Mercados: Fallas y hacinamiento agravan el riesgo de incendios


Los incendios como el de Barrio Lindo, ponen en evidencia la vulnerabilidad de estos espacios

Por Marco Mendoza

El fuego destruyó el 75% de la ferio de Barrio LIndo/APG

El fuego destruyó el 75% de la ferio de Barrio LIndo/APG



Fuente: La Razón

El riesgo de incendios, como el ocurrido en Barrio Lindo, es muy elevado, principalmente en mercados de las ciudades de Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba, La Paz y El Alto.

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Si bien no existe un informe preventivo reciente, los que se realizaron hace no más de cinco años ya catalogan a estos centros de abasto como “bombas de tiempo”, por distintos factores que, lastimosamente, son comunes en estos espacios. Entre los factores identificados están las fallas estructurales recurrentes, el hacinamiento y la falta de preparación de los comerciantes para actuar de manera correcta frente a un incendio estructural.

Tampoco las asociaciones de comerciantes o de los dueños de puestos cuentan con planes de contingencia para este tipo de eventos. Las evaluaciones realizadas en las tres ciudades del eje detectaron los siguientes factores de riesgo comunes:

Sistemas eléctricos deficientes

En gran parte de los centros de abasto existen conexiones clandestinas, cables expuestos y sobrecarga de energía. A un enchufe muchas veces le colocan un cortapicos y conectan varios enchufes, lo que genera un sobrecalentamiento que, a la larga, puede provocar un cortocircuito. Principalmente, no se realiza un mantenimiento o revisión periódica del cableado interno.

Uso de gas licuado

En los puestos de comida existe una concentración importante de garrafas. En estas áreas, por lo general, no existe una ventilación adecuada. En muchos casos se genera acumulación de grasa en campanas o extractores, que es altamente inflamable.
No se realiza un cambio periódico de las mangueras o reguladores que conectan las cocinas con las garrafas. Se dieron varios casos de fugas y explosiones por este factor, que se replica en algunos restaurantes y snacks de las ciudades.

Hacinamiento

En el interior de los mercados o ferias, los pasillos son muy estrechos y, además, están ocupados con mercadería. A esto se debe sumar el comercio ambulante en los alrededores de los centros de abasto cerrados y en las ferias que se arman en determinadas calles o avenidas en días específicos, lo que bloquea por completo el paso de los carros de bomberos en caso de un incendio.

Sin planes de prevención

La mayoría de los mercados carece de señalización que muestre las rutas de escape seguras en caso de un incendio, extintores vigentes en cada puesto y de hidrantes funcionales cercanos. También existe acumulación de material inflamable, no solo ropa, sino también electrodomésticos, plásticos y, en algunos casos, pirotecnia.

De acuerdo con el informe de la Fundación Boliviana de Seguridad y Salud Ocupacional (FBSYSO), a escala nacional se registra un promedio de 901 incendios estructurales por año en infraestructuras comerciales, residenciales e industriales. La distribución del riesgo y frecuencia de incendios por departamento es la siguiente:
Santa Cruz: Lidera la estadística con un promedio de 278,0 casos anuales, impulsado por su alta concentración industrial y la densidad de sus mercados.
Cochabamba: Tiene un promedio de 215,5 emergencias al año, concentradas en zonas comerciales y talleres, y ocupa el segundo lugar.
La Paz: Registra un promedio de 168,5 eventos anuales, donde el riesgo estructural se agrava por la topografía, las conexiones eléctricas improvisadas y la antigüedad de algunos predios históricos.
Resto del país: Suma un promedio de 239,0 casos anuales distribuidos en siete departamentos.
El combate de incendios estructurales en Bolivia, además, enfrenta la falta de equipamiento moderno en las unidades de bomberos, escasez de hidrantes funcionales en las ciudades, deficiencias en las normativas y el control de construcción, y una precariedad institucional que afecta tanto al personal de bomberos de la Policía como a los voluntarios.

Equipamiento

Los bomberos carecen de Equipos de Protección Personal modernos que soporten altas temperaturas y de Equipos de Respiración Autónoma (ERA), es decir, tanques de oxígeno para ingresar de manera segura a áreas de incendio. Muchas veces trabajan con mangueras desgastadas que se rompen bajo la presión del agua y que, además, en muchos casos son producto de donaciones y no siempre son nuevas.

Por lo general, las unidades voluntarias, el SAR-Bolivia o Bomberos Voluntarios Urbanos son los que acuden a la atención de siniestros y no disponen de un presupuesto para combustible, mantenimiento técnico o capacitación avanzada, lo que, pese al esfuerzo, limita su campo de acción y además expone a sus miembros a sufrir afectaciones por el humo o quemaduras.

Además, deben enfrentar trabas burocráticas que impiden que carros bomba y vehículos especializados donados por organismos internacionales u otros cuerpos de bomberos de países, por lo general europeos, queden varados en las aduanas o no lleguen al país debido a las normativas del Estado, impidiendo la renovación de flotas obsoletas.

“Una de las principales soluciones sería establecer una excepción para los vehículos destinados exclusivamente a labores de emergencia. Se debería cambiar la norma o sacar un decreto que diga que todos los vehículos para emergencias destinados a bomberos voluntarios no tienen año de ingreso al país”, explicó el capitán Álvaro Castillo, comandante de la Unidad Urbana de Bomberos y Rescate (UUBR).

Normas

En Bolivia, la prevención y control de incendios estructurales se rige por la Ley de Bomberos y el Sistema de Prevención y Protección Contra Incendios (SIPPCI), que exigen medidas obligatorias en infraestructuras públicas y privadas.

Se debe verificar la instalación de sistemas de detección y alarmas contra incendios. Se debe contar con la cantidad suficiente de extintores portátiles, cada 15 metros por planta.

Se tienen que implementar redes de hidrantes, rociadores automáticos y luces de emergencia en locales de concurrencia masiva.
Es importante utilizar materiales cortafuegos o retardantes en muros divisorios y estructuras principales de las construcciones. Se debe realizar el mantenimiento de vías de evacuación despejadas, señalizadas y con puertas abatibles hacia el exterior.

Eso sería lo ideal según las normas antiincendios en Bolivia, pero, lastimosamente, los mecanismos de control son deficientes y estas especificaciones no se aplican.

Fuente: La Razón