Basta ya Evo Morales de sembrar el odio, la controversia, el cúmulo de mentiras tras el eco malagüero del coro mediático que secunda sus amenazas y enerva a sus seguidores que sueñan con el retorno a la impunidad, tras el crimen, la corrupción, el abuso de autoridad. Estupor, fastidio, ira contenida de la mayoría de los bolivianos que anhelan días de paz, de concordia, de trabajo productivo, de sobresaltos.
Las hordas que han seguido al cocalero están integradas por narcotraficantes, por productores de coca-cocaína, por maleantes a sueldo de las mal llamadas “seis federaciones” que les proveen de un salario maléfico, por cada día de guardia, de alimentación, de alcohol de transporte y otras dádivas que puntualmente los mercenarios evistas ponen en sus manos.
Dicen bien los opositores a este trajín subversivo “basta ya, el pueblo está cabreado” intraducible en el léxico común, está cansado, sufrido, hastiado del evismo, fruto de la brutalidad y la ignorancia, de esa pasión aberrante por el poder.
Han pasado 30 días del asedio a La Paz, que finalmente ha reaccionado y levantado la mano expulsando a los subversivos que en medio de la borrachera y el coqueo, embadurnan la ciudad de podredumbre, de orines, de resto de comida.
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Es evidente que La Paz, ofrece la peor imagen de Bolivia que no es la real, la del hombre trabajador, pacífico y amante del progreso y desarrollo. Los bloqueadores llegan de barrios que no son los suyos, llegan para robar, incendiar, locupletarse de lo ajeno y esto tiene un castigo, se llama cárcel y una pena resarcimiento del daño ocasionado a víctimas sin fin, que aplaudirán la detención y expulsión del siniestro personaje que no logra entender que su conducta es suicida y totalmente contra corriente.
La hora de la verdad se acerca, está próxima, es la verdad!
