
Mujeres con acceso a créditos bancarios. Foto: Walac Noticias
Solo el 66% de las mujeres de la región latinoamericana tiene una cuenta bancaria, frente al 74% de los hombres, según datos difundidos por el Banco de Desarrollo de América Latina y el caribe (CAF).
La institución plantea que cerrar esta diferencia requiere que el sistema financiero comprenda mejor las necesidades de sus clientas.
Las desigualdades financieras para las mujeres en América Latina comienzan incluso antes de solicitar un crédito o realizar una inversión. El acceso a una cuenta bancaria, considerado la puerta de entrada al sistema financiero, continúa mostrando una brecha frente a los hombres y se convierte en un factor que condiciona la autonomía económica.
El banco multilateral indica que en su informe que la diferencia, aunque puede parecer reducida en términos porcentuales, representa una barrera para millones de mujeres que buscan participar plenamente en la economía formal, administrar sus ingresos, acceder a productos financieros o desarrollar actividades productivas.
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Mujeres
Para CAF, la inclusión financiera no comienza únicamente cuando una persona obtiene un préstamo. El primer paso es disponer de una cuenta que permita acceder de manera formal a servicios financieros y construir un historial dentro del sistema.
Desde esta perspectiva, reducir las brechas de género requiere ampliar el acceso, pero también revisar la manera en que las instituciones financieras diseñan y ofrecen sus productos.
“La brecha de acceso sigue limitando su autonomía económica y participación en el sistema financiero”, advierte el organismo.
La situación plantea un desafío para bancos y otras instituciones financieras, que necesitan conocer mejor las condiciones económicas, laborales y productivas de sus clientas para desarrollar soluciones que respondan efectivamente a sus necesidades.
Igualdad de género
En este contexto, CAF y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsan el Sello de Igualdad de Género para Instituciones Financieras, una iniciativa que busca acompañar a las organizaciones del sector en la incorporación de la igualdad de género dentro de sus estrategias institucionales y de negocio.
El enfoque plantea que la igualdad no debe limitarse a una política social o institucional, sino integrarse en la operación de las entidades financieras y en la forma en que atienden a sus mercados.
Esto implica identificar las barreras que enfrentan las mujeres, adaptar productos y servicios y generar condiciones para que puedan acceder en igualdad de oportunidades al financiamiento y a otros instrumentos financieros.
Impacto económico
La zanja de acceso financiero tiene una dimensión que va más allá de la inclusión. La posibilidad de contar con servicios financieros puede facilitar la administración de ingresos, el ahorro, la inversión y el desarrollo de emprendimientos y actividades productivas.
Por ello, para las economías de la región, avanzar hacia una mayor inclusión financiera de las mujeres también significa ampliar su participación en los circuitos económicos formales.
El desafío, de acuerdo con el planteamiento de CAF y PNUD, es que las instituciones financieras pasen de ofrecer productos bajo un enfoque general a comprender las diferencias y necesidades de sus clientas y convertir la igualdad de género en parte de su estrategia de crecimiento.
Cerrar la brecha de acceso, en consecuencia, no se trata únicamente de aumentar el número de cuentas bancarias. Se trata de crear las condiciones para que más mujeres puedan ingresar, permanecer y participar activamente en el sistema financiero y, con ello, fortalecer su autonomía económica.
