La presidenta de la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz analizó el impacto económico de los 50 días de bloqueo y urgió a consolidar rutas alternativas al Pacífico, advirtiendo que la medida del gobierno central es temporal y no cambia el fondo del problema estructural.
Fuente: ALD de Santa Cruz.
La presidenta de la Asamblea Legislativa Departamental, María René Álvarez, se manifestó de manera contundente respecto al Estado de Excepción dictado por el gobierno central. Al respecto, señaló que Santa Cruz ha sufrido, de manera indirecta pero profunda, un castigo económico que se proyecta en el corto, mediano y largo plazo como consecuencia de los 50 días de bloqueo. El Estado de Excepción llegó tarde, sí, pero se configuró como una medida urgente para aliviar la presión sobre la economía y recuperar la libre circulación en las carreteras.
Sin embargo, esa liberación temporal no basta. Santa Cruz necesita con urgencia trazar y consolidar rutas alternativas al Pacífico que le permitan sortear los caprichos de quienes, una y otra vez, recurren al bloqueo como herramienta de presión. Para ello, resulta imprescindible que la región piense y actúe con criterios geopolíticos claros, alineados con los intereses del departamento y de todos aquellos que creen en el Estado de Derecho, la democracia representativa, el libre mercado y la propiedad privada.
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Los avasallamientos no son un fenómeno aislado; son primos hermanos de los bloqueos. Ambos forman parte de una misma estrategia geopolítica orientada a estrangular el proyecto cruceño, el cual no es solo económico, sino también identitario: conlleva un profundo sentido de pertenencia y una visión de región. Defenderlo debe ser una prioridad inquebrantable, cueste lo que cueste.
Antes y después del Estado de Excepción, la lógica destructiva, avasalladora y extorsiva mantiene las mismas connotaciones. No hay un antes ni un después que cambie el fondo del problema. Por ello, Santa Cruz está llamada a pensar y actuar geopolíticamente de forma inmediata y estructural, con base en sus principios y valores, que encuentran su máxima expresión en la autonomía, su verdadero ADN político.
De esta capacidad de respuesta dependerá su presente y su futuro, no de los vaivenes ni de las promesas de los gobiernos de turno.
