
Fuente: ANF
La automedicación y el uso inadecuado de antibióticos están acelerando la resistencia bacteriana en Bolivia, una situación que ya afecta la atención médica en hospitales del país y encarece el tratamiento de infecciones graves, según lo advirtieron el director del Instituto Nacional del Tórax, Antonio García, y la jefa de Infectología del Hospital de Clínicas, Dolores Mayta, quienes coincidieron en que el problema requiere controles más estrictos, educación sanitaria y una estrategia nacional de vigilancia.
García explicó que la resistencia a los antibióticos dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad cotidiana. Según indicó, en el Instituto Nacional del Tórax es cada vez más frecuente que pacientes con neumonías u otras infecciones moderadas y graves no respondan a medicamentos de primera línea, como las penicilinas o las quinolonas, debido al desarrollo de bacterias resistentes.
“Ya estamos viendo que los tratamientos habituales dejan de funcionar y debemos recurrir a antibióticos mucho más potentes”, afirmó el especialista en entrevista con ANF.
El neumólogo sostuvo que la automedicación sigue siendo una práctica ampliamente extendida en Bolivia y atribuyó esta situación a la desinformación y a la falta de educación sanitaria. Señaló que muchas personas prefieren seguir las recomendaciones de familiares, amigos o vecinos antes que acudir a una consulta médica, en ocasiones por razones económicas o de accesibilidad a los servicios de salud.
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“Hay la idea de que si un medicamento le hizo bien a un familiar o a un vecino, también me servirá a mí, y eso es completamente equivocado”, señaló.
Entre los errores más frecuentes, García destacó el uso de antibióticos para tratar cuadros gripales. Remarcó que las gripes son enfermedades causadas por virus y, por tanto, los antibióticos no tienen ningún efecto sobre ellas.
El especialista también alertó sobre el uso indiscriminado de corticoides, como la dexametasona o la betametasona, práctica que, según dijo, se popularizó tras la pandemia de COVID-19. Explicó que estos medicamentos pueden provocar complicaciones graves cuando se administran sin supervisión médica, especialmente en personas con enfermedades como la diabetes. “Una dosis mal administrada puede desencadenar un coma diabético”, advirtió.
Respecto a la resistencia bacteriana, García señaló que el problema ya no afecta únicamente a quienes hacen un uso inadecuado de antibióticos. Indicó que actualmente también circulan bacterias resistentes que pueden transmitirse entre personas, lo que significa que incluso pacientes que nunca abusaron de estos medicamentos pueden presentar infecciones difíciles de tratar.

Añadió que otro factor que favorece este fenómeno es el incumplimiento de los tratamientos. Explicó que suspender un antibiótico antes del tiempo indicado porque el paciente se siente mejor o utilizar dosis incorrectas facilita la aparición de microorganismos resistentes. Incluso afirmó que en unidades de terapia intensiva ya se registran casos de bacterias multirresistentes que no responden a ninguno de los antibióticos disponibles.
Por su parte, la infectóloga Dolores Mayta sostuvo que la resistencia antimicrobiana constituye un problema de alcance mundial que se agravó tras la pandemia. Según explicó, durante la emergencia sanitaria se utilizaron antibióticos de manera indiscriminada tanto en terapias intensivas como en otros servicios, una práctica que favoreció la selección de bacterias resistentes.
Mayta expresó especial preocupación por la creciente resistencia a los carbapenémicos, considerados actualmente la última alternativa terapéutica disponible en Bolivia para tratar infecciones bacterianas graves.
«Nos preocupa mucho que ya estemos observando resistencia a los carbapenémicos, porque son prácticamente la última opción de tratamiento que tenemos en el país», advirtió en contacto con ANF.
Agregó que Bolivia tiene un acceso muy limitado a nuevas formulaciones y combinaciones de estos medicamentos que ya se emplean en otros países para enfrentar este tipo de resistencia.
Mayta lamentó que Bolivia aún no cuente con información precisa sobre la magnitud del problema. Dijo que en Bolivia se trabaja muy poco este tema. “No tenemos alianzas efectivas entre el Ministerio de Salud, las universidades y los hospitales, por eso tampoco contamos con datos reales sobre el nivel de resistencia antibiótica», afirmó.

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