Falta de diésel demora cosecha de 1,5 millones de toneladas de sorgo


En Cuatro Cañadas, las máquinas y camiones están paralizados mientras el grano madura y aumenta el riesgo de que caiga al suelo o se deteriore por la humedad. En Promasor estiman que las pérdidas, en esta campaña, podrían llegar al 10% o 20%, aunque el daño final aún debe cuantificarse

Por Ernesto Estremadoiro Flores

Falta de diésel demora cosecha de 1,5 millones de toneladas de sorgo
FOTO: FERNANDO PORTUGAL

 



Fuente: El Deber

En Cuatro Cañadas, una extensa llanura se tiñe de rojo intenso. Es invierno y la escena se repite cada año por esta época. El sorgo adquiere esa tonalidad cuando está listo para la cosecha y representa una esperanza de los productores.

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Falta de diésel demora cosecha de 1,5 millones de toneladas de sorgo

Sin embargo, este año la recolección se demorará. Cada día de retraso se traduce en pérdidas millonarias para el sector. La causa es un problema que se ha vuelto cotidiano: la escasez de diésel.

Este combustible, indispensable para el transporte, también resulta vital para el agro, especialmente durante la cosecha. En invierno, la producción de sorgo es crucial para abastecer a las cadenas avícola, porcina, ganadera y lechera, que sostienen la oferta de pollo, huevos, carne de cerdo, carne de res y leche.

La ecuación es simple: sin diésel, las máquinas se detienen. Y lo que parece un problema limitado a estas llanuras teñidas de rojo repercute mucho más allá del campo: afecta la producción de alimentos y, finalmente, la mesa de los consumidores.

“No se puede trabajar”

Después de 26 años de trabajar la tierra en Santa Cruz, Dionisio Chucra comienza a pensar en abandonar la agricultura. La falta de diésel redujo su siembra de 600 a solo 200 hectáreas este invierno y, con el incremento del costo del combustible, asegura que producir granos dejó de ser rentable. Ahora evalúa dedicar sus tierras a la ganadería o buscar otra forma de vida. “Todo se mueve con diésel. Sin diésel no podemos hacer nada”, resume el productor.

La frase parece sencilla, pero en el campo significa mucho más. Sin combustible no se prepara la tierra, no se siembra, no se fumiga y tampoco se cosecha. Cuando llega el momento de sacar los granos de las parcelas, además, se necesitan camiones que también funcionan con diésel.

Dionisio cuenta que el problema no comenzó ahora. En 2025, recuerda, él y otros productores debían pasar noches enteras haciendo fila para conseguir combustible. La diferencia es que ahora siente que la situación se ha vuelto todavía más difícil.

Mientras habla, señala la maquinaria agrícola paralizada. Un tractor, explica, puede consumir entre 300 y 400 litros de diésel durante una jornada, mientras que una cosechadora utiliza entre 500 y 550 litros diarios.

Por eso cuestiona el límite de 120 litros establecido para determinados consumidores por el Decreto Supremo 5676. La norma fija en Bs 9,80 el litro de carburante hasta ese volumen, pero el consumo que supere esa barrera deberá pagarse a un precio referencial de Bs 18 por litro.

“¿Para qué sirve?”, pregunta, convencido de que ese volumen resulta insuficiente para una actividad que demanda combustible a gran escala. Hace cálculos y estima que necesita entre 40 y 45 litros de diésel por hectárea, desde la preparación del terreno hasta la temporada de cosecha.

El problema no termina en el campo; continúa en la logística.

 No hay camiones

Los camiones también tienen dificultades para abastecerse de diésel y eso demora el transporte. Al mismo tiempo, según Dionisio, las industrias están saturadas y no tienen capacidad para recibir toda la producción.

El resultado es una cadena que comienza a trabarse: el productor no puede sacar el grano, el transportista no puede movilizarlo y la industria no logra recibirlo.
En medio de la incertidumbre aparece otro número que preocupa a Dionisio: los Bs 18 por litro de diésel que deberán pagar los consumidores alcanzados por el precio referencial.

El combustible no es un gasto aislado. Se suma a los costos de las semillas, los agroquímicos, la maquinaria, el transporte y las demás labores agrícolas.
Entonces vuelve a hacer cuentas y el resultado no es alentador.

“Ya sacamos los costos y ya no da”, repite el agricultor. Por eso piensa en tirar la toalla.

Una posibilidad es dejar de sembrar y dedicarse a la ganadería. También considera buscar otra alternativa, incluso fuera de Bolivia, porque siente que trabajar en el campo dejó de ser sostenible.

Después de 26 años, no habla de abandonar la agricultura porque haya dejado de gustarle. Habla de números que reflejan, en frío, una realidad difícil: “La agricultura en este momento ya no da”, insiste.

La próxima campaña tampoco le deja mucho margen para esperar. Dentro de aproximadamente un mes deberá comenzar la preparación de los terrenos para el verano. Antes de colocar una semilla en la tierra necesita acondicionar el suelo, conseguir insumos y asegurar el combustible.

Y precisamente el diésel es lo que no tiene garantizado.

Dionisio asegura que cuenta con una autorización de YPFB para comprar el combustible, pero denuncia la existencia de cobros irregulares asociados con el acceso al producto.

“Ya debería estar cosechado”

Pedro lleva 19 años trabajando como agricultor. Está frente a una parcela de sorgo que ya debería haber sido cosechada. El color rojizo confirma que las plantas han cumplido su ciclo y que el tiempo  comienza a jugar en contra.

“Ya debería estar cosechado”, repite mientras observa el cultivo. Explica que el periodo de maduración depende de la variedad. Algunas necesitan alrededor de 100 días; otras requieren entre 110 y 115. El sorgo que tiene delante ya cumplió ese tiempo.

Sin embargo, la cosechadora no entra al campo. Está parada.

El motivo es el mismo que se repite en otras parcelas de Cuatro Cañadas: no hay diésel.

“Por falta de diésel, mire, máquina parada. No tenemos diésel”, dice Pedro.

La espera ya lleva varios días. Cuenta que para conseguir combustible deben acudir a los surtidores y hacer largas filas. No existe la certeza de que, después de aguardar varias horas o incluso días, podrán cargar.

“A veces agarra, a veces no agarra. Es complicado”, explica.

Pedro conoce bien esas filas porque él mismo ha tenido que hacerlas. Dice que conseguir combustible puede significar permanecer tres o cuatro días esperando y, en algunos casos, hasta una semana.

“Sí, he hecho cola. Cuesta, cuesta conseguir”, afirma.

Esta vez ya son tres días de intentos para conseguir el diésel que les permita trabajar.

Pero el sorgo continúa en el campo.

El retraso en la cosecha también puede repercutir en la producción pecuaria, debido a la importancia del sorgo como alimento para el ganado bovino y porcino, además de la actividad avícola.

“El tema del sorgo es sumamente importante por el tema de los animales, tanto el ganado como el porcino y las avícolas”, afirma Johan Bergen, alcalde y productor de Cuatro Cañadas.

Explica que el trigo, el sorgo y el girasol se encuentran entre los cultivos más golpeados por la falta de combustible, junto con otros productos de invierno, como la chía. Mario Moreno, presidente de Promasor, estima que durante esta campaña de invierno se sembraron entre 550.000 y 600.000 hectáreas de sorgo en el departamento, con una producción proyectada de entre 1,3 millones y 1,5 millones de toneladas. Sin embargo, advierte que la demora en la cosecha podría reducir ese volumen.

“Si no hay diésel, la tendencia a perder, quién sabe, un 10%, 15% o 20%”, señala Moreno, aunque aclara que el porcentaje definitivo deberá establecerse una vez concluida la campaña.

El dirigente explica que el sorgo tiene una ventana limitada para ser cosechado. Cuando el grano pierde demasiada humedad, comienza a desprenderse de la panoja y cae al suelo. Las lluvias, por otra parte, incrementan el riesgo de aparición de hongos.

“Si no se recoge a su debido tiempo, se complica todo”, advierte. El problema no se limita al sorgo. La cosecha de maíz también avanza con retraso. Según Moreno, hacia finales de agosto debería alcanzar cerca del 80%, pero actualmente se encuentra alrededor del 60%.

La demora genera, además, preocupación por el abastecimiento de granos destinados a la alimentación animal. Moreno explica que el sorgo de invierno permite complementar la oferta de maíz y es utilizado para alimentar aves, cerdos y ganado, productos clave para la seguridad alimentaria.

Suministro para granjas avícolas bajo amenaza

La falta de diésel está generando un nuevo cuello de botella en la cadena agropecuaria: productores no logran cosechar oportunamente el sorgo y otros granos, mientras el transporte enfrenta mayores costos. El presidente de la Asociación Nacional de Avicultores (ANA), Omar Castro, advirtió que una demora prolongada puede reducir la oferta de granos destinados a la alimentación animal y terminar presionando nuevamente el precio del pollo.

El sorgo tiene una importancia estratégica para la alimentación animal debido al déficit de maíz en el mercado nacional. Según Castro, la producción interna de maíz cubre aproximadamente el 70% de las necesidades del sector pecuario y el restante 30% es cubierto principalmente mediante el contrabando.

Por ello, una demora en la cosecha de este grano podría generar presión sobre los costos de producción y, posteriormente, sobre los precios al consumidor.

El dirigente cuestionó además que el nuevo esquema de comercialización del diésel, que contempla un precio de Bs 18 por litro para determinados consumidores, no garantiza el abastecimiento para el sector productivo.

Falta de diésel demora cosecha de 1,5 millones de toneladas de sorgo

Fuente: El Deber