Emilio Martínez Cardona
El ciclo de bloqueos violentos de 50 días demostró que no era suficiente el ejercicio de la fuerza física por las tropas de choque para lograr un efecto destituyente, sin la generación de narrativas que pudieran captar el consenso de la gente.
La ciudadanía se negó a adoptar el relato de los movilizados y esto encendió una alerta en ciertos círculos, que ahora buscan reinventar el aparato gramsciano de producción de hegemonía cultural, de cara a próximas arremetidas contra la incipiente democracia boliviana.
Para esto, necesitan poner en circulación a nuevos legitimadores intelectuales de la desestabilización, que puedan vender victimismo donde en realidad hay un intento de asalto para la reconquista del Estado, con miras a retomar la senda de un socialismo autoritario.
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De ahí que comencemos a ver movimientos, a nivel nacional e internacional, de operadores de esa “izquierda caviar” que suele acompañar a las dictaduras revolucionarias o a gobiernos antidemocráticos que se proponen ese punto de llegada.
Son los viejos “tontos útiles” que Willi Münzenberg reclutaba para Lenin en Occidente y que luego veríamos, con otras caras y nombres, en torno a procesos dictatoriales como el de la Venezuela chavista o a regímenes híbridos como el de Evo Morales.
En el caso de Bolivia, la infraestructura desnuda de la coca-economía y narco-política, con el “Jefazo” y sus organizaciones sindicales, es incapaz de generar un cambio retrógrado sin la ayuda de una superestructura cultural que conecte con las clases medias urbanas.
Estas redes de “nueva izquierda caviar” ya están consolidando financiamientos, como el de la Fundación Rosa Luxemburgo, de los “ex” comunistas alemanes (sí, los constructores del Muro de Berlín), que impulsa a los autores de una investigación de conclusiones a priori contra el sector agropecuario cruceño.
No es la única de las “movidas”, claro, habiendo otras que un ex ministro de comunicación del evismo impulsa con el apoyo de la vicepresidencia española y de los elencos que antes conformaron el Podemos de Pablo Iglesias.
Seguramente, en siguientes semanas y meses veremos a estas redes actuando contra otros sectores económicos, regiones y actores sociales, con el objetivo de sembrar desinformación, potenciar divisiones y dar una cobertura artificial de legitimidad moral a los “levantamientos espontáneos”, quizás programados a partir de octubre.
Será crucial, ante el desarrollo de esos discursos de confusión, recordar que sus autores son, más allá de apariencias o excusas, voceros solapados de un proyecto autoritario.
