El joven de 20 años fue contactado a través de TikTok, donde le ofrecieron un pago inicial de 13.000 dólares. Hoy lleva un mes completamente incomunicado.
Fuente: Red Uno
Milen Saavedra
En las últimas horas, se conoció una denuncia más sobre la presunta red de reclutamiento de jóvenes bolivianos para combatir en la guerra entre Rusia y Ucrania. El caso salió a la luz pública luego de que el amigo de la víctima prestara su declaración formal ante las autoridades policiales.
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Según el testimonio, la víctima, de tan solo 20 años, captó la oferta mientras navegaba en la plataforma TikTok. Motivado por la complicada situación económica en el país, el joven mostró interés en los anuncios. Poco después, un sujeto no identificado —con número telefónico con prefijo ruso— se puso en contacto con él para coordinar su traslado.
«Mi amigo estaba curioso, preguntando por cómo están las cosas aquí en Bolivia. El captador le respondió y le mandó plata para que saque su pasaporte. Directo después le mandó el ticket de vuelo comprado y se fue un 23 de mayo a las 4 o 5 de la mañana», declaró el testigo en puertas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc).
Ofertas millonarias y la cruda realidad del entrenamiento
Los reclutadores prometieron un beneficio económico sumamente tentador para atraer al joven:
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Bono de firma de contrato: 13.000 dólares estadounidenses.
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Sueldo mensual: 3.000 dólares estadounidenses.
Sin embargo, tras su llegada a territorio ruso, la comunicación comenzó a volverse esporádica. El joven reportó fallas constantes en la señal y solo lograba conectarse brevemente los fines de semana. En esos breves mensajes, relató el riguroso y hostil adiestramiento militar que estaba recibiendo, el cual se realizaba bajo barreras idiomáticas que superaban mediante traductores de teléfono celular.
Un mes sin rastros y la preocupación familiar
Las rutinas de entrenamiento comenzaban a las 4:00 a. m. e incluían extensas jornadas de tiro y trote con equipaje pesado. Además, el joven denunció la falta de alimentación adecuada, señalando que solo consumían comida enlatada.
Antes de perder total contacto, la víctima logró enviar una clara advertencia a su amigo para evitar que más personas cayeran en la misma trampa:
«Me dijo que no fuera, porque las cosas son muy pesadas allá y no sabía si yo iba a resistir. Ya le habían cancelado 6.000 dólares, y de ahí no supe nada más. Hace un mes que no sé nada de él», manifestó con preocupación.
Actualmente, la familia del joven atraviesa momentos de profunda angustia. Las autoridades policiales continúan con las investigaciones para determinar el alcance de esta red de captación digital y evitar que más jóvenes bolivianos sean trasladados engañados hacia zonas de conflicto bélico.
