Siempre he sostenido que el mayor activo de una empresa son sus clientes, pero lamentablemente, en la provisión de servicios públicos monopólicos u oligopólicos, suele ser el recurso menos cuidado.
Por eso parece extraño pensar que un banco venda gigas y líneas telefónicas, mientras una TelCo ofrece pagos, créditos y transferencias.
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Hasta hace poco, los bancos cuidaban el dinero y las TelCos transportaban llamadas, video y datos. Cada uno conocía su negocio y defendía su territorio. Pero ese mundo ordenado desapareció.
Santander acaba de incorporar a su aplicación una eSIM con planes de datos para más de 160 países. N26 ofrece en España una línea móvil sobre la red 5G de Orange: datos, llamadas y mensajes ilimitados, portabilidad y activación desde la aplicación bancaria. Nubank creó NuCel en Brasil y superó el millón de clientes en apenas año y medio.
No estamos frente a una simple diversificación comercial. Estamos frente a una disputa más profunda: quién controla la relación digital cotidiana con el cliente a través de un teléfono móvil.
La empresa que logra que abramos su aplicación a diario puede vendernos casi cualquier servicio: pagos, conectividad, seguros, crédito, inversiones, entretenimiento o seguridad digital. El producto dejó de ser el centro. El centro es el cliente, sus datos y la frecuencia de contacto.
Nubank entendió esta lógica sin construir antenas ni desplegar una red propia. Se convirtió en operador móvil virtual utilizando infraestructura de Claro. Nubank aporta la marca, los clientes, la experiencia digital y los pagos; Claro, la red. El resultado es una oferta que integra conectividad y servicios financieros en una misma experiencia.
El caso más revelador viene de Sudáfrica. Capitec creó Capitec Connect y tiene 1,5 millones de usuarios móviles activos. Sus servicios de valor agregado y conectividad generaron 6.100 millones de rands y crecieron 38% en el último ejercicio. El segmento FinTech, que incluye su OMV, aporta el 26% de las utilidades del grupo.
La telefonía dejó de ser solamente una herramienta de fidelización. Comienza a convertirse en un negocio rentable dentro del ecosistema financiero.
Y las TelCos africanas muestran el camino inverso. M-Pesa ya representa cerca del 46% de los ingresos por servicios de Safaricom en Kenia. MTN MoMo cerró 2025 con 69,5 millones de usuarios activos y más de 500.000 millones de dólares transaccionados. Airtel Money supera los 54 millones de clientes y prepara su salida a la Bolsa de Londres con una valoración cercana a los 10.000 millones de dólares.
No triunfaron porque decidieron “convertirse en bancos”. Triunfaron porque resolvieron problemas concretos: millones tenían teléfono móvil, pero no una forma sencilla, accesible y segura de mover su dinero. La tecnología fue el vehículo; la necesidad del cliente, el verdadero negocio.
Una empresa financiera nacida dentro de una TelCo puede terminar valiendo tanto como muchas compañías de telecomunicaciones.
Pero también existen fracasos. Orange Money fue extraordinariamente exitoso en África, mientras Orange Bank terminó cerrando en Francia y España. Tener millones de clientes no garantiza construir un nuevo negocio rentable. Si la propuesta no resuelve un problema mejor que los actores existentes, la diversificación solamente multiplica estructuras, costos y pérdidas.
La frontera seguirá moviéndose. SpaceX inquieta a los grandes operadores estadounidenses con su intención de convertir Starlink en un verdadero servicio móvil, respaldado por miles de millones de dólares invertidos en espectro. La tecnología satelital empieza a borrar otra frontera que parecía intocable: la que separaba a las redes terrestres de la conectividad desde el espacio.
La próxima amenaza para una TelCo puede venir de un banco, una FinTech, un supermercado o incluso una empresa espacial.
En la economía digital las fronteras entre industrias están desapareciendo, pero no se trata de sumar productos por moda. Se trata de construir un ecosistema que haga más valiosa y difícil de reemplazar la relación con cada cliente.
Porque quien controla la relación termina controlando el negocio. Los demás corren el riesgo de convertirse en simples proveedores de infraestructura.
