Devolución de dólares: entre la esperanza y la desconfianza


​​El gobierno de Rodrigo Paz ha puesto en marcha el proceso de devolución de los ahorros en dólares que estuvieron retenidos en el sistema financiero durante los últimos años.

La medida, anunciada como un “gran cambio” que revierte el “corralito” impuesto por la administración anterior, ha generado expectativas entre los más de 770.000 ahorristas beneficiarios. Sin embargo, un análisis detenido del cronograma y las condiciones planteadas invita a preguntarse si estamos ante una verdadera solución o simplemente ante una maniobra política de alto voltaje.



​El Banco Central ha establecido un calendario de devolución escalonada que se extiende hasta 2028. Para personas naturales, el proceso comenzó el 15 de julio de 2026, con los depósitos de entre  $us 1.001 y 3.000, y se prolongará hasta agosto de 2027, con 10 períodos que cubren montos desde $us 1.001  hasta más de $us 50.000. Para personas jurídicas, el cronograma se extiende hasta diciembre de 2028.

​El monto total a devolver es abrumador: $us 933 millones para personas naturales y $us 1.056 millones para personas jurídicas. El Gobierno afirma que estos recursos provienen de más de $us 2.000 millones retenidos en fondos creados por el BCB. Pero, ¿de dónde salen realmente estos dólares? Esta es la primera gran interrogante que el Gobierno no ha logrado despejar con claridad.

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​El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, ha presentado la medida como el fin de una era en la que el ahorro “fue capturado por un régimen que lo dilapidó en una política económica sin rumbo ni responsabilidad”. El presidente Paz, por su parte, aseguró que el anterior gobierno había “incautado” los dólares para comprar gasolina y diésel.

​Sin embargo, esta narrativa choca con una realidad incómoda: el propio gobierno de Paz ha reconocido que el déficit fiscal sigue siendo monumental y que el BCB continúa siendo utilizado como “caja chica” del Estado. Devolver dólares a los ahorristas mientras se sigue financiando el déficit con emisión monetaria es como tratar de llenar un barril con un balde que tiene un agujero en el fondo.

​La devolución de dólares no resolverá el problema de fondo: la falta de independencia del Banco Central. Mientras el ente emisor siga subordinado a las necesidades fiscales del Gobierno, cualquier política de devolución será parcial y temporal.

​El cronograma escalonado, que privilegia a los pequeños ahorristas y posterga a los grandes y a las empresas, responde más a una lógica política —captar el respaldo de sectores populares— que a una auténtica solución estructural. Una medida insuficiente

​El Gobierno ha presentado la devolución de dólares como parte de un “plan integral de estabilización económica”. Sin embargo, la estabilización no se logra devolviendo lo que fue retenido, sino garantizando que no vuelva a ser retenido. Y eso solo será posible cuando el Banco Central opere con verdadera autonomía, cuando el tipo de cambio refleje la realidad del mercado y cuando el Estado deje de utilizar las reservas como financiamiento del déficit fiscal.

​La decisión de la mayoría de los ahorristas de mantener sus depósitos en el sistema financiero no es necesariamente un signo de confianza en el Gobierno, como sugiere el Ministerio de Economía, sino quizás una constatación pragmática de que, en un contexto de escasez de divisas, tener el dinero en el banco es más seguro que tenerlo en efectivo.

​La devolución de los ahorros en dólares es, sin duda, una noticia positiva para los ahorristas que han visto restringido su acceso a sus propios fondos durante años. Pero no debe confundirse con una solución definitiva a la crisis cambiaria que atraviesa Bolivia. La verdadera prueba no es si el Gobierno puede devolver los dólares, sino si puede garantizar que nunca más tendrá que retenerlos.

Manuel Morales Alvarez es investigador social.