
Cochabamba está en el corazón de Bolivia y su fe, casi, mueve montañas. Existe la creencia de que hay un calvario milagroso, donde las piedras pueden convertirse en bienes materiales. En Inkallajta las ruinas de una historia antigua sobreviven al paso de los años, contando en silencio las glorias de un imperio que desafió al tiempo. Esta tierra, bendecida por un clima primaveral y custodiada por cordilleras, resguarda entre sus valles el alma misma de la identidad boliviana.
Fuente: ABI
A pocos kilómetros de la capital valluna, ascendiendo por senderos de devoción colectiva, se encuentra el municipio de Quillacollo. Allí se celebra cada agosto la Festividad de la Virgen de Urqupiña, una de las expresiones de fe y cultura más importantes de Bolivia, capaz de paralizar el país y convocar a miles de almas en un solo latido espiritual. Las celebraciones encuentran sus momentos centrales a mediados de mes, iniciando formalmente el 14 de agosto con la Entrada Folklórica, un despliegue de danzas, música y colores donde miles de bailarines rinden homenaje a la patrona.
El 15 de agosto, la solemnidad se apodera del ambiente con la Misa Central, un encuentro litúrgico que reúne a multitudes en un fervor unificado bajo el amparo de la Virgen. Sin embargo, el clímax de esta festividad se alcanza el 16 de agosto, durante la Peregrinación al Calvario. Es en el cerro de Cota donde la fe cochabambina desafía las leyes de la lógica y la materia. Los devotos, sin importar la edad, condición social u otro origen, acuden guiados por una esperanza inquebrantable. Provistos de combos y cinceles, golpean la roca viva y recogen piedras. Estas porciones de roca viva representan los préstamos espirituales que la Virgen concede a sus hijos; luego son bendecidas con sahumerios y oraciones.
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Esta dinámica de fe se practica de manera paralela y complementaria con la compra de miniaturas, conocidas ancestralmente como illas. Casas diminutas, automóviles de juguete, pequeños fajos de billetes, títulos profesionales y negocios en miniatura son adquiridos con minuciosidad. El ciclo de la reciprocidad se cierra al año siguiente, cuando los devotos retornan puntualmente al mismo lugar, devolviendo los pedazos de roca extraídos y agradeciendo los favores otorgados por la Virgen de Urqupiña.
La magnitud cultural de esta celebración ha trascendido las fronteras nacionales, adquiriendo una relevancia internacional de primer orden. La postulación presentada ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se encuentra en proceso de actualización técnica. El exhaustivo documento reúne la descripción detallada de la Festividad de la Virgen de Urqupiña, otorgando un énfasis especial en sus prácticas colectivas, rituales ancestrales y aquellas complejas expresiones de reciprocidad que sustentan su valor universal excepcional como patrimonio cultural inmaterial.
Lejos del bullicio urbano, viajando hacia los misterios del pasado precolombino, el departamento de Cochabamba revela otra de sus grandes maravillas ocultas. El Complejo de Incallajta emerge majestuoso entre las serranías. Incallajta es el centro arqueológico más imponente de la región, ubicado estratégicamente a unos 135 kilómetros al este de la ciudad de Cochabamba, asentado de forma imponente en el territorio del actual municipio de Pocona, perteneciente a la provincia Carrasco. Este sitio representa la huella arquitectónica y militar más significativa de la expansión incaica en los valles bolivianos.

Según los relatos y crónicas de la época de la colonia española, esta colosal fortaleza fue edificada originalmente bajo las órdenes directas del soberano incaico con el objetivo geopolítico fundamental de poner orden en las fronteras orientales del imperio y detener con firmeza los avances e incursiones de los pueblos indígenas del oriente amazónico hacia los fértiles valles de Pocona y los valles occidentales de Cochabamba, zonas de alta productividad agrícola que abastecían de maíz y recursos vitales al Tawantinsuyo. Su nombre proviene de la lengua quechua, derivando específicamente de Inka Llaqta, que significa fielmente “ciudad del Inca”, una denominación que refleja con total claridad su incuestionable importancia política, militar y ceremonial dentro de la organización estatal incaica. El Complejo de Incallajta fue oficialmente declarado monumento nacional de Bolivia en 1967, asegurando la protección de sus muros singulares contra el desgaste del tiempo.
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Fuente: ABI
