Es hora de discutir la existencia como país


 

 

 



 

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Tras los últimos conflictos políticos sociales registrados en el país y muy en especial en el departamento de La Paz, surgen estas dos preguntas: ¿tenemos sentido existencial cómo país? o ¿Bolivia es viable cómo país? Interrogantes que flotan en el aire y que todos nosotros debemos respondernos de forma muy sincera en lo interno.

Desde de 2001 que vengo pregonando la consigna ¡Bolivia Posible! a través de espacios radiales y ahora mediante columnas de opinión. La cual tiene como espíritu central de idea de que a pesar de que somos diversos en lo social, racial, cultural y geográfico es posible tener la unidad de un país sólido. Dicha consigna también sirvió como inspiración para discursos y siglas políticas.

Lamento que mi consiga vaya cayendo en saco roto. Nadie piensa primero en Bolivia, la misma está en el último lugar de los intereses nacionales. En la parte occidental primero piensan en sus intereses sectoriales e incluso etno-raciales como lo aymara y que al parecer quieren retornar a la época del Tahuantinsuyo.

Al otro lado, que es lo oriental, también primero piensan en lo regional y federalismo antes que en la unidad propia del país. Todo da a entender que quisiéramos que este país se parta en cuatro y que definitivamente no lo amamos. De manera constante lo andamos asfixiando con los malditos bloqueos, los cuales nos está volviendo un país inviable e intransitable a nivel nacional e internacional.

Así un país no puede salir hacia el desarrollo. Ya es hora de sincerarnos y también preguntarnos: ¿queremos ser bolivianos o no? O de una vez todos nos vamos al carajo. ¡Basta Ya! de seguir viviendo en estas malas condiciones. Lo único que estamos haciendo es hundirnos más en la pobreza y subdesarrollo.

Con estos bloqueos, marchas y manifestaciones todo el mundo nos está viendo como una patria intratable con dosis de salvajismo en una parte de sus habitantes. ¿Qué inversionista extranjero se va a animar a invertir su dinero para instalar una empresa? Definitivamente nadie. Porque con ver tanto destrozo, asalto, robo, odio y delincuencia por parte de los mal llamados “movimientos sociales” del altiplano, lo único que hacen es ahuyentar las mismas y que inviertan en otro país vecino.

Y todavía tenemos el cinismo de considerarnos “demócratas” y “pacíficos”. Cuando en realidad no los somos. Los hechos nos hacen ver como todo lo contrario. Con estos actos vandálicos no solo estamos destruyendo al país, sino a la propia democracia. ¿O es qué realmente a estos movimientos delincuenciales de “izquierda” les gusta que se los trate a punta y palo como ocurrió en las épocas dictatoriales militares?

Desde la recuperación de la democracia en 1982, no aprendimos nada de vivir en esta forma de gobierno. Confundimos constantemente las libertades que nos otorga la misma, en libertinaje. Pensando que podemos hacer lo que nos da la gana en nuestro diario vivir. No respetamos el ordenamiento jurídico bajo el cual vivimos. Acatamos la ley cuando nos conviene y cuando no nos conviene, pregonamos a los cuatro vientos de que es “antipueblo”.

Con esta guerra interna que estamos viviendo los bolivianos y no solamente lo de ahora, sino desde hace mucho tiempo, da a entender que nuestra patria va hacia un callejón sin salida. El Estado no tiene presencia en varios lugares de nuestro territorio y poco a poco se configuraron las “republíquelas”, siendo un ejemplo claro de eso el Chapare en Cochabamba. La presencia militar y policial están totalmente opacadas. Donde ni suena ni truenan. Tenemos un gobierno nacional totalmente débil e improvisado que al parecer le está quedando grande la conducción del país. Tampoco hay presencia de un Defensor del Pueblo, quien brilla por su ausencia y solo se dedica a cobrar su jugoso sueldo.

Todo lo estamos resolviendo mediante la fuerza. Por medio de la “ley del más fuerte” como en la selva. Ya no cabe el diálogo para la resolución de nuestros problemas. El terrorismo y el narcotráfico se apoderaron del país. Los cuales están llevándonos al enfrentamiento entre “indios” y “no indios”; entre cambas, collas y chapacos y lo más grave entre propios bolivianos. Situación que nos puede llevar a una fatal guerra civil. ¡Ojalá esté equivocado!

Simplemente, nos queda decir ¡Dios te salve Bolivia!