¿Narco maderas o mamaderas?


Las matemáticas de la aduana chilena acaban de reescribir las leyes de la física, la botánica y el sentido común. En un despliegue digno de una superproducción de Hollywood, las autoridades de ese país transandino anunciaron con bombos y platillos la incautación “histórica” de 108 toneladas de cocaína y ketamina supuestamente licuadas e impregnadas en unas 1,027 toneladas de madera de exportación. Un hito científico sin precedentes: troncos que, más que celulosa, parecen esponjas de alta tecnología molecular capaces de absorber cargamentos enteros con más facilidad y eficacia que un pañal desechable.

Haciendo una pausa para admirar el milagro logístico y matemático que nos están tratando de vender los mapochinos, nos referiremos a lo afirmado por el delegado presidencial  chileno en Arica, Cristian Sayes, quien, con marcada obsecuencia y poca sapiencia, asevera que entre el 10% y el 15% del peso total de los tablones incautados era pura droga líquida. Cualquier carpintero aficionado sabe que si intenta inyectar semejante volumen de líquido a la madera noble (como el tajibo, el almendrillo, el morado o la mara), lo único que obtendría es leña podrida o un aserradero flotante. Sin embargo, según el sicario verbal mapochino, los árboles absorbían la sustancia por pura “ósmosis delictiva”.



Ahora bien, desde estas breñas andinas, donde la expoliación chilena de nuestra salida al mar aún es latente, surge una versión mucho más verosímil que la creada por el roto de marras, que consiste en dañar deliberadamente nuestra industria forestal y frenar su exportación de madera fina, en favor de la que ellos envían, como: el Pino Radiata o pino insigne y Eucalipto, muy inferiores a las nuestras.

De haber sido posible lograr que la madera sólida absorba 108,000 kilos de polvo de cocaína se requerirían laboratorios que envidiaría la propia NASA y seríamos considerados el sindicato criminal más eficiente del planeta, capaz de mover volúmenes que harían parecer a Pablo Escobar como un mero repartidor de farmacia a domicilio. O quién sabe, nuestros árboles decidieron cambiar la fotosíntesis por algo más “estimulante” antes de ser talados. De resultar falsas estas noticias—como todo apunta tras la liberación de la carga— estamos ante el ridículo geopolítico y aduanero más grande de la década.

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Ante la vergüenza internacional, la defensa oficial se ha vuelto un malabarismo retórico: mientras los exportadores exigen resarcimiento por el daño y disculpas por la avería reputacional ocasionada, las autoridades chilenas insisten en que “sus científicos” ven cosas que los reactores químicos normales no pueden. Es el nacimiento de la posverdad aduanera: “la droga está ahí, invisible, indetectable, pero – chita la payasa – juramos que está ahí”.

A la luz de lo expuesto, surge la lógica reacción cimentada en el sentido común, que da paso al fantasma del “Falso Positivo” La espectacularidad del anuncio empero, en los puertos chilenos de Arica, San Antonio y Valparaíso duró lo que dura un jale de ketamina. Semanas después, los camiones bolivianos retenidos en la frontera fueron liberados porque las pruebas científicas preliminares dieron un rotundo negativo. No había polvo, no había líquido, no había nada. Ninguna Narco-madera sólo… Madera aburrida, sobria y libre de vicios. Una Mamadera