El repliegue de los aliados


​¿En qué medida el distanciamiento de Tuto Quiroga y el repliegue de Doria Medina, junto a sus bancadas, desarticulan los espacios de concertación y mediación que requiere el Ejecutivo?

La dinámica del poder en el presidencialismo contemporáneo demuestra que la legitimidad que dan las urnas no siempre es suficiente en la medida en que el juego político se resuelve en la Asamblea Legislativa Plurinacional, y el rol y densidad de las bancadas son irremediablemente definitorias.



Se suma a esto que la dramática finalización del paro de los 53 días ha dejado al gobierno efectivamente debilitado, y aunque ha intentado recuperar cierto quantum del capital político con el discurso de la negociación como instrumento eficiente, lo cierto es que el conjunto de la sociedad civil sabe que la resolución final se produjo por la vía de la participación organizada de la ciudadanía que salió a enfrentar a los bloqueadores. La derrota de estos fue, sin duda, de alguna manera también la derrota del Gobierno, lo que se ha traducido en una imagen de debilidad muy pronunciada.

​Para nadie es un secreto que las condiciones en que se recibió el país después de los fatídicos 20 años fueron del todo desastrosas: económicamente, institucionalmente, moralmente, etcétera. Esto de hecho ya era una condicionante que exigía un gobierno fortalecido y con una reserva ciudadana que le permitan movilizar a la opinión pública y la conciencia democrática en un accionar capaz de fortalecer los fundamentos del esfuerzo reconstructivo que exige la nación.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Por otro lado, nos enfrentamos como sociedad civil y como sociedad política al desafío de rediseñar un Estado que a lo largo de 53 años (desde abril de 1952 hasta el 2005, que asume el mando Evo Morales) agotó el proyecto nacionalista revolucionario que sirvió para las transformaciones que derivaron en la democracia nacional con todas sus múltiples y complejas variantes.

Finalmente, se suma el desastroso rol del vicepresidente, encriptado en el poder en calidad de opositor minando las ya débiles estructuras de sostén del Poder Ejecutivo.

​Bajo estas condiciones, el repliegue de las fuerzas que apoyaron en un principio al gobierno de Paz Pereira no representa una simple reconfiguración partidaria, sino la emergencia de una fractura en el centro democrático que desplaza la arena política desde la deliberación parlamentaria hacia la confrontación política, que en mi opinión es lo último que podría beneficiar a la ya débil gestión gubernamental.

​La historia nos muestra que cuando un gobierno carece de intermediaciones políticas a través de estructuras como los partidos y las coaliciones, se va generando un vacío de representación que normalmente es hábilmente instrumentalizado por las fuerzas antidemocráticas; de hecho, hemos visto con cierto asombro que la figura de Evo Morales volvió a crecer a pesar del daño infligido desde el Chapare al conjunto de la sociedad en el bloqueo de los 53 días.

​Un conocido profesor de la Universidad de Michigan, famoso en el campo de las ciencias políticas (George Tsebelis), sostiene con base empírica que la ausencia o debilitamiento de mayorías estables en el Legislativo termina por lo general en una parálisis del Ejecutivo, y que, frente a esa alternativa, siempre está presente la posibilidad de deslizarse a formas de gobierno que no siempre se sujetan de la mejor manera a los parámetros de la democracia liberal representativa.

El riesgo es, pues, tener que radicalizar ciertas posiciones y medidas que terminen minando la estructura democrática y del Estado con sus obvias consecuencias en términos de estabilidad social.

​Parece ser, en suma, que no es la mejor estrategia la de romper lanzas en un momento en que el masismo ha levantado cabeza junto a una pléyade de instituciones corporativas que se beneficiaron de los 20 años de autoritarismo populista. Quizá sea este el mejor momento para que los políticos pongan a prueba su vocación por la nación más allá de sus colores partidarios.

Renzo Abruzzese es sociólogo.