Destruyendo Bolivia


 

 



Cuando la democracia, hace unos 6 meses, se impuso a las hordas gobernantes que pensaron que el país era de ellas y que lo tendrían para siempre, vino una especie de aire fresco, de renovación, de confianza que mostraba un futuro mejor y nos hacía pensar que, aunque la crisis sería dura, podíamos remontarla en el marco de una democracia sin necesidad de repartir el botín gubernamental-estatal.

Ahora llevamos como 3 semanas en las que hemos visto y vivido lo impensable: las hordas hacen lo que quieren, destruyen, bloquean, queman, roban, abusan de personas y bienes, y ni la policía se respeta. Vigencia del Estado de derecho para nada, aquí el Estado es de y para los grupos mayoritarios, cada vez más agresivos. Además, aparece un principal interesado en convocar elecciones en 90 días, pensando que esta vez las ganaría y volvería triunfante al poder, revestido de demócrata.

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La mayoría de nosotros esperaba las medidas de recuperación económica, que el Estado gastara menos, se redujera el déficit fiscal y se tomaran medidas de apoyo a los productores, grandes y microempresarios, con inversiones y la creación de empleos genuinos. Las exportaciones deberían recuperarse y generar los dólares que el país necesita, acompañadas de la inversión extranjera directa. Hoy estas visiones parecen más lejanas, más borrosas.

Según el Banco Mundial (Christopher Stephensen), en la próxima década, 1.200 millones de jóvenes alcanzarán la edad de trabajar en los países en desarrollo, pero las proyecciones indican que se creará menos de la mitad de esa cantidad de empleos. Para reducir ese déficit, se necesitan inversiones del sector privado que apoyen a las empresas y los empresarios, responsables de generar casi el 90% del total de puestos de trabajo. Ante todo, se requiere la confianza de los inversionistas. Colaborar con las reformas jurídicas y regulatorias para impulsar el crecimiento y el empleo.

Las estimaciones más recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que entre el 82% y el 84% de la población ocupada en Bolivia trabaja en condiciones informales. Eso significa que: aproximadamente 8 de cada 10 trabajadores bolivianos generan ingresos fuera del empleo formal. Esta población se constituye por: vendedores ambulantes, comerciantes gremiales, transportistas independientes, albañiles por cuenta propia, talleres familiares, pequeños productores, servicios informales, trabajo doméstico no registrado, y múltiples formas de autoempleo.

En estas 3 semanas de una supuesta protesta social, se han afectado miles de camiones con mercaderías perecibles, ya sea para comercio interno o externo, se han incumplido fechas de entrega, se han perdido barcos en los puertos y se han perdido negocios de exportación, marcando al país con una nube de riesgo. En las ciudades han faltado alimentos, oxígeno, medicinas y otros artículos esenciales para el día a día. En suma se han destruido trabajos.

 

Para finalizar, algunos aprendizajes útiles a futuro:

  1. La democracia y el Estado de derecho no son tan fuertes como se esperaba
  2. Los grupos de poder y apetitos personales están al acecho.
  3. La aplicación de la ley, puede entrar en suspensión, según el grado de conflicto o acuerdos entre hordas y gobierno.
  4. La policía ha sido rebasada y tiene más muertos en su haber.
  5. Pensar en un corredor de exportaciones requiere un nivel de análisis más alto; el actual no aguanta ni lluvias ni protestas.
  6. Los mecanismos de la Constitución para resolver este tipo de conflictos no son aplicables o son negociables.
  7. Ajuste el cinturón; esto puede repetirse en el futuro