Desde el Comité Impulsor piden no sacar conclusiones antes de tiempo y recalcan que Carrizal es más que generación de energía eléctrica, pues también implica riego y puede significar la preservación del río

Fuente: El País.bo
El Proyecto Hidroeléctrico Carrizal ha generado preocupación entre los pueblos indígenas de la Región Autónoma del Chaco por el daño que podría causar al río Pilcomayo. Esa inquietud traspasó la frontera. En pasados días, el Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta (IPIS) emitió un pronunciamiento expresando su rechazo a esta obra, proyectada en la cuenca del río Camblaya, entre los departamentos de Tarija y Chuquisaca.
Desde el Comité Impulsor piden no sacar conclusiones antes de tiempo y recalcan que Carrizal es más de generación de energía eléctrica, pues también implica riego y puede significar la preservación del río y de la fauna piscícola.
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Indígenas justifican rechazo
Hasta ahora, lo que se sabe es que Carrizal contempla una inversión superior a los 1.300 millones de dólares para la construcción de una presa de 160 metros de altura sobre el río Camblaya, entre Tarija y Chuquisaca. La iniciativa apunta a generar alrededor de 360 megavatios de energía eléctrica y habilitar sistemas de riego para unas 90.000 hectáreas productivas del Chaco.
Para IPIS esos datos no son suficientes. A través de un pronunciamiento advierte que no ha recibido ni podido consultar la totalidad de los estudios técnicos, ambientales, productivos y sociales que sustentan el proyecto. “La falta de datos claros, detallados y verificables impide evaluar su verdadero alcance, riesgo y consecuencias, vulnerando el derecho de las comunidades a conocer cómo se verán afectados sus territorios, recursos naturales y formas de vida”, indica el documento.
Cabe recordar que el curso del agua del río Pilcomayo fluye por territorio de Bolivia, Argentina y Paraguay, siendo fundamental para el desarrollo económico, agrícola y pesquero de comunidades locales y pueblos originarios, como los guaraníes y weenhayekes en Bolivia o los wichís, en el chaco argentino.
Por eso los pueblos indígenas de Salta exigen que se ponga a disposición toda la documentación de Carrizal, “para garantizar que se pueda analizar la obra con total claridad”.
La inquietud de IPIS también pasa por el impacto que pueda tener Carrizal sobre el entorno y la cultura.
“La construcción de la infraestructura alterará el régimen natural del río, generando riesgos para el ecosistema y las comunidades que dependen de él. Se modificará la dinámica fluvial, poniendo en peligro las especies acuáticas y la actividad pesquera, que constituye una fuente fundamental de sustento y alimentación para muchas familias de las regiones afectadas”, advierte el pronunciamiento de esta organización.
Enrique Arello, ejecutivo de IPIS, hizo énfasis en que es necesario realizar la consulta previa, libre e informada, antes de ejecutar obras que afecten territorios, recursos y derechos colectivos.
Por ello es que rechaza el avance del proyecto, sin información completa y sin un estudio que evalúe las consecuencias a los pueblos y comunidades que viven en las riberas.
“El desarrollo de proyectos productivos debe realizarse bajo los principios de sostenibilidad, respeto y equidad, y no a costa de la degradación de los recursos ni de la vulneración de los derechos de las personas y comunidades”, finaliza el pronunciamiento.
En Villa Montes esperan un informe
La Organización de Capitanías del Pueblo Weenhayek de Tarija (Orcaweta), junto al Comité de Defensa del río Pilcomayo, se declaró en estado de emergencia por el proyecto hidroeléctrico y espera que la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) presente el estudio técnico de la obra.
Simmel Sánchez, miembro de Orcaweta, manifestó que existe preocupación por la falta de información clara y concluyente respecto a las consecuencias ambientales, sociales y económicas que tendría el proyecto sobre el río Pilcomayo y las poblaciones asentadas en la región.
Cuestionó que algunas autoridades ya hablen de gestionar financiamiento internacional para la ejecución del proyecto, cuando aún no existen conclusiones definitivas sobre los impactos ambientales.
“Primero debe existir transparencia y estudios técnicos serios. No se puede avanzar mientras las comunidades continúan con incertidumbre sobre las consecuencias que podría traer esta obra”, expresó Sánchez.
Por ahora está pendiente otra reunión en Villa Montes, en la que debería participar ENDE. Mientras no haya datos claros y estudios contundentes, las dudas y rechazo a Carrizal se mantienen intactos.
El Comité Impulsor espera a ENDE
Leopoldo López, miembro del Comité Impulsor de Carrizal, destacó la decisión del pueblo Weenhayek de escuchar la explicación que dará ENDE sobre el proyecto hidroeléctrico.
López recalcó que Carrizal es más que un proyecto hidroeléctrico, pues también contempla riego y la preservación del río Pilcomayo, que ayudará a proteger la fauna ictícola.
“Carrizal podría ser la obra más grande de Bolivia. La regulación significa que el agua no va a depender solo de la naturaleza, sino que tendrá un depósito gigante, el embalse, que permitirá un flujo regulado de agua durante todo el año”, explicó López a Apuntes Informativos.
Fuente: El País.bo