En estos días hemos visto que un aliado principal del actual Gobierno ha decidido abandonar la coalición, específicamente UNIDAD, esto podría resultar en un costo político alto, no solo para el Presidente Rodrigo Paz, sino para el país en su conjunto. Ya que la democracia no solo se ve debilitada y con ello las políticas públicas, sino el cambio estructural que se pretendía lograr y que la población esperaba en todos los ámbitos.
En toda democracia madura, las alianzas políticas forman parte natural del ejercicio del poder. Surgen para impulsar proyectos comunes, enfrentar desafíos compartidos y ofrecer estabilidad institucional. Sin embargo, también son espacios donde las diferencias pueden aparecer, poniendo a prueba la capacidad de liderazgo de quienes tienen la responsabilidad de gobernar.
Más allá de los nombres propios o de la coyuntura política, cada vez que un gobierno pierde un aliado se corre el riesgo de ingobernabilidad a partir de decisiones políticas que puedan tomar los Asambleístas Nacionales de la Bancada que se alejó de la coalición respecto de la aprobación de leyes que necesitaría el Gobierno para ejecutar su Plan de Gobierno, que por cierto tampoco se conoce hasta el momento, lo que nos muestra un camino sin rumbo, “si no sabes hacia dónde vas, cualquier camino te conducirá a él”.
Por tanto, con frecuencia se asume que la estabilidad política depende exclusivamente de la cantidad de legisladores que respaldan a un gobierno. Sin embargo, la experiencia demuestra que la gobernabilidad es mucho más compleja. Por ello, gobernar significa generar confianza, construir consensos y mantener abiertos los canales de diálogo incluso cuando existen diferencias legítimas.
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En política, como en la medicina, un diagnóstico apresurado suele conducir a tratamientos equivocados, antes de responder a una crisis política es necesario comprender sus causas, toda diferencia merece ser escuchada, toda crítica merece ser analizada, todo desacuerdo representa una oportunidad para revisar decisiones, fortalecer la comunicación y reconstruir confianzas, escuchar no implica renunciar a las convicciones, algo que, según UNIDAD, el Gobierno no hizo ni pretendía hacerlo.
Lo que Bolivia necesita es fortalecer la cultura del consenso, nuestro país enfrenta importantes desafíos económicos, sociales e institucionales, resolverlos requiere mucho más que decisiones administrativas, requiere confianza y una cultura política donde el diálogo no sea interpretado como una concesión, sino como una herramienta de gobernabilidad, porque, al final, las mayorías pueden abrir el camino para gobernar; pero solo la confianza permite construir un futuro compartido.
Finalmente, cuando se hace una alianza política, ésta debe basarse en una visión de país, objetivos de desarrollo claros alcanzar, pensando en el bienestar de los ciudadanos, no para repartirse espacios de poder o pegas en la administración pública, Bolivia necesita compromisos serios e instituciones fuertes, no alianzas políticas coyunturales sin futuro. El verdadero desafío consiste en recuperar la confianza, fortalecer el diálogo y reafirmar el compromiso con el interés nacional.
Dr. Henry Montero Mendoza – 360°
Exsenador del Estado Plurinacional de Bolivia
