
Hay una definición que he recordado y que me ha impulsado a escribir esta columna: «La estupidez puede ser más peligrosa que la maldad. Esto se debe a que mientras la maldad es activa y consciente, la estupidez es pasiva y autocomplaciente. Una persona malintencionada sabe que está haciendo algo malo, pero una persona estúpida cree estar del lado correcto, incluso cuando está destruyendo todo a su alrededor». Dietrich Bonhoeffer
Desde data muy antigua la estupidez fue estudiada. Para Aristóteles la estupidez equivale a lo equivocado. En el Renacimiento Erasmo de Rotterdam lo aborda como lo disparatado. Durante la Edad Moderna Hobbes psicológicamente identifica lo estúpido con lo inesperado. Kant lo aborda más lógicamente como lo absurdo. Shaftesbury lo ilumina políticamente como un correctivo contra el fanatismo. En el Romanticismo Hegel lo vuelve espiritualistamente como la manifestación del sentirse superior. Y en la filosofía del siglo XX Bergson lo describe como automatismo, equívoco y como una solución irracional.
En la actualidad el mundo material, científico-técnico ha crecido a pasos asombrosos, pero las personas están involucionando éticamente a un nivel más que alarmante. La estupidez está reinando como nunca antes visto en ninguna época de la historia humana. La cosificación y enajenación alcanzan cimas dramáticas en la civilización actual. Lo más asombroso es que todos, inclusive el inteligente, goza de lo estúpido, es un problema digno de ser asumido por la filosofía de la razón. Pareciera que el común de los humanos es mediocre y el desprecio por el talento y la inteligencia desde ciertos estratos alimentan a políticos amorales y deshonestos, originando que el hombre mediocre no siga a los capaces sino a los estúpidos. Más a menudo en el mundo se aspira a una ética sin religión que ha derivado en la utilización del prójimo, una sociedad global de la insolidaridad y el egoísmo, se ha malignizado el bien y se ha des malignizado el mal. El sentido del amor luce extraviado, el Estado se declara neutral ante la ética misma, y en este contexto la cultura luce carcomida y estrangulada.
Lo que sucede hoy en día es que misteriosamente, la estupidez, es algo tan firme o profundo que no se puede eliminar de la condición humana, y no se trata de una fobia hacia el ser humano. Es preocupante cuando las condiciones sociales favorecen la hegemonía social del estúpido y del mentecato sobre el hombre de genio y de talento.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
El presidente de Colombia Gustavo Petro afirmó el domingo que Bolivia vive una «insurrección popular» que, a su juicio, es una «respuesta a la soberbia geopolítica» frente las protestas y bloqueos de carreteras de sectores campesinos, la Central Obrera Boliviana y afines al exmandatario boliviano Evo Morales que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz. El presidente colombiano dijo que Bolivia necesita que «se abra un gran diálogo nacional» para solucionar los conflictos o podría haber «una masacre sobre la población boliviana que ningún ser humano en el mundo debe querer ni desear». Gustavo Petro ofreció ese día la disposición de su gobierno para contribuir a una salida pacífica de la crisis, pidió que «no haya presos políticos en ninguna parte de las Américas» y llamó a construir una «democracia profunda, multicolor» en la región. «Lo que sabemos que pasa en Bolivia, hasta este momento, es que hay un pueblo en las calles al que están matando y hay un Gobierno que está cuestionado por ese pueblo», aseguró Petro. En respuesta la Cancillería de Bolivia señaló este miércoles en un comunicado que el Gobierno «ha decidido solicitar a la Embajadora de la República de Colombia acreditada en el país la conclusión de sus funciones diplomáticas en territorio boliviano, otorgándole el plazo correspondiente conforme a las normas internacionales vigentes». La decisión del gobierno boliviano surge luego de que el presidente colombiano expresara su respaldo a las movilizaciones sociales y al expresidente Evo Morales en al menos siete publicaciones emitidas. En Bolivia no se vive una “insurrección popular”, como sostuvo Petro, sino una ofensiva contra el orden democrático, una conspiración vinculada al crimen organizado contra la democracia y el orden constitucional”
Este camino hacia la estupidez universal embrutece, pero no duele, el presidente Petro parece estar perdido y no lo sabe, no mide las consecuencias y tiene embrutecida el alma. Es de aquellos ídolos sociales que es famoso por nada o por caprichos del azar, pero vacío de contenido y arbitrariamente se sostiene únicamente por sus actos y sólo en función de justificar su alta envestidura, aunque no la merezca. Se puede afirmar que todos somos estúpidos, es un hecho científico e histórico. No se conoce sujeto humano que no haya cometido alguna estupidez a lo largo de la vida. De hecho, calificamos a una persona como sabia o como lerda en función de la mayor o menor frecuencia con la que comete estupideces, pero en todos los casos cometiéndolas. El tamaño de las constantes estupideces de Petro a lo largo de su historia personal han quedado reseñadas como terribles, la de esta semana ha originado una crisis diplomática entre Bolivia y Colombia. El hombre inteligente y culto comete estupideces más complejas. Las del ignorante y menos capaz son más retorcidas y maliciosas y con frecuencia fruto de su falta de ubicación.
Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo