios, formando diversos hábitats que favorecen el desarrollo de la flora y fauna. Sin embargo, la falta de limpieza y el descuido han propiciado el  crecimiento sin control de plantas acuáticas, dando un color verduzco a la laguna y, en ocasiones, hasta mal olor.

Lo peor está en los alrededores de la laguna, advierte Gustavo Justiniano, vecino de la zona. En el sector donde se levanta el pórtico principal, el deterioro salta a la vista. La caseta de vigilancia ha sido convertida en dormitorio y en sanitario, y desprende un olor nauseabundo. El techo tiene grandes huecos y las puertas han sido arrancadas.

En las churrasqueras solo quedan las bases de ladrillo, porque las parrillas fueron robadas. Los baños están cubiertos de grafitis, y por las noches el lugar se convierte en punto de reunión de malhechores.  A plena luz del día, se observa a personas durmiendo en los baños, bancos y en el piso.

Los vecinos aseguran haber reclamado a las autoridades y, si bien se han hecho operativos estos no son suficientes porque se necesita la intervención municipal para recuperar el lugar.

En el otro extremo del paseo el monte creció tanto que cerró completamente el paso de vehículos y la gente camina  por senderos, entre matorrales.

De las luminarias solo quedan los postes. Los letreros que invitan a visitar el lugar apenas se distinguen entre la maleza.

En el suelo se acumulan botellas vacías de bebidas alcohólicas y hasta preservativos.
Los árboles requieren poda.

“Es una pena este parque. Está abandonado, por lo menos que vengan a limpiarlo”, reclama un joven que camina junto a un adulto mayor, al notar la presencia de EL DEBER.

En todo el perímetro, las barandas protectoras del parque están desprendidas y en varios sectores solo quedan los soportes.  “Antes era bonito, la gente venía a pasear en familia. Ahora hay peleas entre los viciosos que paran en el lugar y entre pandillas que llegan los fines de semana. La Policía realiza operativos, pero nada frena la inseguridad”, dice una vecina que tiene su venta en el sector y que se vio obligada a colocar una reja para protegerse. Ella se pregunta dónde quedó el proyecto de mejoramiento prometido por el exalcalde Jhonny Fernández, que incluía la construcción de un puente colgante y diversión en tirolesa.

Roberto Moreno, que pasaba por el lugar en bicicleta, recuerda que antes lo visitaba con frecuencia con su familia. “Había gendarmes resguardando el parque y mucha gente venía a pasear en lancha”, dice.

Algunas personas que descansaban bajo los árboles señalaron que los paseos en lancha solo se realizan los domingos y ahora poca gente visita el lugar, por las malas condiciones en que se encuentra.

Un área municipal

Según documentos oficiales, el Parque Urbano Guapilo es un área verde creada por resolución municipal en septiembre del 2011 sobre una extensión de 50 hectáreas. La laguna cubre una superficie de 36 hectáreas, siendo el principal afluente del arroyo Guapilo. Su profundidad varía entre los 0,6 y 1,8 metros, desde el borde hacia el centro.

La ingeniera ambiental Sandra Quiroga señala que, al ser un área de protección municipal,  este espacio debería contar con guardaparques encargados del control y mantenimiento permanente, además de la limpieza.

Sin embargo, al igual que otras áreas protegidas del municipio, está abandonada y sin mantenimiento. Quiroga considera que lo más preocupante son las conexiones cruzadas: muchas viviendas de los alrededores descargan sus aguas residuales en los canales que desembocan en la laguna. Recuerda que en anteriores trabajos de limpieza se identificaron residuos sólidos, como plásticos (bolsas y envases), llantas, escombros y desechos domésticos.

La  basura, sumada a la falta de control y vigilancia, genera contaminación y acumulación de residuos. “En anteriores dragados se encontró 1,5 metros de sedimento y basura”, señala la ambientalista.

El alcalde Carlos Manuel Saavedra anunció, al momento de asumir sus nuevas gestiones, que una de sus prioridades es un plan de recuperación de las áreas verdes de la ciudad.

El burgomaestre asegura que los espacios públicos están abandonados y llenos de maleza, por lo que comenzó con los trabajos de limpieza y poda en camellones y avenidas. Luego se continuará con los parques y la laguna Guapilo espera su momento.