Una investigación revela el cambio de comportamiento de varias especies animales ante el inicio de las operaciones militares y el tránsito de las tropas.

El conflicto en Ucrania ha generado consecuencias directas sobre los ecosistemas de la región. Algunas de ellas han sido detalladas en un reciente estudio publicado en la revista científica Science. La investigación, que cuenta con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a través de la Estación Biológica de Doñana, ha logrado analizar el efecto de las operaciones militares sobre la biodiversidad antes, durante y después de los primeros movimientos de tropas.
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Para conseguir estos datos, el equipo científico se apoyó en una red de cámaras que había sido instalada en la zona de exclusión de Chernóbil en enero de 2021, cuyo objetivo inicial era hacer un seguimiento de la población del lince euroasiático. Un año después, entre febrero y abril de 2022, el área experimentó un intenso tránsito de vehículos, explosiones e incendios que alteraron por completo el entorno. Tras asegurar la zona con la ayuda de las autoridades locales, los investigadores lograron recuperar las grabaciones de 31 dispositivos para evaluar de forma objetiva la respuesta de once especies distintas ante esta alteración del hábitat.
Respuestas diferentes según la especie
La hipótesis de partida de los biólogos apuntaba a que los animales tratarían de evitar el contacto con las áreas más transitadas y adoptarían hábitos mucho más nocturnos. Sin embargo, los registros mostraron patrones de comportamiento diferentes según las necesidades de cada especie. Por ejemplo, el ciervo y el zorro redujeron su actividad durante la noche en los meses de mayor intensidad de las operaciones, mientras que los avistamientos de corzos disminuyeron drásticamente en esas mismas fechas. Por el contrario, la presencia de liebres en las imágenes aumentó cuando se registraron subidas de temperatura vinculadas a los incendios forestales del entorno.
Según los expertos, estas reacciones indican que la fauna pasó de percibir a los humanos como una simple molestia a verlos como una amenaza directa, similar a la de sus depredadores naturales. El uso de los espacios urbanizados también varió de forma notable. Mientras que los jabalíes y los perros mapache evitaron acercarse a los asentamientos, animales como el lince y el zorro aumentaron su presencia en estas áreas, posiblemente utilizándolas como una nueva vía para encontrar recursos y alimento.
Riesgos para un entorno en recuperación
Desde el accidente nuclear de 1986, la zona de exclusión se había consolidado como un importante espacio de restauración ecológica gracias a la escasa presencia humana. Esta prolongada tranquilidad había facilitado el crecimiento de las poblaciones de lobos, alces o ciervos, y propició el regreso de especies extintas localmente, como es el caso del oso pardo.
Ahora, los autores del estudio advierten de que las alteraciones de comportamiento observadas podrían ser solo una parte de las consecuencias ecológicas del conflicto. Una prolongación de la actividad armada en este territorio tiene el potencial de generar cambios mucho más profundos en la dinámica de las poblaciones a largo plazo y alterar la estructura de las comunidades animales.
Investigadores como Nuria Selva, coautora del trabajo por parte del CSIC, recalcan la necesidad urgente de mantener la financiación y el apoyo institucional para los científicos que estudian estas áreas de alto valor ambiental, reclamando estrategias específicas para monitorizar y proteger los ecosistemas afectados por la actual actividad bélica.

