Premio libertad de expresión: un escudo de dignidad y democracia


MSc. Hugo Salvatierra Rivero

Cada 10 de mayo, Bolivia se detiene para honrar la labor de quienes, con una pluma o un micrófono, sostienen el espejo frente a la realidad. Sin embargo, en el periodismo, las palabras no siempre bastan; es imperativo institucionalizar el reconocimiento a la ética y la valentía. Con esa premisa nació, en julio de 2014, el Premio Nacional Libertad de Expresión, otorgado por la Asociación de Periodistas de Santa Cruz (APSC).



Lo que comenzó como una propuesta personal que tuve el honor de presentar y ver aprobada por mi directorio en aquel entonces, hoy se ha consolidado como la máxima distinción de nuestra institución. Como ideólogo de este galardón, me genera una profunda satisfacción constatar cómo, bajo su denominación inicial, ha ganado notoriedad en la última década como un pilar para destacar la defensa de los valores democráticos.

Desde su edición inaugural en 2015, este galardón no ha sido un simple acto protocolar o un incentivo individual. Al contrario, representa un mecanismo de defensa para la democracia y el derecho a la información. En contextos donde el ejercicio periodístico se ve amenazado por presiones políticas, económicas o judiciales, un premio de esta naturaleza actúa como un escudo institucional. Al reconocer públicamente a un colega, la Asociación envía un mensaje claro: el profesional no está solo.

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La importancia de este premio radica en pilares fundamentales. Primero, sirve para «marcar la línea» de lo que consideramos buen periodismo, ofreciendo modelos a seguir para las nuevas generaciones. Segundo, fomenta la fiscalización e incentiva la investigación de temas de interés público. Y finalmente, combate la censura: la visibilidad que otorga el premio hace que sea mucho más difícil silenciar voces críticas sin asumir un costo reputacional ante la sociedad.

A lo largo de estos años, la lista de galardonados refleja la integridad de nuestro oficio: desde el Dr. Guider Arancibia (2015) y Carlos Valverde (2016), pasando por Tuffí Aré (2019), Cecilia Bellido (2021), Maggy Talavera (2022), Roberto Méndez (2023), Germán Casassa (2024), Silvana Vincenti (2025), hasta llegar a la trayectoria de Luis Enrique Dorado en este 2026.

Este premio no es solo para el periodista, sino para la ciudadanía. Es un recordatorio anual de que el acceso a información libre y plural es un derecho constitucional que debe ser valorado por todos. Mientras existan instituciones y periodistas dispuestos a defender este derecho, la democracia tendrá siempre una oportunidad de prevalecer.

Al final del día, este galardón no le pertenece únicamente a los periodistas que lo reciben, sino a cada ciudadano que exige respuestas. Es un recordatorio de que la libertad de prensa no es un privilegio de los comunicadores, sino el oxígeno de la democracia. Defender este premio es defender nuestra propia capacidad de decidir nuestro futuro, porque un pueblo que deja de premiar la verdad, está condenado a vivir en la penumbra.