Solución política


 

Vivimos una crisis de proporciones inimaginables, afectó la escasa credibilidad que tenía el presidente Rodrigo Paz Pereira.



Fernando Cerimedo, un “chanta” peligroso que se instaló en el círculo palaciego y familiar, logró la confianza para hablar al oído del presidente.

Nadia Beller una operadora política sin escrúpulos y con la capacidad de pasearse por las altas esferas del poder político. Exhibe fotografías y hace publicaciones en redes halagando y coqueteando con los gobiernos de los últimos 25 años, sin excepción estuvo cercana a todos ellos. Una extraordinaria capacidad para acomodarse en las esferas del poder.

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Días pasados la mujer sufrió un atentado, extrajeron 3 o 4 balas de su cuerpo, afortunadamente ninguna logró comprometer órganos vitales. Goza de buena salud y advierte que esto recién empieza.

No es necesario entrar en detalles de la denuncia, no creo exista boliviano que no conozca los pormenores denunciados por ella. Un escándalo de estas dimensiones genera mucho daño y exige soluciones claras y rápidas.

Tenemos un órgano judicial corrupto y sin credibilidad, ellos deberían ser los llamados a investigar, aplicar sentencias; ¿existe algún juez o fiscal que pueda dar las certezas mínimas respecto de su honestidad y honorabilidad para atender un caso de estas características? No tengo respuesta.

Una situación como esta, donde el gobierno está cuestionado y la justicia no goza de credibilidad, devuelve la pelotita al nivel político.

En diferentes niveles de opinión: intelectuales, políticos, profesionales, etc., especulan sobre las soluciones extremas. Algunos interesados se apegan a la solución democrática y constitucional, esperanzados en que los llamados a decidir sean patriotas y piensen en Bolivia antes de pensar en sus intereses personales o políticos.

Considerando todas esas opciones de solución llego a la conclusión siguiente: no hay solución posible sin Rodrigo Paz Pereira.

Antes de las agresiones permitan exponer los argumentos.

Una salida que termine desplazando a Rodrigo Paz del poder abriría una puerta mucho más peligrosa: la llegada de Edmand Lara a la Presidencia. Y detrás de esa posibilidad podría abrirse nuevamente el camino para el retorno del masismo.

Eso sería un desastre político e institucional para Bolivia.

Por eso, apuntalar la continuidad de Rodrigo Paz no significa un voto de confianza, significa preservar la democracia. Un acuerdo explícito o no, debe permitir blindar la democracia y la estabilidad de todos contra un elemento tan turbio y tóxico como el actual vicepresidente.

El Legislativo también tiene que hacer su parte. Allí están los líderes y las fuerzas políticas de oposición. Si tienen los votos, deben utilizarlos para fiscalizar, corregir y controlar al Ejecutivo. Gobernar desde la Asamblea sería un extremo, pero ejercer el poder constitucional de control es una obligación.

La tercera pata de sostenibilidad en las regiones. Un verdadero 50-50 que permita reconstruir gobernabilidad y darle fortaleza al sistema democrático.

Por último, hay reformas que ya no pueden seguir esperando.  Solucionar el desabastecimiento de diésel y gasolina, reducir la discrecionalidad y establecer mecanismos para que las principales autoridades institucionales sean elegidas por dos tercios del Congreso. Empezar un vigoroso proceso de institucionalización es impostergable, hemos llegado a un extremo impensable.

Bolivia necesita correcciones profundas. Necesita control político. Necesita acuerdos. Necesita instituciones fuertes.

Mi conclusión es sencilla: no hay solución sin Rodrigo Paz Pereira. Una solución que termine abriendo la puerta a Edmand Lara no sería una salida de la crisis, sería el comienzo del fin.

 

Jaime Navarro Tardío

Político y exdiputado nacional.