Pasos para un cambio planificado


Luego de 50 días de bloqueos criminales, el Gobierno y la COB –acorralada por su fracaso, firmaron un acuerdo, más simbólico que práctico, que levantó las medidas de presión; pocas horas después, el presidente Paz decretó el estado de excepción en todo el país, medida largamente demandada por la inmensa mayoría ciudadana que rechazó los bloqueos. Sin duda, ambas son noticias muy buenas, y ahora solo queda el Chapare como último reducto de incitación al bloqueo y de presión al orden democrático.

Sin embargo, me llamó la atención (y me causó preocupación) que, a tiempo de declarar el estado de excepción, el presidente Paz comunicó también que, producto de los diálogos con una larga lista de organizaciones, y bajo la consigna de Desarrollo, Empleo, Producción y Visión, se ejecutarán 8.900 proyectos en todo el país con un horizonte al 2030. En la misma línea, sobre la base de la agenda acordada en el Encuentro de Cochabamba, lanzó una invitación abierta para que se sumen al esfuerzo de discusión y planificación, todos quienes puedan aportar ideas nuevas.



Cierto, el momento y el estado de ánimo social actual, son particularmente auspiciosos para iniciar un profundo proceso de transformación de nuestra realidad que incorpore, de manera efectiva, a toda la ciudadanía en la construcción de la economía diversificada, inclusiva y competitiva, que nos haga parte activa del mundo en el Siglo XXI.

Pero hacerlo para satisfacer “deseos vestidos de necesidades”, o, incluso, respondiendo a demandas aisladas por muy válidas que puedan ser, es muy peligroso en un contexto de recursos muy limitados, y necesidades casi ilimitadas. Si se los ejecuta, desperdicia recursos que serán muy escasos en los próximos años; o, si no se los ejecuta por falta de recursos, lejos de recuperar la convivencia pacífica y democrática en el país, generaría nuevos problemas para este o el siguiente gobierno.

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Cambiar la mentalidad social, con la profundidad necesaria para establecer los pilares de “Desarrollo, Empleo, Producción y Visión” como el nuevo paradigma social compartido, no se logra sumando deseos. Requiere diseñar cuidadosamente una ruta crítica que nos conduzca desde el pozo en el que nos encontramos, hasta la meta de la sociedad productiva, inclusiva y sostenible, a la que aspiramos.

Para tal construcción, son necesarios e inescapables los 5 pasos secuenciales de un cambio planeado.

El paso que inicia la transformación, es la existencia de una profunda y mayoritariamente sentida “insatisfacción positiva” en la sociedad, capaz de superar los temores al cambio que mantienen el statu quo. Un claro ejemplo reciente, fue la aceptación al retiro de la subvención a los combustibles porque, la alternativa de mantener los precios subvencionados, significaba no tenerlos.

Los 50 días de bloqueos y abusos, han despertado conciencia sobre la desinstitucionalización a la que cayó el Estado boliviano, abriendo la posibilidad de mayor receptividad a una visión alternativa de desarrollo y al marco dentro el que se ubiquen las medidas correctivas, básicas y necesarias, para recuperar la institucionalidad. En buen romance, se podría inducir conciencia sobre la necesidad del cambio con la alternativa: entre llegar a 2040 (en 14 años) como el país más pobre de América Latina, o como el ejemplo de un modelo de desarrollo sostenible, con equidad e inclusión.

Asumiendo que se opta por el desarrollo, el segundo paso es que la sociedad tenga claridad sobre la visión de desarrollo que se busca construir, y de los objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo: las personas que se identifican con un proceso de desarrollo, comprenden que existen sacrificios y recompensas, si consideran que el camino es el correcto.

El tercer paso es diagnosticar los factores que, en la realidad actual, impiden lograr los objetivos que la sociedad se propone. Partiendo de que “un problema es un obstáculo que impide alcanzar un objetivo”, un diagnóstico solo puede ser útil si es correcto. Y solo puede ser correcto si se conoce el objetivo y los factores que hoy impiden alcanzarlo.

La realidad es que no tenemos “objetivos nacionales” específicos, medibles, alcanzables, realistas y enmarcados en el tiempo. Sin objetivos claros, es imposible identificar los factores o condiciones que nos impiden alcanzarlos. Lo que tenemos son consignas sobre déficit, inflación, tasas de interés, las coparticipaciones en los ingresos fiscales, etc. Son deseos o falsos debates sobre indicadores que son ciegos al camino que seguimos respecto al resto del mundo. Sería gran avance que el Gobierno definiera, con precisión, lo que contienen los conceptos de Desarrollo, Empleo, Producción y Visión.

El cuarto paso tiene, como base de referencia, el diagnóstico del paso precedente para identificar la sucesión de acciones a realizar a fin de cumplir las metas y lograr los objetivos. Por ejemplo, el tema de empleo, que el Gobierno propone como prioridad, es altamente dependiente de otros factores. En los análisis y estudios que realizamos sobre Pequeña y Mediana Industria (1993); Microempresa y Microcrédito (1998); los Determinantes de la Competitividad Sistémica (SBPC, 2002), el diseño de Cartas Orgánicas Municipales (2010-2014), los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2014), y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2019) demostramos que, la “creación de empleo de calidad” es altamente dependiente de casi todos los otros aspectos (entre el 75% y el 90%) considerados en los diagnósticos de la realidad. Implica que, para crear empleo productivo y sostenible, se requieren transformaciones profundas en la visión de desarrollo y en toda la institucionalidad, partiendo por salir del extractivismo, del rentismo, de la financiarización de la economía, y de la obsesión con los “equilibrios macro”.

Finalmente, el quinto paso es asegurar que se cuenta con los recursos necesarios para cumplir las metas (materiales, técnicos, humanos, financieros, etc.). Al respecto, toda vez que depender de las exportaciones de materias primas no garantiza continuidad y estabilidad de los flujos de dinero necesarios para cumplir las metas, y que el endeudamiento externo impone condiciones y costos a cargar a las generaciones futuras, un plan autónomo y sostenible de empleo, producción y visión, debería sustentarse en la generación propia de valor agregado, para lo que se requiere recuperar el mercado interno, reformar la estructura tributaria, flotar el tipo de cambio, reorientar el gasto público, rediseñar las competencias autonómicas sobre desarrollo productivo (LMAD, Art. 92, declarado inconstitucional por el TCP en 2012), garantizar pisos de utilidad empresarial vinculados a metas en productividad y en la distribución primaria del ingreso, etc., etc.

En síntesis, terminar con el criminal bloqueo, dio al Gobierno una gran oportunidad para tomar la iniciativa e iniciar las reformas estructurales que nos permitirían iniciar el tránsito hacia el desarrollo productivo. Pero no es tan simple como soplar y hacer botellas. Sumar compromisos de ejecución de proyectos sin una mínima reflexión sobre los pasos que requiere un cambio planeado, puede confirmar que “el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones”.

Ordenar ideas, acciones y reflexiones siguiendo los pasos descritos a corto plazo, sería imposible de realizar en asambleas. Reitero la sugerencia en una nota anterior (“El mes del quiebre”) para que se conforme un grupo de unos 20 profesionales ampliamente reconocidas/os en la sociedad, para que en pocos meses (entre 3 y seis) presenten al país una sólida propuesta técnica de una Agenda 2026-2030-2050 que sirva al Estado como la base de un proceso de reconstrucción institucional dinámico, guiado por el espíritu general de Desarrollo, Empleo, Producción y Visión.

Tener una ruta crítica razonablemente esbozada por profesionales, tendría mayores probabilidades de éxito que una “estampida de acciones muy bien intencionadas”.

 

 

 

 

Enrique Velazco Reckling, Ph.D., es investigador en desarrollo productivo en INASET