Servicio de salud indolente, ineficiente y chantajista, tenemos que separar la paja del trigo


 

 



La salud pública en Bolivia, y con crudeza en Santa Cruz, dejó hace tiempo de ser un servicio para convertirse en moneda de cambio sindical. La precariedad en la atención en salud no es solo falta de insumos o de camas es la precariedad moral de un sector que se ha convertido en prebendalista, politizado e indolente con el paciente.

No es novedad cómo bajo el argumento de “reivindicación laboral” se activan paros, huelgas y bloqueos. El resultado es siempre el mismo: el pueblo empobrecido y enfermo queda en medio de los exigentes funcionarios y el municipio sin dinero.  Los pacientes son usados como carne de cañón para chantajear al municipio con el dolor ajeno y conseguir el pago de privilegios obtenidos a fuerza del dolor de niños enfermos, adultos mayores personas con discapacidad y familias que llegan a los hospitales públicos de Santa Cruz sin otra opción.

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Duele más porque son los propios trabajadores en salud que, desde el fortín del sindicalismo, son quienes atienden a esos moribundos del pueblo al que humillan. A las madres que madrugan con fiebre y niños en brazos. A los abuelos que hacen fila desde las 3 de la mañana, esta contradicción es temible porque quienes juraron cuidar la vida son los primeros en orillarla al despeñadero cuando su pliego está en negociaciones.

Conviene decir algo con absoluta claridad, a este grupo de funcionarios del sistema de salud pública el municipio de Santa Cruz no les debe nada. Ni un solo centavo. La deuda viene de la administración central, esa misma administración que este grupo avaló y promovió durante veinte años, alineados con los gobiernos perversos del “masismo”. Aplaudieron ese modelo, se beneficiaron del modelo y hoy le cobran la factura al municipio y al paciente.

Son los mismos funcionarios indolentes   que con los enfermos los que se beneficiaron del despilfarro de miles de millones de dólares que debían ir a equipamiento, infraestructura y el mejoramiento integral que hoy exigen. Hubo dinero suficiente para construir, equipar y contratar médicos para hospitales que nunca concluyeron, equipos que nunca llegaron, ítems fantasmas y contratos dirigidos, cosa que tampoco es novedad.

A este grupo que hoy pide dinero, durante veinte años el servicio de salud les valió un comino, ahora exigen con vehemencia lo que nunca exigieron cuando eran parte del poder que abusó de los pobres.

El país y los municipios estamos atravesando un largo ciclo de crisis económica, ellos lo saben y aun así exigen un trato económico que creen merecer, como si nada hubiera pasado. Lo que corresponde ahora es poner a prueba la solidaridad. Solidaridad con los enfermos, que además están golpeados por la crisis que los jefes políticos ocasionaron con la mala gestión e irresponsabilidad fiscal.

Lo justo y lo correcto en el sector salud es separar la paja del trigo, hay que limpiar las planillas de quienes solo se sostienen por el “aval político”, ese aval para esta administración municipal no tiene validez. El sistema de salud en Santa Cruz dejó de ser una agencia de empleo exclusiva para militantes del “masismo” que en estado zombie continúa merodeando la administración del Estado.

Es momento de ponerle el hombro al país, es momento de trabajar por el pueblo que durante años fue maltratado en las puertas de emergencia, en ventanillas y en pasillos. Recordemos algo básico, la administración pública y el sistema de salud es un servicio, no un negocio. Si a este sector se le arruinó el negocio político, entonces que se aparten por propia voluntad.

Es tiempo de dar paso a profesionales capaces, con vocación y empatía, que entiendan que el paciente no es rehén, que entiendan que la crisis también es responsabilidad de quienes callaron y se beneficiaron mientras el sistema se caía a pedazos.

Santa Cruz, y Bolivia entera, necesitan hospitales que curen, no dirigencias chantajistas.

 

Walthy M. Egüez Paz

Exdiputado