El director general de la CDRI, Amit Prothi, explicó a un grupo de periodistas latinoamericanos que el valor central de la Coalición está en el intercambio de experiencias entre sus miembros.

El director general de la CDRI, Amit Prothi, durante su explicación. Fotos: la Razón
Mientras países vecinos como Perú, Ecuador, Colombia, Chile, Argentina, Brasil, Guyana, Guatemala, Honduras, Costa Rica y Paraguay ya forman parte de la Coalition for Disaster Resilient Infrastructure (CDRI, por sus siglas en inglés), Bolivia continúa fuera de esta alianza global que reúne a 58 países y 12 organizaciones internacionales dedicadas a fortalecer la capacidad de la infraestructura para resistir, absorber y recuperarse de los impactos de desastres naturales y del cambio climático.
La ausencia de Bolivia resulta especialmente llamativa si se considera que el país sufre de manera recurrente incendios forestales e inundaciones, dos fenómenos que año tras año dañan carreteras, sistemas de energía, salud y telecomunicaciones, además de afectar directamente la vida de miles de familias.
Una plataforma para compartir experiencias
El director general de la CDRI, Amit Prothi, explicó a un grupo de periodistas latinoamericanos —que visitó India en el marco de un programa impulsado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno indio— que el valor central de la Coalición está en el intercambio de experiencias entre sus miembros.
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Según detalló, los desastres no afectan de la misma manera a la infraestructura ni a los países: cada territorio enfrenta amenazas distintas y responde con capacidades diferentes. Por eso, dijo, cuando los países comparten lo que han aprendido en procesos de reconstrucción, la recuperación de la infraestructura dañada se vuelve considerablemente más rápida.
El objetivo de fondo, insistió Prothi, no es evitar que ocurran los desastres —algo que escapa al control humano— sino reducir su impacto sobre los sistemas que sostienen la vida cotidiana de la población: transporte, energía, salud y telecomunicaciones.
Una inversión que se multiplica
Uno de los datos que el director general remarcó ante los periodistas es que cada dólar invertido en resiliencia de infraestructura antes de un desastre equivale a un ahorro de cuatro dólares en los costos de reconstrucción posteriores. Esa relación costo-beneficio es, para la CDRI, el argumento central para convencer a gobiernos, bancos multilaterales y sector privado de priorizar la prevención por sobre la reacción.
La CDRI, lanzada por el primer ministro de India en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre la Acción Climática de 2019, tiene a India como miembro fundador y copresidente permanente del Consejo de Gobierno, mientras que Brasil ejerce la copresidencia rotativa desde abril de 2026. La meta declarada de la Coalición es que, para 2050, más de 10 billones de dólares en inversiones de infraestructura —nueva y existente— sean resilientes frente a amenazas naturales y climáticas, beneficiando a más de 3.000 millones de personas en el mundo.

Los pasos para sumarse
Consultado sobre el procedimiento que debería seguir un país como Bolivia para integrarse a la Coalición, Prothi detalló cuatro pasos: Aval oficial del gobierno a la carta constitutiva (charter) de la CDRI; comunicación formal de ese respaldo y de la intención de sumarse a la Coalición, mediante una carta o nota verbal dirigida al director general; designación del ministerio o agencia nacional que representará al gobierno dentro de la Coalición y nombramiento de un representante que participe en nombre del país en el Consejo de Gobierno (Governing Council) de la CDRI.
Se trata de un trámite esencialmente diplomático y administrativo, sin costos de adhesión que hayan sido mencionados como obstáculo, lo que sugiere que la incorporación de Bolivia dependería, sobre todo, de una decisión política del Ejecutivo.
Un espacio con presencia regional creciente
La CDRI opera a través de mecanismos como el Fondo Acelerador de la Resiliencia de las Infraestructuras (IRAF), la Conferencia Internacional sobre Infraestructura Resiliente a los Desastres (ICDRI), el Informe Bienal sobre la Resiliencia de las Infraestructuras Globales y programas específicos por contexto geográfico, como los dedicados a zonas de montaña, ciudades y estados insulares. También cuenta con iniciativas de conocimiento —becas, intercambios académicos, un léxico común de términos técnicos y una red de profesionales— pensadas para transferir capacidades entre países miembros.
Con una parte importante de Sudamérica ya integrada a la Coalición, la puerta permanece abierta para que Bolivia, uno de los países de la región más golpeados por incendios forestales e inundaciones en los últimos años, se sume a un mecanismo que —según sus propios promotores— no busca prevenir los desastres, sino asegurar que la infraestructura y las personas puedan recuperarse de ellos con mayor rapidez.