
Fuente: Infobae
(Con información de EFE)
El régimen de Cuba aprobó nuevas normas para el uso de las energías renovables en medio de la crisis energética, con exenciones fiscales para la importación de equipos y cambios en la compraventa de electricidad producida a partir de biomasa y energía eólica, en un escenario de apagones masivos y déficit de generación en toda la isla.
Las resoluciones 179 y 180 de 2026 entraron en vigor este sábado, según informaron medios estatales, con el objetivo de ampliar los incentivos para personas naturales y jurídicas que inviertan en fuentes renovables. La decisión llegó mientras el sistema eléctrico cubano atraviesa una de sus etapas más críticas, con cortes prolongados que afectan de forma simultánea a gran parte del país y con un servicio que, en muchos casos, quedó reducido a pocas horas por día.
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La Resolución 180 eximió del pago del impuesto aduanero a quienes importen sistemas solares fotovoltaicos y sus componentes esenciales. La misma disposición incluye calentadores solares, bombas fotovoltaicas, pequeños aerogeneradores, biodigestores de geomembranas, motobombas a biogás, alumbrado solar, sistemas de aire acondicionado solar y cargadores para vehículos eléctricos que funcionen con fuentes renovables. También alcanza a equipos destinados al procesamiento de biomasa para producir energía, junto con sus partes fundamentales.
La Resolución 179 modificó una norma previa aprobada en mayo y amplió el alcance de la compraventa de energía entregada al Sistema Electroenergético Nacional. Hasta ahora, la regulación priorizaba la generación solar fotovoltaica. Con el nuevo cambio, la red nacional también puede incorporar con mayor alcance la energía producida a partir de biomasa vegetal y de fuentes eólicas.
La adopción de estas medidas coincide con un cuadro de colapso en la generación eléctrica. Para este sábado, la estatal Unión Eléctrica prevé que el mayor apagón del día dejará sin servicio al 69 % del país en el horario de máxima demanda.

La capacidad disponible se ubica en 1.050 megavatios frente a una demanda máxima estimada de 3.300 megavatios, lo que obligó a desconectar 2.280 megavatios para evitar interrupciones desordenadas en el sistema.
Los 9,4 millones de cubanos contarán, en promedio, con apenas dos o tres horas de servicio en la jornada. La situación provocó manifestaciones pacíficas, cacerolazos y quema de basura en barrios de la capital, en medio del deterioro sostenido del abastecimiento.
La crisis energética cubana se profundizó desde mediados de 2024 y se agravó durante este 2026. En lo que va del año, la isla sufrió siete apagones generales, y en casi 24 meses acumula 12 interrupciones totales del servicio. A comienzos de agosto, un apagón parcial dio paso a otros dos colapsos generales que mantuvieron durante tres jornadas consecutivas a casi todo el país sin electricidad.

Este sábado, siete de las 16 unidades de generación no se encuentran operativas. Muchas de esas centrales fueron construidas entre las décadas de 1960 y 1970, y desde hace años registran fallas frecuentes.
A esa fragilidad estructural se suma el deterioro de la generación distribuida, sostenida con diésel y fueloil importado. Esa fuente cubría otro 40 % del sistema, pero quedó paralizada por la escasez de combustible y por las dificultades para adquirirlo. El 20 % restante provino de gas y de fuentes renovables, sobre todo solar, en un segmento que todavía resultó insuficiente para compensar el resto de las caídas.
