Encuentre las tres diferencias


 

 



 

¿Qué tienen en común Salomé, soberbia y un jaguar? Al parecer nada. Pero los tres carecen de una base educativa coherente y ejecutada de manera apropiada.

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El primer caso fue cometido por la senadora y primera secretaria de la Cámara de Diputados, Yasmín Estívariz. Confundió la palabra “solemne” con “Salomé” y cambió “soberanía” por “soberbia” al leer el programa oficial de actos dispuestos para celebrar el 6 de Agosto.

Su lectura fue analizada por muchos. Hay varias razones para que haya cometido esos errores. Las de mayor peso tienen que ver con la calidad educativa. Bolivia está lejísimos de tener una excelente calidad educativa, en primaria, secundaria y en estudios superiores.

La educación es un proceso amplio que busca el desarrollo integral de la persona (valores, conducta y carácter), mientras que la instrucción se limita a la transmisión de conocimientos técnicos, científicos o prácticos para la inteligencia. En resumen, la instrucción enseña “qué saber o hacer”, y la educación forma “cómo ser”.

El caso de la senadora tiene que ver con la instrucción.

¿Y el caso del jaguar?

Tiene que ver con la educación.

El Fiscal Departamental de Beni, Alexander Mendoza Santeyana, informó que el Ministerio Público investiga un hecho de biocidio, cometido el 8 de agosto de 2026, y porte o portación ilícita de armas, registrado en la ciudad de Guayaramerín, donde un ejemplar de jaguar, especie amenazada y protegida por ley, fue encontrado muerto, decapitado, desollado y mutilado. Se tiene a una persona arrestada y el caso se encuentra en etapa preliminar.

La persona no tiene educación. Ni valores, ni buena conducta. Y desconoce que la especie está protegida. Sólo se hizo con el cuerpo con la intención de volverlo billetera, cinturón, o cualquier cosa que se encuentra en los mercados artesanales bajo el rimbombante título de “cuero auténtico”.

El animal no representó una amenaza directa. Ciertamente, existen los mecanismos para llevarlo a una zona no poblada. Pero la barbarie siempre prima, y el jaguar pasó a mejor vida.

Y a mejor vida también han pasado la educación, la instrucción y casi cualquier cosa que valga la pena el esfuerzo.

Sólo nos resta mirar de palco para ver a Bolivia convertida en un gigantesco mercado. Todo se vende y se compra. Ideologías, puestos de trabajo, pieles de jaguar, títulos de bachiller o terrenos antes declarados zonas ecológicas protegidas, porque la identidad del boliviano es igual a la de un mercader fenicio, consagrada bajo el famoso régimen simplificado.

El régimen fue creado en el siglo XX y es una de las peores medidas impositivas que se pudo haber decretado. Porque instituye que es mejor comprar y vender en lugar de producir.

Se unió a este régimen un dólar barato que sirvió, durante el masismo, para abaratar la importación de cualquier cosa a Bolivia, dejando al aparato productivo en la lona.

¿Entonces, qué le quedó al ciudadano común, al ver que sus fuentes laborales desaparecieron? Volverse comerciante. Sin seguro de salud, sin jubilación, ni sueldo fijo.

De ahí que un jaguar es lo mismo que un folder amarillo, o que la fotocopia de carnet. Valen lo que el mercado paga.

Y como educación e instrucción parecen no valer nada, entonces no se valoran. No cotizan y sólo sirven para tener el título enmarcado, colgado en una pared, para foto de Instagram y nada más.

Hasta mientras Salomé, tendrá la soberbia de… decretar que el jaguar no fue asesinado, sino simplemente ‘clausurado por orden del día’, demostrando que en este país la ignorancia es ley y la fauna, el daño colateral.

 

Mònica Briançon Messinger es periodista