El Beni necesita un proyecto, no un pliego de peticiones


Por Lavive Yáñez Simon

Durante décadas el Beni ha sostenido un discurso político basado en la reivindicación. Hemos exigido más recursos, más participación en la renta nacional, más regalías y una distribución más equitativa del presupuesto. Son demandas legítimas que responden a un departamento históricamente relegado. Sin embargo, después de tantos años, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿por qué, teniendo tanto potencial, seguimos dependiendo de lo que otros decidan transferirnos?



La respuesta es incómoda. El problema del Beni ya no es únicamente económico. Es, sobre todo, una crisis de representación y de ideas.

Mientras el mundo discute cómo generar innovación, atraer inversiones y construir economías sostenibles, nosotros seguimos atrapados en una lógica donde la política se limita a gestionar necesidades y a negociar recursos. Hemos confundido desarrollo con redistribución, cuando la verdadera riqueza de un pueblo nace de su capacidad para producir.

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No existe política social sostenible sin una economía capaz de financiarla. Ningún Estado puede repartir aquello que antes no ha sido generado. La riqueza no aparece por decreto ni por voluntad política; se crea con trabajo, inversión, conocimiento y planificación.

El Beni posee condiciones extraordinarias para convertirse en uno de los principales motores económicos de Bolivia. Contamos con millones de hectáreas aptas para la producción, una de las mayores riquezas hídricas del continente, una biodiversidad excepcional, una ganadería reconocida y un enorme potencial para el turismo, la agroindustria y la bioeconomía. Sin embargo, seguimos exportando materias primas e importando oportunidades.

El verdadero desafío no es cuánto más puede darnos el Estado. El verdadero desafío es cómo el Estado puede convertirse en el impulsor de un modelo que permita al Beni generar su propia riqueza.

Ese cambio de paradigma exige abandonar la política de la coyuntura para abrazar la política de la planificación.

Con esa convicción, la Fundación Acción Social ha impulsado la elaboración del Plan Maestro de Transformación del Beni 2026–2035, un instrumento estratégico que será presentado durante la efeméride departamental de noviembre. No nace para convertirse en el plan de una institución ni de un gobierno; nace con la aspiración de transformarse en una política pública de largo plazo, capaz de orientar el desarrollo del departamento más allá de los periodos electorales.

El Plan Maestro parte de una idea sencilla pero profunda: la mejor política social es la generación de riqueza.

Generar riqueza significa fortalecer al productor, brindar seguridad jurídica, invertir en infraestructura, industrializar la producción, integrar corredores logísticos, promover el turismo, impulsar la innovación, formar capital humano y crear las condiciones para que el sector privado y el Estado trabajen como aliados, no como adversarios.

El Gobierno tiene un papel fundamental en este proceso. No como sustituto de la iniciativa privada, sino como constructor de las condiciones que permitan producir más y mejor. Un Estado moderno no crea riqueza por sí solo; crea las reglas, la infraestructura y la confianza necesarias para que la sociedad la genere.

Por eso, más que nuevos discursos o promesas, el Beni necesita un gran acuerdo departamental. Un compromiso que convoque a productores, universidades, pueblos indígenas, empresarios, gobiernos municipales, Gobernación y Gobierno nacional en torno a un objetivo común: transformar nuestras ventajas naturales en prosperidad para todos.

Ha llegado el momento de dejar de pensar únicamente en cómo distribuir la riqueza existente y comenzar a discutir seriamente cómo producir más riqueza para distribuir más bienestar.

Ese es el debate que debemos instalar.

Porque los pueblos que progresan no son aquellos que viven esperando respuestas. Son aquellos que se atreven a construirlas.

Y el Beni tiene todo para hacerlo. Solo necesita recuperar lo más valioso que una sociedad puede tener: una visión compartida de futuro.