Recuperar la economía, la confianza y la esperanza


¡Cómo pasa el tiempo! Ha transcurrido medio año ya, y a la hora de hacer una evaluación de la economía del país, a la luz de la información disponible, podría decirse que las principales preocupaciones de la gente son el posible crecimiento modesto, nulo o negativo del Producto Interno Bruto y la inflación anualizada cercana al 10%. Esta situación no es nueva, ya que Bolivia venía de dos años consecutivos de contracción económica, tres años seguidos de déficit comercial y doce años de déficit fiscal, además de registrar la mayor inflación del siglo XXI, en 2025, del 20%. Ese fue el legado para el actual gobierno que asumió el 8 de noviembre del pasado año, a lo que los bloqueadores echaron más leña al fuego hace poco, en mayo y junio, con una actitud destructora y sediciosa, empujando a Bolivia a tres grandes pérdidas: económica, de confianza y de esperanza.

En efecto, la cuantiosa pérdida económica por más de 3.000 millones de dólares a partir de los bloqueos llevó al país a menores niveles de producción de bienes y servicios, comercio interno, a la baja de la recaudación tributaria y a la caída del ingreso de divisas, ocasionando en la gente un deterioro de su bienestar por el aumento del costo de vida, ya que “todo ha subido”, como se escucha decir.



La segunda afectación tiene que ver con el cambio de actitud de los agentes económicos -empresarios y consumidores- un fenómeno peligroso que tiene que ver con la pérdida de confianza: tan grave ha sido el impacto de los bloqueos, que al ver muchos un futuro incierto, gastan menos, invierten menos y posponen decisiones importantes, pudiendo ello ocasionar un mayor enfriamiento de la economía, ya que es sabido que todo funciona con base en las expectativas.

Finalmente, un tercer efecto negativo está en curso: la dramática reducción en la operación de cientos de miles de empresas y unidades productivas está impactando en decenas de miles de empleos con el inevitable golpe a los ingresos familiares, algo que está llevando a la gente a una dolorosa pérdida de la esperanza con la posibilidad de que esto derive en un pernicioso círculo vicioso.

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Si bien toda Bolivia perdió -en su economía, imagen externa y vidas humanas- el sector productivo, comercial y de servicios, de quien dependen los empleos, ingresos, tributos y divisas fue el más afectado en el primer semestre, en todos los ámbitos: agropecuario, agroindustrial, forestal, maderero, manufacturero, exportador, importador, turismo, comercio, transporte, servicios y otros.

Y si bien el gobierno a través del Ministro de Economía y Finanzas Públicas, frente a los lapidarios pronósticos del Banco Mundial y del FMI, ha reiterado su vaticinio de que en 2026 habrá un ligero crecimiento -Dios quiera que así sea o mucho más- lo cierto es que la inversión privada requiere, en ausencia de incentivos, mínimamente, de previsibilidad: Ningún inversionista tomará decisiones de largo plazo en un país donde puedan volver a faltar dólares o combustibles, y que a cualquier violento se le ocurra bloquear caminos y carreteras por semanas.

¿Qué escenarios se podrían esperar para el segundo semestre? Todo va a depender de las decisiones que tomen los Órganos del Estado.

Se podría prever un escenario favorable, siempre y cuando se acaben los conflictos sociales, se garantice el abastecimiento de combustibles, se restablezca la paz social y haya previsibilidad política, lo que podría dar lugar a un rebote económico con recuperación, estabilización, crecimiento y más empleos.

Pero, si continúan los bloqueos, si persiste la escasez de divisas y combustibles y se intensifica la polarización política, podría haber más inflación, un menor crecimiento, caída de la inversión, aumento de la pobreza e inestabilidad social. Como nadie quiere eso, hay que pensar cómo evitarlo, he aquí, tres sugerencias.

Para la recuperación económica: No más bloqueos ni avasallamientos; libre exportación; liquidez y financiamiento al sector productivo, comercial y de servicios; plan intensivo de inversión pública de alto impacto; incentivos tributarios y regulatorios para reanimar la oferta y el consumo interno.

Para la recuperación de la confianza en el país, el gobierno y las políticas públicas: Garantizar la seguridad jurídica y la correcta aplicación de la justicia; restablecer la institucionalidad democrática y el respeto al orden establecido; construir un gran Pacto Social Productivo (gobierno-empresarios-obreros).

Para la recuperación de la esperanza: Aplicar la Ley a quienes trajeron dolor a la familia boliviana; convocar a la unidad nacional; declarar la producción, el empleo y la exportación como prioridad estratégica del Estado; lanzar una cruzada de apoyo a la industria nacional (Hecho en Bolivia, Consuma lo nuestro, Compre Boliviano); promover la reconciliación, el mutuo respeto y el rechazo a la violencia y los bloqueos; y, forjar una nueva visión de un futuro virtuoso con la convicción de que otra Bolivia, con mejores días para todos los bolivianos, es posible…

 

 

Gary Antonio Rodríguez Álvarez 

Economista y Magíster en Comercio Internacional