(Discurso pronunciado el 9 de Septiembre de 1986 en las exequias del Dr. H.C. Noel Kempff Mercado)

“Con el corazón desgarrado por la angustia, hoy despedimos a nuestro ilustre coterráneo don Noel Kempff Mercado, «El eterno enamorado de la selva; el filósofo de la fauna y de la flora». Ha muerto el arquitecto que hizo de Santa Cruz de la Sierra, un vergel; el hombre estudioso, humilde y sereno. Nos han quitado el ilustre ciudadano que siempre demostró su desprendimiento, despreciando la fama efímera por algo más imperecedero que fue su labor creadora, sencilla y eterna. Ha muerto el embellecedor de las mañanas cruceñas. «El que pintó nuestra ciudad de luces y acuarelas; el que recostó, nuestros pahuichis a la sombra de los tajibos; el que alfombró de gramadales nuestros suelos, e hizo bailar graciosas palmeras a la brisa vespertina». Nos abandona el incansable escudriñador de nuestra naturaleza feraz y el que protegió el canto de nuestros maticos y rescató como nuestro orgullo el bramar de nuestros tigres. Lloramos su partida, pero nos deja sin embargo en los jardines, parques y alamedas, su sombra, su esencia y el esfuerzo de toda una vida, para mostrar a los demás, las cosas bellas que nos identifican como hombres de esta llanura.
Quiso el destino que su último aliento permanezca junto a los ruidos de la selva y el coro de ángeles de las aves que tanto amó y defendió. Cerca del arrullo de las cataratas del Pauserna, que él descubriera, cayó su cuerpo como un soldado con la consigna de evitar que las voces de la civilización avancen con sus grúas y topadoras, abriendo caminos y depredando bosques. Falleció con ese temor, agarrado a su destino y el murmullo del viento será su espíritu vigilante que cuide su maravilla selvática que tanto amó.
Hemos pedido al Gobierno Central que de hoy en adelante el Parque Huanchaca, lleve el nombre de quien dio su sangre para preservar sus riquezas naturales.
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Noel Kempff Mercado ha sido victimizado por manos salvajes y asesinas. Pero no basta ahora ocupar los grandes títulos de los periódicos que muestran la inquietud y pesadumbre en la que nos encontramos. Hoy deben saber que los cruceños pedimos acción y logros concretos ante este hecho que sólo muestra una parte del panorama desolador, donde las medidas no han sido aún proporcionales a la magnitud del problema. Cuestionamos severamente la desidia de las autoridades y exigimos del gobierno satisfacer nuestro clamor de justicia, ya que esto es una contingencia dolorosa que empaña y entristece a una nación. También denunciamos la indiferencia irresponsable, la pasividad peligrosa, que nos vuelve incapaces para afrontar lo que tenemos que hacer.
En este clima de absoluta descomposición administrativa no quisiéramos que las denuncias otra vez empiecen a diluirse en medio de la indiferencia y donde el silencio cómplice comience a extenderse en medio de este mundo en el que nos debatimos porque nunca como ahora ha importado tanto el dinero; a su impulso devastador ha cedido ya todo: intereses colectivos, realizaciones espirituales, escala de valores, conciencia y sentido de Patria. Y precisamente, con su muerte, don Noel Kempff Mercado es una víctima de la acción de esa nueva clase que muchos todavía aplauden y otros tantos encubren.
SI aún aspiramos a salvarnos como pueblo, tenemos que hacer lo imposible por mostrar un ansia de parecernos a nosotros mismos y la necesidad de encontrar respuesta según las particularidades de nuestra propia realidad cruceña. «Por eso, la lucha a emprender no es sólo un asunto de recursos económicos y logísticos, sino más bien una cuestión de principios; principios que deben regir a quienes de acuerdo a las leyes están llamados a hacernos cumplir, pero también a observarlos».
¡Nuestra misión es difícil, pero jamás imposible! No podemos dejarnos amarrar en complicidad con aquellos que atentan contra nuestra juventud, nuestra región y nuestros hombres. Ya lo dijimos: «Tenemos que aceptar el desafío y empezar a pensar seriamente en un mundo mejor, con la esperanza de que en todos los rincones de la Patria, aún habemos hombres y mujeres dispuestos a esa tarea transformadora».
En nombre del Comité pro-Santa Cruz, vengo a exaltar el mérito, el esfuerzo y la honestidad de quien siempre estuvo a nuestro lado, rescatando los valores cívicos y morales, actualmente venidos a menos. Es la hora de la verdad, de los que creemos en el hombre. Hoy, Noel Kempff Mercado no sólo dejó a sus inconsolables esposa e hijos la herencia del patrimonio, sino también el firme propósito de su convicción: que el hombre sea el principio y el fin de nuestra tierra camba”.
Carlos Dabdoub Arrien