Mbappé es la tormenta: Francia vence 3-0 a Irak


El duelo por el Grupo I del Mundial 2026 duró casi 4 horas por una suspensión climática. Mbappé brilló con doblete y Dembélé cerró la goleada tras el parón.

Fuente: Marca

Se abrieron los cielos superada la media hora de partido y jarreó sobre Filadelfia como si no hubiera un mañana. Era lo mínimo que merecía una jornada marcada por la alerta meteorológica y en la que desde el estadio, construido a unos cuantos kilómetros del centro, podía observarse la tempestad que rondaba la ciudad desde el mismo momento en que la pelota había echado a rodar. Pero América mide el peligro por el aparato eléctrico, que momentáneamente brillaba por su ausencia. Si no había rayos, a jugar.
Los primeros minutos bajo el diluvio coincidieron, casualidad o causalidad, con lo que pareció una colección de faltas para ambos lados, por más que el canadiense del silbato se hiciera el longuis en muchas de ellas. Así que, quizás para evitar males mayores, se improvisó una especie de armisticio, apenas roto por una ruleta de Mbappé, para llegar al descanso con la ventaja mínima que ya registraba el marcador desde que precisamente Kylian presentara credenciales un rato antes.

Intentó combinar el 10 galo en esa acción, pero, como quiera que Doski se interpuso en tal empeño, lo segundo que hizo, tras recibir el corto de Olise, fue armar la zurda de forma violenta para certificar su tercer gol del campeonato. Las malas noticias del arranque para Irak no cesaron ahí, porque la pausa de hidratación, como si madre naturaleza no fuera a hidratar bastante, coincidió con la lesión de Hussein, referencia ofensiva y autor de la diana árabe frente a Noruega. Al-Hamadi al verde y a otra cosa.



Siguió dominando Francia, lógico por otra parte, aunque tampoco puso especial empeño en hurgar en la herida. A la espera de que el partido madurara, a la espera también de que cayera la que terminó cayendo, el personal pudo entretenerse valorando las apariciones de Digne, Koné y Barcola en el once de la subcampeona o la posición escorada de Dembélé para que fuera Olise precisamente el encargado de enganchar con un Mbappé al que apuntaban los focos.

Y entonces sí. Entonces el entreacto coincidió con la tormenta, de manera que, vaciada la grada no fuera a ser, terminó durando más de dos horas lo que debía durar 15 minutos. El protocolo, ya se sabe. La reanudación pillo a Irak pensando en sus cosas, al menos al portero y a uno de los centrales, que se embolicaron en un saque de puerta, sí, en un saque de puerta, de manera que Dembélé no tuvo otra que asistir a Mbappé. Que volvía a pasar por allí para poner el segundo sello.

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Aún llegaría otro del propio Dembélé, con Olise a su servicio, antes de que Deschamps procediera a iniciar un carrusel que justo agotaba Arnold por el otro lado. Se agradecían las buenas intenciones de unos y otros, también las ocasiones, pero allí ya no había partido. Por increíble que sonara, iba a terminar el partido interminable. Casi cuatro horas había durado la función, a mayor gloria de Mbappé. Que fue un tormento en la tormenta. Para el rival, se entiende.