Esa parece ser una de las grandes contradicciones bolivianas. Organizaciones sindicales y sociales que no eligen a sus dirigencias bajo parámetros transparentes, competitivos o verdaderamente representativos terminan teniendo la capacidad de paralizar ciudades, bloquear carreteras, cercar instituciones, cometer actos de vandalismo y mantenerse en la impunidad, poniendo en vilo a toda la democracia.
¿Cómo se elige al máximo dirigente de la Central Obrera Boliviana? La COB no funciona bajo el principio de “un trabajador, un voto”. Su estructura responde a un modelo corporativo y sectorial heredado del sindicalismo revolucionario del siglo XX. El peso político de determinados sectores, especialmente el minero, resulta decisivo en la elección de las dirigencias nacionales.
Las decisiones se adoptan en congresos sindicales donde participan delegados definidos por federaciones y confederaciones afiliadas, muchas veces bajo negociaciones internas, pactos de poder y cuotas sectoriales, antes que mediante un ejercicio democrático abierto y universal entre todos los trabajadores del país.
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El resultado es que sectores que hoy representan una porción reducida del universo laboral boliviano conservan una influencia política desproporcionada. La estructura laboral en Bolivia está dominada por el trabajo por cuenta propia, mayoritariamente informal, que alcanza aproximadamente al 85% de la población.
La paradoja es brutal: organizaciones minoritarias, que no practican democracia directa, terminan teniendo la capacidad de poner en jaque a la democracia nacional. Instituciones con escasa legitimidad resultan cooptadas por intereses políticos y desvirtúan su verdadero rol histórico.
El contraste con el Perú resulta interesante. La principal organización sindical peruana, la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), también posee una estructura sindical histórica e ideológica, pero opera en un contexto muy distinto. El sindicalismo peruano perdió capacidad de control corporativo sobre el Estado y sobre la economía. Sus dirigencias son elegidas en congresos nacionales con representación federativa, pero el peso sindical dentro de la economía formal es mucho menor y no posee la capacidad estructural de paralizar permanentemente al país.
En el Perú, pese a una crisis política casi permanente, la economía mantiene niveles de funcionamiento estables. Los gobiernos caen, los presidentes son destituidos y el Congreso vive en confrontación constante, pero las organizaciones sindicales y sociales no tienen la capacidad de asfixiar sistemáticamente el aparato productivo nacional mediante bloqueos prolongados o cercos territoriales. La dirigencia sindical y social peruana ha comprendido que el bloqueo y el paro perjudican, no reivindican.
Esto permite plantear una hipótesis incómoda, pero necesaria: las democracias no solo se debilitan por culpa de malos gobiernos; también se deterioran cuando las organizaciones intermedias sindicales, sociales o corporativas conservan estructuras internas poco democráticas y mecanismos de presión que terminan imponiéndose sobre el interés general.
En Bolivia, el bloqueo dejó hace mucho tiempo de ser una herramienta excepcional de protesta. Se transformó en un método recurrente de coerción política. Y cuando la protesta se convierte en instrumento de chantaje, la democracia empieza a deteriorarse.
La conclusión es inevitable: para defender la democracia no basta con votar cada cinco años. También es necesario fortalecer y democratizar las instituciones y organizaciones que poseen representación social y capacidad de presión. Ninguna organización debería tener licencia para ocasionar daños irreparables a la economía, al abastecimiento, a la salud o a la convivencia nacional. La dirigencia sindical y social boliviana tiene que dejar de hacer política al amparo de las organizaciones, su rol fundamental luchar por mejoras para sus representados, no conspirar contra gobiernos electos democráticamente.
Porque una democracia sana no puede seguir secuestrada por estructuras que no practican aquello que dicen defender.
Jaime Navarro Tardío
Político y exdiputado nacional.
