
Cuando una carretera boliviana se corta, el daño no termina en la ruta. Para el sector exportador, el perjuicio se extiende semanas y meses más allá del desbloqueo, siguiendo una cadena de consecuencias. Gary Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), describió con precisión los daños que están causando la ola de protestas en el país a la economía.
El primer eslabón es el acceso a los puertos. Si la carga no llega a tiempo a una terminal marítima —Bolivia exporta principalmente por puertos chilenos y peruanos—, la naviera cobra sobreestadías que Rodríguez cifra entre $us 20.000 y $us 25.000 por día. Ese sobrecosto recae sobre el exportador boliviano, que ya incurrió en todos los costos de producción y logística interna.
El segundo eslabón es el contrato. El comprador en el exterior tiene, a su vez, compromisos de entrega con terceros. Cuando el exportador boliviano falla, el importador traslada sus propias penalidades hacia atrás en la cadena. El resultado es una cascada de multas que nadie protagonizando bloqueos asumirá.
El tercer eslabón es el más difícil de cuantificar y el más difícil de recuperar: la confianza. «Ganar un mercado cuesta años. Perderlo puede ocurrir de la noche a la mañana», advirtió Rodríguez. Un comprador extranjero que recibe su pedido tarde, o no lo recibe, simplemente busca otro proveedor.
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En ese contexto, la Cámara Nacional de Exportadores reporta una caída de más de $us 700 millones en el período de protestas respecto al promedio de los últimos tres años. Un número que, según el IBCE, las empresas afectadas no recuperarán.