Cuando los resultados importan  


Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo

 

Las últimas elecciones generales en nuestro país, vinieron cargadas de una esperanza para recuperar la democracia y generar días mejores en la población. Lastimosamente, las acciones del gobierno han puesto en entredicho el auge de la democracia en este nuevo ciclo. Hay un peligroso declive en la confianza política y en la satisfacción con la gobernanza. Se están suscitando conjeturas sobre el apoyo popular al proyecto del presidente Paz, e incluso, cuando la inercia gubernamental en reponer el estado de derecho en los 51 días de bloqueos criminales, se ha preguntado si realmente podemos estar en favor de nuevas alternativas. Parte de ese debate se centra en la importancia de la prestación de seguridad, servicios y políticas cuyos resultados sirvan para la legitimidad y la estabilidad del gobierno y el país. Es vital entender que la prestación de servicios a la ciudadanía es crucial para reconstruir el contrato social y, por ende, el apoyo a la democracia, además de contrarrestar aquel retroceso democrático heredado tras terribles 20 años.

Es preocupante ver la mayoría de los enfoques de gobierno y el comportamiento de las autoridades, de cómo la gestión se erosiona desde dentro, es decir, el desmantelamiento gradual de las propias políticas por los propios actores. Las cuestiones que hacen a las demandas, no terminan de ser resueltas, en cambio, se demanda mayor apoyo ciudadano. Cuidado a la falta de este apoyo, haciendo hincapié en su desempeño, termine afectando la democracia. ¿Hasta qué punto la percepción de que la democracia y los gobernantes no cumplen sus promesas, puede alimentar la demanda popular de sistemas políticos y candidatos alternativos que parezcan ofrecer mejores resultados?



A medida que las respuestas ciudadanas muestran que la satisfacción con la democracia y las autoridades está disminuyendo, hace bien evaluar el nexo mencionado entre el cumplimiento y el retroceso democrático. El gobierno está obligado a ayudarnos a superar los debates sobre las promesas incumplidas y mejorar los índices de avance democrático y económico. Sin embargo, la conclusión general de que el cumplimiento tiene una relevancia mayúscula para explicar la erosión democrática, no puede cerrar la puerta a la confianza depositada en este gobierno. Centrarse solo en que se ha producido un retroceso produce naturalmente una desazón. Esto, en consecuencia, invita a un análisis más amplio sobre hasta qué punto la prestación de servicios es importante para la estabilidad y la legitimidad de la actuación de los gobernantes, especialmente en la provisión de bienes públicos a gran escala, como infraestructura, en la capacidad de generar crecimiento económico, reducir la pobreza y el desempleo, y mejorar la seguridad. Además, siempre existe la preocupación de que incluso las democracias más fuertes sean intimidadas por el retorno de algunas autocracias.

Para comprender por qué la prestación de servicios es tan importante para la legitimidad democrática, debemos entender el principio fundamental del contrato social: los ciudadanos aceptan ser gobernados por un soberano, y este, a su vez, ejerce el poder político en beneficio de la ciudadanía. “Establecer credibilidad exige que el gobierno cumpla su parte del contrato implícito con los ciudadanos y súbditos, es decir: la provisión de bienes y servicios, procesos justos en la determinación e implementación de políticas y una capacidad administrativa demostrable”. La prestación de servicios públicos no es la única manera en que el gobierno puede generar confianza entre los ciudadanos; la clase política también debe ser honesta y estar comprometida, o al menos aparentarlo, con el bien común. Sin embargo, las decisiones políticas gubernamentales tienen un impacto significativo, tangible y directo en la vida de las personas. Por ello, cuando una mala gestión económica conduce a grandes crisis, es natural que la ciudadanía pierda la fe en los gobernantes y en el sistema político en su conjunto, lo que a veces deriva en protestas o disturbios generalizados.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Generar confianza en el gobierno se vincula, con las nociones de legitimidad, con lo que se denomina el “título moral para gobernar”. Un historial de desempeño eficaz, generación de crecimiento económico y oportunidades, reducción de la pobreza y la desigualdad, prestación de servicios sociales, control de la corrupción y el mantenimiento del orden y la seguridad social y política, constituye una fuente de legitimidad. Pero es importante reconocer que la confianza en el gobierno y la legitimidad basada en el desempeño, encuentra una fuerte relación entre la confianza en el gobierno y el crecimiento económico: las sociedades con mayor confianza política también presentan algunas de las tasas de crecimiento del PIB más altas.

No por nada en las últimas décadas, nuestra democracia ha experimentado un descenso significativo en la confianza pública en el gobierno y en el apoyo a la gobernanza democrática, debido principalmente a su deficiente desempeño. El fin del auge de las materias primas a mediados de la década de 2010 marcó el inicio de denominada “década perdida”, en la que el estancamiento económico revirtió los pocos avances logrados en la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingresos. Las persistentes altas tasas de homicidio y la inseguridad generalizada han socavado aún más la confianza pública en las instituciones gubernamentales y en el sistema democrático en su conjunto. La correlación dinámica entre la satisfacción con la democracia y el desempeño económico también se observa porque no hay aún, acciones concretas para salir de la crisis.

Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo