Escándalo que da Cerimiedo


 

 



Que no quepa la menor duda, que el menudo escándalo al cual nos ha llevado el caso de Fernando Cerimedo y el presunto atentado en contra de su enamorada, Nadia Beller, lejos de constituirse en el libreto de una telenovela pasional, rompe con todos los esquemas de una trama idílica, para tornarse en el libreto de un amor moderno en la era del ecosistema digital de la ultraderecha transnacional y la política latinoamericana, como un guion de cine, clase B.

 

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El romance entre el estratega digital argentino Fernando Cerimedo y la abogada boliviana Nadia Beller escaló rápidamente de las sábanas de hotel a los tribunales de Santa Cruz de la Sierra. Dicho caso está demostrando que nada puede unir más a dos almas, que el sutil encanto del poder detrás de las sombras; los contratos de combustibles contaminados y un par de granjas de bots bien aceitadas.

 

Para quienes pensaban que la política internacional era aburrida, este “crimen de Estado” (como lo calificó la propia Beller) llegó para calentar el crudo invierno.  El libreto es impecable: Un estratega que presume asesorar al presidente Milei y facturar fortunas en Buenos Aires; una oficina extraoficial, dotada con sauna, en el piso 23 del palacio de gobierno de Bolivia y una repentina balacera ejecutada por falsos repartidores de delivery en las afueras de un hotel de lujo.

 

Entretanto, resulta conmovedor que el hombre que coordinaba miles de cuentas falsas para alterar la percepción de la realidad, no haya podido alterar la ruta de un vuelo de Aerolíneas Argentinas. Su operativo de escape terminó abruptamente en el aeropuerto de Viru Viru, donde la Policía detuvo al gurú digital, justo antes de que éste lograse huir hacia Buenos Aires con un pasaje de urgencia.

 

Lo maravilloso de este romance no es la pasión, sino el inventario que la Fiscalía General recolectó en los allanamientos. Las autoridades descubrieron elementos dignos de una parodia de espionaje, como compartimentos ocultos: Muebles diseñados especialmente para esconder fajos de billetes que, por supuesto, no provienen de ningún sueldo estatal oficial; teléfonos satelitales y dispositivos para coordinar campañas de desprestigio cuando el wifi boliviano decide fallar.

 

Un peritaje informático que arrojó chats escalofriantes, donde supuestamente se lee “ya la balearon”, demostró una envidiable eficiencia en la atención al cliente criminal. Mientras la defensa técnica de Cerimedo intentaba argumentar que todo se trataba de un elaborado “autoatentado” para perjudicar la intachable gobernabilidad del presidente boliviano Rodrigo Paz, la justicia optó por regalarle al argentino unas merecidas vacaciones de 180 días en el Penal de Palmasola.

 

La moraleja de este melodrama es que el amor pasa, pero las auditorías quedan. Desde su cama de hospital, Beller no se limitó a señalar a su expareja como un “monstruo”; decidió encender un ventilador industrial que salpicó a toda la región. En pocas horas, sus declaraciones salpicaron el negocio de la comercialización de combustible local, rozando a la mismísima primera dama boliviana y terminar acusando a importantes figuras argentinas, como a la hermana de Milei, de supuestos retornos en las oficinas de discapacidad.

 

Este extraño episodio protagonizado por el estratega argentino, que prometía derribar gobiernos izquierdistas con memes y tendencias artificiales, terminó derribado por su propio historial de mensajería, y nos recuerda al de su paisano guerrillero Che, quién hace seis décadas llegó proclamando: “Patria o muerte venceremos” para terminar —frente a la parca— exclamando: “más valgo vivo que muerto” Ambas gauchadas constituyen un Escándalo que da Cerimiedo.