Papa León XIV en su visita a España


El derecho internacional y el multilateralismo como instrumentos de paz. Madrid en el Palacio Real (6-06-26)

 



El Papa León XIV en el primer día de su visita a España en el Palacio Real de Madrid, ante el Rey, autoridades y cuerpo diplomático, hizo referencia a la reconciliación, el peligro de las narrativas polarizantes y de los enfoques identitarios, las nuevas tecnologías, el multilateralismo, la paz y la tradición católica de España. y la tradición histórica de España.

En su nuevo viaje y mensaje histórico dejó a los españoles estas frases: “Vengo ante ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de la nación”.

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“Invito a todos por amor a la verdad, abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de nuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.

“Expreso mis agradecimientos a vuestro país, por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo por la paz y la solidaridad entre los pueblos”.

“Debemos apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan al mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia en sus espaldas”.

Señaló que “Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno social en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse”.

Apuntó que “Hoy la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir: la dignidad humana no deja de ser violada”.

“Su propia historia, sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”.

Subrayó que “El mensaje de paz, qué en estos tiempos, por desgracia resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad”.

Insistió que “Necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia”.

Al concluir su intervención enfatizó el Pontífice “Animo a cultivar en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y unidad, y a impulsar el proceso de Unión Europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para la familia humana”.

Celebración solemne del Corpus Christi, Plaza de Cibeles (7-06-26)

 

El Papa León XIV en la primera celebración eucarística del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles ante miles de fieles, ha recordado que en España “las solemnes procesiones de este día han

plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español”. Aclaró el Pontífice que se trata de “la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo en medio de nosotros”.

Señaló que “Cristo se entrega como alimento y en la procesión sale a nuestro encuentro: “Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo”. Cristo es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados.

“No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacer nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión”.

El Sumo Pontífice ha invitado al pueblo español “a cambiar la mirada” y recoger la presencia de Cristo” “que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”.

Encomendó para la España de hoy y de mañana: «que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de la fe que beber también hoy».

El Papa explicó que la religiosidad debe ser «una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante él Señor y despreciar al hermano».

Que sea «una escuela de la que aprendamos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y desafíos de la sociedad, a no huir, sino a comprometernos personalmente en la construcción del bien común». » Una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa la cadena de todo egoísmo».

El Papa León XIV también ha recordado en la homilía a San Manuel y San Juan de la Cruz para subrayar: «La Eucaristía no se vive solo en actos solemne, sino también en la fidelidad cotidiana y silenciosa. San Manuel representa adoración humilde y constante; San Juan de la Cruz, desde su encarcelamiento expresa que incluso en la noche y el sufrimiento se puede descubrir la presencia escondida de Dios.

Al final el Pontífice ha pedido a los españoles «beber de nuevo de esta fuente eucarística a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza” porque la gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos».

En el Congreso de los Diputados (8-06-26)

 

Durante su intervención en el hemiciclo parlamentario, admitió que la convivencia social puede verse amenazada por la cultura del descarte. Por ello, planteó «Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro puede tener nuestras sociedades?, ¿puede llamarse justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, si al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?».

Remarcó que «La Iglesia camina con la humanidad», «comparte sus esperanzas y sus heridas», «escucha las interrogantes de cada época y se deja interpelar» «por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y mujeres de hoy».

Precisó que cuando se dirige a la vida pública, «lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar».

León XIV señaló que toda tarea Legislativa termina encontrándose con una cuestión decisiva: «qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes».

Evocando a las páginas del Quijote, la hondura espiritual de Santa Teresa de Jesús y la inquietud metafísica de Miguel de Unamuno, el Papa afirmó que, «España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza social, económico o político». Lo ha reconocido -observó-, como una criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir».

El Pontífice reconoció que la sociedad y la misma Iglesia «no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana». Sin embargo, destacó qué «aquel interrogante abrió un horizonte intelectual y moral que desbordó su propio momento histórico».

Al recordar la reflexión de la Escuela de Salamanca de Fray Francisco de Vitoria, junto con otros Dominicos y Jesuitas contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral «capaz de recordar que las autoridades llevan siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes. A su juicio una de las grandes herencias de España consiste en «haber unido la historia con la lucidez de la razón moral».

En el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades admirables. Citando el Papa León XIV su Encíclica Magnífica Humanitas, recordó en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común». Insistió en que «Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana».

Afirmó que «La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional»: «es una meta de la civilización». Añadió toda vida humana debe ser reconocida y cuestionada desde su concepción hasta su ocaso natural en cada circunstancia de su existencia. Precisó que «cuando esta existencia se oscurece», los más vulnerables «son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona». El Pontífice señaló, la grandeza moral de una nación se manifiesta «en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad».

Destacó la importancia de la familia «realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva, que la continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida «se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones».

El «trágico drama migratorio» estuvo presente, porque «interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional». La situación de los migrantes y refugiados, subrayó, exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos. Tal y como explicó, de ahí nace una doble exigencia de justicia social: «ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración y promover, al mismo tiempo, el derecho a pertenecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida entre ellas: las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática». Pidió el Pontífice fortalecer la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas, especialmente en el marco de una cooperación regional y multilateral».

León XIV advirtió sobre la profunda crisis espiritual y cultural que atraviesa el mundo. Afirmó que «La Paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como verdadera exigencia

moral». En el ámbito internacional la paz exige “valentía diplomática, responsabilidad, ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo» así como «la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional».

El Pontífice alertó que el desarrollo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia militar en el ámbito militar «exige una vigilancia ética rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automáticos ni sustraídas a la autoridad moral de la persona humana».

Subrayó que la comunidad internacional, está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo como el camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso de la fuerza. Advirtió que «la pluralidad política no debería degenerar en la descalificación permanente del adversario».

En el tema de la libertad religiosa el Sumo Pontífice señaló que el respeto al otro hace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. «La libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas». También advirtió que «la legitima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso». La fe -reconoció-no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública.

En parte final de su mensaje León XIV afirmó que la ley no alcanza su verdadera grandeza en el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, «además de ser valida en su forma puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse».

El Papa invitó a los presentes en el hemiciclo del Congreso de Diputados a alzar la mirada para que las decisiones de las autoridades públicas «toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza a hacerse oír. Finalmente, expresó su deseo de que España «continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza».

Barcelona Homilía en la Catedral (9-06-26)

 

Su primer acto del Papa León XIV ha sido una Homilía en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia. Durante su discurso en Catalán y Castellano ha hecho un llamado a la unidad: «en un mundo desgarrado por guerras y divisiones en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser mártires, es decir, testigos y profetas de unidad».

En su visita en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Barcelona en el diálogo con fieles manifestó, la necesidad de «un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades» la salud mental y ha pedido que España «sea un espacio para todos» donde se defienda la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades».

Basílica de la Sagrada Familia. Homilía (10-06-26).

 

El Papa León XIV el miércoles 9 de junio tras la oración ante el Santísimo y la tumba de Antoni Gaudí, celebró la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona y bendijo la Torre de Jesucristo. Dijo que, «como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antonio Gaudí, concibió dos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo».

La Sagrada Familia es la Iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la Cruz que ilumina el camino en espera del Esposo».

El Pontífice señaló «Es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es como la Ciutat Comtal y toda Cataluña se reúne en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre Jesucristo».

Continuó mientras damos gracias por esta extraordinaria Basílica, que el Papa Benedicto XVI consagró en 2010, recordando que es signo visible del Dios invisible, por cuya gloria se alzan sus torres y en comunidad con la oración de mi predecesor, agregó, dentro de unos minutos bendeciré la torre más alta, la de Jesucristo.

El Pontífice afirmó que «Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda como la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo».

«Somos templo del Espíritu Santo, esta obra coincide con nuestra vida, que Dios concibe como una obra maestra que debemos realzar juntos y nos llama a colaborar con Él (cf. 1 Co 3,9)».

¿»Tú me vas a construir una casa para morada mía?», guardamos en nuestro corazón las palabras que el Señor dirigió al Rey David, precisó el Pontífice, cuando le dijo: ¿»Tú me vas a construir una casa para morada mía?» (2 Sam 7,5). Al contrario, «El Señor te anuncia que te va edificar una casa» (v. 11). Con esto, es Dios, quien nos da un lugar, y el lugar que nos regalaron es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños, el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores».

El Papa hizo un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno. Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor.

«Hecho hombre, Él se convierte para nosotros en el Emmanuel, fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva. Queridos hermanos no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».

En la Cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen. El Santo Padre dijo que la Cruz de Cristo corona esta Basílica. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan.

En la Cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen, como profesa la inscripción que se encuentra en la base de la aguja (…). Esta Cruz brilla de día, reflejando la Cruz del sol y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto, al Mediterráneo.

La luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque las tinieblas no la hayan acogido (con. Jn 1,5.11). Es necesario pasar por la Pasión del Crucificado para ser iluminado por la gloria del Resucitado: desde siempre, en efecto, el Padre enseña a dar la vida y el Hijo que la recibe de Él la da a todos con el poder del Espíritu Santo. He aquí por qué la Cruz es el signo luminoso de su amor. Cuando Cristo es elevado su magnífica humanidad resplandece y nuestras obras glorifican a Dios. Son las obras de la fe, y el arte destaca entre ellas.

El hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio. En nuestra oración descubrimos, por tanto, el vínculo originario de las cosas, con Dios, creador del cielo y la tierra.

El Papá León XIV dijo «Junto con Gaudí de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos la gracia esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz. En su sabiduría, la Iglesia renueva así la Biblia Pauperum de las antiguas catedrales, que son en sí mismas mensajes de evangelización de gran riqueza».

Finalmente, el Papa León XIV destacó la belleza de este templo que nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor del arte de vivir su Evangelio. Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo (cf. 1 Sam 2,8).

«Y demostremos así que la Sagrada Familia es la Iglesia más alta del mundo, no para destacar clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la Cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo».

El Papa León XIV al concluir la misa desde el atrio de la Basílica hizo la oración de bendición para inaugurar a la Torre de Jesús, que fue acompañada luego con un espectáculo con más de

120.000 personas en el corazón de Barcelona. La Cruz en lo alto de la aguja de 172,5 metros iluminaba la noche y una corriente de luz impregnó el alma de la Basílica de Antoni Gaudí, que parece ser bordado en la oscuridad del cielo. Una explosión de belleza en recuerdo del legado humano y espiritual del Maestro Catalán: «Primero el amor, después la técnica».

Las Palmas de Gran Canaria (11-06-26)

 

El Papa León XIV en su tercera etapa de viaje tras el esperado encuentro en el Puerto de Arguineguín con los migrantes y las realidades que lo acogen se trasladó hasta la Catedral para reunirse con los Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, seminaristas y trabajadores pastorales.

En su mensaje señaló, vengo a estas islas -como padre y hermano en la fe-: «con ustedes soy cristiano y para ustedes Obispo». Explicó que «cada uno de nosotros ha recibido diversos dones y misterios para la edificación del Cuerpo de Cristo». Así como edificar en el bien, armonizar nuestras diferencias y trabajar unidos en favor de todos», afirmó León XIV.

El Papa observó que «los canarios nativos por adopción, Pueblo de Dios que peregrina en tierras rodeadas por el Atlántico», tienen el privilegio de gozar cada día de la presencia majestuosa del mar. Hizo reflexión a esa imagen del mar que perdure grabado en la memoria del isleño y que estos añoran estar lejos, «tierra adentro» (…). Así como «un corazón sensible dispuesto a despedir con una lágrima a los que se van y a recibir con los brazos abiertos a los que llegan».

La primera actitud que orienta para navegar en las aguas de la vida y llegar al destino, a la patria celestial: «Abrazar la Cruz de Cristo». Recordó el Papa el ejemplo del venerable Antonio Vicente González, sacerdote Diocesano también conocido como «el buen pastor canario». «Su vida transfigurada por la gracia divina, nos estimula a cargar la Cruz de Cristo y en seguirlo, siendo testigos fieles del evangelio en este nuevo tiempo de la historia, no exento de las turbulencias y contradicciones, para llegar así a la meta prometida».

El Sumo Pontífice ha afirmado «cultivar una espiritualidad eucarística» y esto tiene relación con «la lluvia de los pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento que se realiza el día de la Ascensión en la Catedral de Gran Canaria o conocida mundialmente como Catedral de Santa Ana: Esta antigua tradición posee un significado profundo: en nuestro peregrinar, la meta es el encuentro con Cristo que es el centro de la vida cristiana.

El Pontífice subrayó que «cultivar una espiritualidad eucarística es ahondar en una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor». Reconoció que la forma concreta para manifestar esta espiritualidad de comunión «es la solidaridad cristiana», porque la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que Él se entrega.

Papá León XIV animó a los fieles allí reunidos a ofrecer «a todos, el amor que ustedes a su vez, han recibido del Señor», amor que, «se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles».

Al concluir, el Pontífice animó a la «querida Iglesia que peregrina en Canarias» a «seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando en este nuevo tiempo de la historia». Y si encuentran dificultades, «alcen la mirada y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que son como tres estrellas que brillan en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios».

El Papa León XIV remarcó a los presentes: «urge volver a tiempo y espacio al amor que se aprende en la familia, donde hacen las primeras experiencias de confianza, de don y de perdón que tejen el entramado de la vida social». Acuñó que «la familia es la medida del bienestar social».

Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Homilía (12-06-26).

 

En esta última celebración eucarística de su viaje apostólico a España el Papa León XIV hizo un llamamiento contra quiénes se lucran con el sufrimiento de los más vulnerables, denunciando las redes de tráfico de personas, explotación laboral y abusos contra migrantes y familias en situación de necesidad.

En el encuentro del Pontífice con migrantes y responsables de organizaciones de acogida pastoral en el Puerto de Las Lagunas, dirigió sus palabras a quienes se aprovechan de la desesperación, a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen sus documentos, explotan a los trabajadores, amenazan a las mujeres, engañan a las familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. En uno de los momentos más encendidos exhortó a los responsables de estas actividades ilícitas: “¡Deténganse!» «¡Conviértanse!».

En la Homilía el Sumo Pontífice admitió que, «solo comparando nuestras quejas y sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que existe a simplificar nuestra vida». El Señor que aprende y corrige a los que ama desea hacer semilla y alegre nuestra vida.

Hizo un llamado a prestar particular atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes, pues todos «necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos».

El Pontífice recomendó «¡Alzad la mirada!». Si dirigimos la mirada a Cristo Crucificado; su corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz duradera. «. ¡Levantemos nuestra mirada como lo hizo María, la madre de todos los que sufren, ¡y guiados por ella retomemos el camino de confianza!».

El Sumo Pontífice León XIV al finalizar la Homilía y concluir su viaje apostólico a España (6 a 12 junio 2026), manifestó desde Santa Cruz de Tenerife, su agradecimiento a todos aquellos que lo han acogido, que han preparado y participado en los distintos momentos en Madrid, Barcelona, Montserrat y las Islas Canarias.

El Papa León XIV advirtió que: «Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana». En Bolivia la tragedia es por rutas en bloqueo.

Fuente: Vatican News, El País, Canaria 7

Pedro Gareca Perales