
Cuando Rodrigo Paz Pereira iba a cumplir 264 días de su juramentación presidencial ante la Asamblea Legislativa Plurinacional —hoy que usted me lee ya suman 266— asistió en Lima a la toma de posesión de Keiko Fujimori Higuchi, la primera mujer elegida presidente constitucional del Perú (la Boluarte entró por la puerta trasera de una sucesión legal que el maestro del sombrero alón dejó tras su intento de autogolpe) y también la segunda nikkei (el primero fue su padre Alberto en 1990) en acceder a la Suprema Magistratura de la República que doscientos cinco años atrás fundara José de San Martín y Matorras, el prócer argentino recordado como libertador de Argentina y Chile y fundador del Perú posvirreinal.
La ascensión de la Fujimori Higuchi y el encuentro con Paz Pereira tiene ribetes de déjà vu histórico: El 24 de enero de 1992, los padres de ambos firmaron los Convenios de Ilo y mojaron sus pies en las cálidas (para esa fecha del año) aguas del Pacífico, afirmando un proceso de integración que quedó tan mojado como los pies de ambos porque después del simbolismo no se avanzó en ello más allá de repetir su (inefectiva) trascendencia cada año —que ambos hijos los hubieran ratificado ahora tiene, más que efectivo, un carácter metafórico, sobre todo porque el Corredor Vial Bioceánico avanza imparable por el trópico de Capricornio, debajo de Bolivia y el país busca vías para enlazarse, sobre todo desde la sureña Tarija.
Voy a detenerme primero en la presidente Keiko y luego pasaré por el presidente Rodrigo.
En su discurso de investidura, la nueva gobernante esbozó sus futuros cuatro años de gobierno y me atrevo (en la rememoración de lo que le oí y de lo que recuerdo de los años 90 en el Perú) a decir que —amén de la prevención contra el Fenómenos del Niño y la lucha contra el narcotráfico— tiene sintonía con el de su padre (que ese día hubiera cumplido 88 años de vida): carreteras, escuelas, refuerzo de salud pública… Época de luces —salvó la economía peruana después del desastre del populismo socialdemócrata de Alan García y sentó las bases para una economía sólida y estable hasta hoy (con éxito en integrar a muchos en la economía formal, en un capitalismo popular como preconizó De Soto y que Paz hijo acá llamó capitalismo para todos en su campaña presidencial); finalizó el terrorismo maoísta de Sendero Luminoso (aún con reductos de protección al narcotráfico en recónditos parajes del VRAE) y el guevarista de MRTA (los que acá secuestraron a Doria Medina)— y de sombras enormes, con una gran corrupción que parecía institucionalizada para siempre, coartó la oposición y bajo acusaciones de violación de derechos humanos.
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Lo que haga estos años la señora Fujimori, como logre crear mayorías circunstanciales (su partido, primera mayoría en ambas Cámaras, en alianza con Renovación Popular tienen la mitad del Senado y poco menos de la mitad de Diputados [43 %] pero a su favor es que la oposición no es monolítica y tendrán que negociar).
Paz Pereira se aboca a una reordenación y a la necesidad de pasar de arengas a realidades. De los 5 mil millones (M) de dólares anunciados originalmente que aportaría el FMI se bajó a 2.500 M y quedaron en un crédito por USD 1.900 M pero, es lo importante, sujeto a la implantación de medidas que el Directorio del FMI considera necesarias. ¿Cuáles? Sin bola adivinadora es fácil suponerlas: reducción de déficit, achicamiento del grueso Estrado (en sus tres niveles), transparencia, justicia (seguro la equitativa social pero también de la legalidad)… Nada que no se pueda lograr pero ¿cuál será el costo?: con el ejemplo reciente de los 50 y tantos días, vale subsanar preventivamente los yerros y empezar, por otro lado, a construir mayoría circunstanciales en la Asamblea (de por sí, sin la alianza con UNIDAD, con APB y LIBRE en oposición constructiva y la bancada del PDC, que nunca fue realmente “propia”, dividida en varias opciones, menuda tarea).
Manos a la obra. De verdad.
José Rafael Vilar