El desafío de la Nueva Bolivia


Lic. Miroslava Fernandez / Periodista y politóloga

 

Este 6 de agosto escuchamos un discurso que no solo inaugura una etapa, sino que también revela el tamaño del desafío que enfrentará el gobierno de Rodrigo Paz Pereira. La “Nueva Bolivia” no es solo un eslogan; es una estrategia de framing político que busca reemplazar la conversación sobre la crisis por un horizonte de transformación. Una narrativa que requiere respaldo para resultados concretos, y así no perder su eficacia.

El mensaje desde Sucre, buscó instalar un nuevo comienzo, pero la realidad política es menos complaciente que la narrativa oficial. La encuesta de Ipsos CIESMORI muestra una caída de su aprobación del 65 % al 32 % en apenas ocho meses, mientras el 74 % de los habitantes del eje central considera que el país marcha en la dirección equivocada. El Presidente volvió a responsabilizar al gobierno anterior, marcada por la corrupción y la mentira, aunque los abucheos que acompañaron su llegada a la Sesión de Honor dejaron en evidencia que para cierta parte de la población el problema ya no está en el pasado, sino en el precio del dólar, la escasez de combustible y el deterioro cotidiano de la economía.



El rasgo político más novedoso de su discurso fue la decisión de reemplazar la lógica de los pactos partidarios por una estrategia de gobernabilidad basada en los territorios. Paz sostuvo que Bolivia dejó atrás el tiempo del «jefazo» y planteó una relación directa entre el Gobierno, las gobernaciones y los municipios, intentando construir legitimidad desde las regiones antes que desde las cúpulas partidarias. Sin mayoría propia en la Asamblea Legislativa, esta no parece ser una elección ideológica, sino una necesidad política. Aquí aterrizamos con el acuerdo firmado por los nueve gobernadores y la denominada agenda 50/50 que buscaran convertir esa debilidad parlamentaria en una fortaleza territorial, aunque queda por demostrar si esa arquitectura institucional podrá sustituir la capacidad de negociación que exige cualquier sistema democrático.

En materia económica, el Gobierno defendió una apertura al capital privado sin abandonar el papel conductor del Estado, Paz destacó la reducción del riesgo país de 2.200 a 421 puntos y la devolución de 940 millones de dólares al sistema financiero como señales de recuperación de la confianza. Sobre esa base anunció un paquete de reformas que comenzará con la Ley de Inversiones, prevista para ingresar a la Asamblea el 11 de agosto, seguida por modificaciones en los sectores de minería e hidrocarburos. Entonces, la estrategia apunta a atraer inversión extranjera, recuperar divisas y estabilizar el abastecimiento interno. El desafío, sin embargo, será convencer a los mercados de que existe estabilidad jurídica y política suficiente para invertir en un país que todavía enfrenta incertidumbre institucional.

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No obstante, el discurso dejó una omisión difícil de ignorar: el silencio sobre la anunciada reforma de la Constitución Política del Estado. Si el Gobierno pretende transformar el modelo económico, redistribuir competencias y construir una nueva relación entre el Estado y las regiones, resulta inevitable explicar cuál será el soporte constitucional de esos cambios. La ausencia de ese debate alimenta dudas sobre la viabilidad de la agenda oficial. Gobernar sin una mayoría legislativa obliga a construir acuerdos permanentes, porque las instituciones no aprueban leyes por sí mismas; lo hacen legisladores que responden a intereses políticos, cálculos electorales y presiones sociales. Sin esa base de respaldo, incluso las reformas mejor diseñadas pueden quedar atrapadas en el papel.

Creo que el verdadero examen para la «nueva Bolivia» no será el discurso pronunciado el 6 de agosto, sino lo que ocurra cuando expire el Estado de Excepción, y donde distintos sectores ya anuncian nuevas movilizaciones una vez concluyan las restricciones. Allí comenzará la verdadera prueba del Gobierno, porque la historia política enseña una lección constante: los discursos pueden cambiar el clima de una jornada; los resultados son los únicos capaces de cambiar el rumbo de un país. A eso aspiramos.

Lic. Miroslava Fernandez / Periodista y politóloga

www.miroslavafernandez.com