El oro y la plata explican el boom minero: Bolivia exporta más valor, pero invierte cada vez menos


Ambos metales concentraron el 72,7% del valor exportado en los primeros meses de 2026. El Viceministerio de Política Minera reconoce que la inversión cayó con fuerza y plantea incentivos, seguridad jurídica y nuevos proyectos para revertir la tendencia.

El precio internacional del oro, impulsa su exportación.
Fuente: El Deber

Por Juan Carlos Salinas

La minería boliviana atraviesa uno de sus mejores momentos en términos de generación de divisas, impulsada principalmente por el fuerte incremento de las cotizaciones internacionales del oro y la plata. Pero detrás de las cifras récord de exportación aparece una paradoja: el sector genera cada vez más dólares mientras la inversión minera viene cayendo con fuerza.



En una entrevista con EL DEBER,  el viceministro de Política Minera, Walter Landívar, precisó que las exportaciones minero-metalúrgicas llegaron a aproximadamente $us 3.900 millones hasta mayo de 2026. El auge está concentrado en dos metales: la plata representó el 42,8% del valor exportado y el oro el 29,9%. Juntos explicaron el 72,7% de las ventas externas del sector.

Los datos oficiales de comercio exterior confirman la magnitud del salto. Hasta mayo, las exportaciones bolivianas llegaron a $us 5.449 millones y, dentro de ellas, las ventas de minerales de metales preciosos y sus concentrados pasaron de $us 539,1 millones a $us 1.612,8 millones, mientras que el oro no monetario subió de $us 292,3 millones a $us 1.022,6 millones, un incremento de casi 250%.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

El propio Landívar resume la explicación en dos palabras: “efecto precio”El oro promedió en los primeros meses del año unos $us 4.842 por onza troy, frente a $us 2.790 en el mismo periodo de 2025. La plata, en tanto, pasó de un promedio de $us 30,72 a $us 83,92 por onza troy, según los datos expuestos por la autoridad.

Es decir, una parte sustancial del salto exportador no proviene necesariamente de una expansión equivalente del volumen producido, sino del encarecimiento internacional de los metales.

El boom que llega en un momento crítico para los dólares

La importancia de esta bonanza es mayor porque Bolivia atraviesa una etapa de escasez de divisas, después de varios años de descenso de los ingresos provenientes de los hidrocarburos.

En ese escenario, los minerales se convirtieron en una de las principales fuentes de dólares del país. Hasta mayo, las exportaciones totales crecieron 62,6% respecto al mismo periodo de 2025, mientras el saldo comercial alcanzó $us 1.393 millones

Para Landívar, el efecto de esos recursos no se queda exclusivamente en las empresas o regiones mineras.

“Los cerca de $us 3.900 millones generados por la minería hasta mayo de 2026 se convierten en un respaldo clave, para que el sistema financiero y el Banco Central dispongan de divisas destinadas a importaciones esenciales», explicó.

La conexión con la economía cotidiana es directa: Bolivia necesita dólares para comprar combustibles, alimentos, medicamentos, maquinaria e insumos en el exterior.

Pero el impacto también es regional. Potosí y La Paz concentran buena parte de la bonanza exportadora. Hasta mayo, Potosí registró exportaciones por $us 2.334,5 millones, con los minerales de metales preciosos y sus concentrados como principal rubro; La Paz alcanzó $us 1.400 millones, impulsada por el oro no monetario.

La paradoja: muchos dólares, poca inversión

El principal problema para aprovechar este escenario aparece cuando se mira el comportamiento de la inversión.

Según las cifras proporcionadas por el Viceministerio de Política Minera, Bolivia captó $us 565,6 millones de inversión minera entre 2022 y 2024. Pero el comportamiento fue descendente: $us 388,3 millones en 2022, $us 98 millones en 2023 y apenas $us 79,3 millones en 2024.

El dato resulta especialmente llamativo si se compara con 2021, cuando la inversión minera llegó a $us 485,7 millones.

En otras palabras, mientras el valor de las exportaciones aumenta por el precio internacional de los minerales, el capital destinado a ampliar la capacidad productiva, explorar nuevos yacimientos y modernizar operaciones no acompaña ese ritmo.

Ese es probablemente uno de los mayores riesgos del actual boom: que Bolivia aproveche la cotización excepcional del oro y la plata, pero no utilice esa ventana para desarrollar una estructura minera capaz de producir más, procesar más y generar mayor valor en el futuro.

“Existe margen” para aprovechar mejor este boom, sostiene Landívar, para ello la apuesta es atraer capital privado

La respuesta del Gobierno pasa por intentar recuperar el atractivo de Bolivia para los inversionistas.

Landívar identifica tres condiciones fundamentales: seguridad jurídica, simplificación de trámites y modernización de la normativa tributaria y sectorial.

El Ministerio de Minería también trabaja en una propuesta de Ley de Incentivos a la Inversión Minera, con la que pretende mejorar las condiciones para la llegada de capital nacional y extranjero.

La estrategia incluye además la promoción de proyectos de exploración, particularmente en minerales considerados estratégicos, como tierras raras y polimetálicos.

El desafío es importante porque la minería de gran escala requiere inversiones elevadas y de largo plazo. Explorar un yacimiento, demostrar su viabilidad, construir infraestructura y comenzar la producción puede tomar varios años.

Por eso, un ciclo favorable de precios no es suficiente. El capital debe llegar antes de que el ciclo termine.

Regalías: el beneficio está concentrado en las regiones productoras

Otro elemento que diferencia a la minería de los hidrocarburos es la manera en que se distribuyen sus ingresos fiscales. Landívar explica que las regalías mineras tienen un alcance principalmente territorial. Potosí concentra el 66,5% de lo recaudado, La Paz el 21,6% y Oruro el 7,8%. Los tres departamentos concentran alrededor del 96% del total.

Esto significa que el efecto fiscal inmediato de la bonanza minera está mucho más concentrado geográficamente que el de los hidrocarburos.

El modelo genera beneficios directos para gobernaciones, municipios y actores productivos mineros de las regiones productoras, pero también plantea una discusión sobre cómo convertir esa riqueza localizada en un impulso económico de alcance nacional.

“El efecto fiscal directo de la minería tiene hoy un alcance más territorial que el de los hidrocarburos”, explica Landívar.

La pregunta económica es cómo transformar ese flujo regional de recursos en infraestructura, empleo, servicios e industrias que permanezcan una vez que los precios internacionales vuelvan a niveles normales.

El siguiente paso: dejar de vender principalmente materia prima

Bolivia puede obtener más ingresos de sus minerales si consigue avanzar desde la extracción y exportación de concentrados hacia procesos de fundición, refinación y transformación industrial.

El Gobierno plantea trabajar en tres frentes: atraer inversión para ampliar la capacidad de procesamiento, formalizar y regularizar la actividad minera y brindar asistencia técnica a los actores productivos.

La meta, según Landívar, es avanzar hacia una cadena productiva capaz de generar “mejores precios, más divisas genuinas y empleo calificado”.

La apuesta tiene una lógica económica clara. Exportar un mineral concentrado genera ingresos, pero procesarlo y transformarlo dentro del país puede incorporar nuevas etapas de producción, servicios especializados, tecnología y empleo.

El problema es que industrializar también requiere capital, energía, infraestructura, tecnología y mercados. Por eso, el desafío de agregar valor está estrechamente vinculado al de atraer inversión.

Huanuni, Colquiri, Vinto y Mutún, la apuesta estatal

La estrategia del Gobierno no contempla retirar al Estado de la actividad minera.

Entre los principales activos estatales mencionados por Landívar están Huanuni y Colquiri, el complejo metalúrgico de Vinto, la fundición de estaño en Potosí y la reactivación del Mutún.

La idea, según el viceministro, es modernizar estos activos y mejorar su eficiencia y sostenibilidad financiera, preservando su papel productivo y las fuentes de empleo.

Al mismo tiempo, se busca abrir espacio para asociaciones con capital privado y extranjero en nuevos proyectos.

El modelo planteado es, por tanto, de coexistencia: un Estado que mantiene sus operaciones estratégicas y un sector privado al que se pretende atraer para desarrollar nuevos yacimientos y aportar capital y tecnología.

Una ventana de oportunidad que no es permanente

La situación actual ofrece a Bolivia una oportunidad que hace pocos años parecía difícil de imaginar.

El país está generando miles de millones de dólares con minerales precisamente cuando enfrenta una severa necesidad de divisas. La plata y el oro se han convertido en protagonistas de las exportaciones y algunos departamentos, especialmente Potosí y La Paz, están capturando una parte importante de ese crecimiento.

Pero la dependencia del precio internacional constituye también una vulnerabilidad. Si el oro y la plata bajan de precio, el valor exportado puede reducirse incluso si la producción física permanece estable. El propio diagnóstico oficial reconoce que el actual salto tiene como principal explicación el “efecto precio”.

Por eso, el desafío económico no es solamente aprovechar el récord de cotizaciones. Es utilizar esos ingresos para invertir en exploración, tecnología, infraestructura, industrialización y nuevas capacidades productivas.

La cifra que mejor resume la contradicción es la inversión: mientras las exportaciones mineras se disparan, el capital destinado al sector llegó en 2024 a uno de sus niveles más bajos de la última década.

Bolivia tiene hoy una minería que puede funcionar como una “máquina de hacer dólares”. El desafío que plantea Landívar es convertir esa máquina de generación de divisas en una plataforma de inversión y crecimiento productivo, antes de que el ciclo extraordinario de precios pierda fuerza.